Opinion

2021 o la testaruda esperanza

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Daniel García Monroy

domingo, 03 enero 2021 | 05:00

Como nunca antes quisimos que el año transcurrido terminara. Como nunca antes deseamos que el tiempo pasara más rápido. Que el 2020 se alejara, se convirtiera pronto en un mal recuerdo. Pero el tiempo siempre es exacto en el reloj y en el calendario. Aunque para muchos se haya sentido más largo, porque las tragedias ralentizan los malos momentos, las desgracias. El año que se fue, fue exasperadamente prolongado en su pandemia y su crisis económica –como siempre más cruel para los de abajo--. 

Pero el ciclo se volvió a cumplir, inexorable, imparable. Sin duda que en el recuento quedan más daños que haberes. La experiencia vivida en el 2020 quedará fija en nuestra memoria como un temible monstruo en acecho para la existencia humana. Una horrible bestia de corona y virus, que nos sometió al miedo de enfermar y morir en pocos días. Que nos condenó al confinamiento y al alejamiento de familiares y amigos.     

Pero también es cierto que los doce meses pasados modificaron la perspectiva de nuestros problemas sociales más lacerantes. El miedo a la brutal guerra del narcotráfico y la inseguridad pública de todo México, pasó a segundo término, aún y cuando no haya disminuido ni un ápice en su siniestra estela de masacres, violaciones, asaltos y feminicidios. Cuando las amenazas se enciman prevalece el miedo al mal mayor, por más probable en atacarnos y perjudicarnos. Psicología pura. 

El temor humano del hombre lobo del hombre visible se transformó en miedo a un virus invisible, reflejado en cada parque solitario, en cada calle sombría, sin alma alguna que quisiera arriesgarse en nuestras ahora sí ciudades fantasma de día y de noche. 

En los recuerdos del porvenir será símbolo la fantasiosa guerra del agua chihuahuense, que quedará como líquida estupidez política, con una mujer muerta con cargo a la conciencia de los inconscientes provocadores del inútil conflicto. 

En la memoria de los ambiciosos políticos de todos los partidos que apostaron por espectaculares, encuestas, spots en internet, volantes-basura  y demás ilegalidades electorales, la sombra de su avaricia ensuciando las ciudades que pretenden ordenar y gobernar.

Sí, sin duda nos podemos poner pesimistas una vez más y pensar que el 2021 será peor. Que los políticos no se van a componer; que siempre son los mismos; que ya los conocemos, porque sabemos qué hicieron el verano pasado y el invierno pasado y hace 6, 12, 18 años, con la prueba irrefutable de que varios de ellos ya son huéspedes de cárceles, convictos, y otros tantos  prófugos de la justicia.

Aunque los problemas sigan ahí con una persistencia que deprime; con una desigualdad social que lastima y una democracia mexicana que solo es grandiosa en números de repelentes spots de radio y televisión. Claro que podemos estar hasta la madre y amargarnos más cada día que pasa. Pero quizá ya tocamos fondo, tal vez, sólo tal vez, desde este enero creer, que todo irá un poquito mejor que en el malhadado 2020. 

Porque la testaruda esperanza nos asalta como cada bendito año nuevo. Porque nos trae consigo  la otra vida, la que nos pone la cara de otro modo, la que nos hace sonreír con un pequeño sentimiento de felicidad. Cuando vemos con pandemia y todo a una guapa mujer en la deportiva corriendo en pleno frío invernal, entre el desastre de romper y desperdiciar tres mil metros cuadrados de buen cemento para enterrar dos mangueras de plástico de tres pulgadas de diámetro. Fraude previsible.

Cuando viene la jovencita seria en el camión urbano leyendo entre tumbo y tumbo a Herman Hesse. Cuando Andrea y Sofí repiten: papá te quiero mucho. Y Elías irrespetuoso me echa agua en mis zapatos con sus inolvidables ojos de travesura tan solo para hacerme reír, con 50 años de diferencia entre él y yo.  Luego viene el sol a calentar en la mañana y el café negro humeante con su cariñoso aroma. El mensaje del buen amigo para seguir soñando en los proyectos a futuro. Luego viene esa otra forma de ver la vida que tiene por nombre: Esperanza. 

Entonces algo cambia, tan solo por el hecho de la posibilidad del cambio mismo. Y entonces se puede confiar que en este 2021, las vacunas contra el diabólico coronavirus se van a producir por millones y una de ellas efectiva al 90 por ciento nos va tocar a todos como bien amada inyección en el hombro. 

La esperanza perpetua de que el crimen organizado se va desorganizar, y la sociedad desorganizada se va organizar. Poder esperar, sin inocencias, ni optimismos lefios, que los partidos y sus políticos se comprometerán un poco más con el bien común, con los verdaderos intereses de la buena convivencia de las mayorías, y no con los mezquinos intereses personales, de grupo o de facción. (Ya tienen tanto y tanto que insoportablemente desperdician).

Que el 10 por ciento de los mexicanos que viven la vida en la cima económica del éxito empresarial o político se acuerden del otro 90 por ciento que vivimos del otro lado de la rueda de la fortuna. Que estamos aquí en el mismo barco que se llama Chihuahua, que se llama México y que nos necesitamos mutuamente, por más que haya quien lo niegue o no lo entienda. Creer que avanzar en todas las áreas, aunque sea un mínimo avance, es posible en este nuevo año. 

Cumplir con algunas tareas irrenunciables este año es necesario. Como ciudadanos elegir a un nuevo gobernador. Conocer las propuestas de los partidos, analizar a los candidatos, evaluar y decidir. Salir a votar el seis de junio. Usar esa mínima parte de nuestra democracia que es la que tenemos y que muchas vidas nos costó instaurar. 

Y después de votar y elegir, seguir conociendo nuestros derechos ciudadanos, seguir exigiendo seguridad pública a nuestras autoridades, servicios de salud y educación más eficientes y de mayor calidad. Seguir amando a esta tierra que nos vio nacer y nos ha visto luchar por la vida con dignidad y tenacidad. Construir la fe y la esperanza de que un mejor México y un mejor Chihuahua es posible. Es posible en cada portal barrido, en cada paso peatonal respetado, en cada espacio público recuperado con fe y confianza en el prójimo. 

Este 2021 es una nueva página en blanco donde escribir  un capítulo inédito de nuestras vidas hagámoslo con valor, amor y solidaridad. No sabemos hoy a ciencia cierta cómo diantres nos va ir los próximos doce meses  Pero ojalá vivamos este 2021 como si fuera no el último de nuestras vidas, sino como el primero después de haber sobrevivido al peor año por vivirlo en peligro. 

Que la fe en el futuro y la querencia de un mejor mañana  nos haga regalarnos entre todos no mucha pero sí un poco de renovada felicidad.