Opinion

Dolorosa advertencia

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Isaías Orozco Gómez

lunes, 21 enero 2019 | 00:21

    Ya estamos a punto de iniciar la tercera década del  siglo veintiuno del tercer milenio, y en lugar de avanzar en el bienestar de todos los mexicanos, alrededor nuestro país persiste el dolor y la angustia que causa la exponencial inseguridad, la falta de empleo y el desempleo, el hambre, la carencia de vivienda digna, la proliferación de enfermedades, demasiadas injusticias; y excesivos abusos contra los trabajadores de la ciudad y del campo, sin distinción alguna, que cada día, los empobrece más y más.

    Y para colmo de males, la inmensa mayoría de quienes habitan los EUM, en estos precisos momentos, implícita o explícitamente, se encuentran consternados, entristecidos y reflexivos, por el muy lamentable accidente que se suscitó en la población de Tlahuelilpan, Hidalgo; consecuencia de la nefasta y antipatriótica práctica del huachicoleo o robo de gasolina a las instalaciones de la empresa –¿todavía MEXICANA?– Pemex. Desgracia ocurrida el viernes inmediato anterior, cuyos resultados hasta el día de ayer domingo, eran los siguientes: 79 fallecidos (7 menores de 18 años, uno de 12 años); 81 heridos; y 70 desaparecidos.

    Es necesario y justo aclarar, que de esas casi seiscientas personas que se presentaron en la “fuga de gasolina”, o extracción clandestina de hidrocarburos, para aprovechar el derrame y surtirse al máximo de ese combustible, seguramente, no formaban o forman parte del crimen organizado, dedicado a esa y otras actividades delictivas.

    Al respecto, la periodista y escritora, Ana Lilia Pérez, acuciosa investigadora y autora de cuatro libros sobre LA CORRUPCIÓN EN PEMEX, en entrevista que le hace la también reconocida periodista Sanjuana Martínez, de La Jornada, afirmó que: “Grupos criminales obligan a los ciudadanos [a la población] a participar en el robo de combustibles”.

    Ana Lilia Pérez, en sus dos últimos libros: “El cártel negro: cómo el crimen organizado se ha apropiado de Pemex”; y el más reciente: “Pemex RIP. Vida y asesinato de la principal empresa mexicana”, sostiene que los sucesos precitados y decenas de víctimas más por esas acciones del crimen organizado, del narcotráfico, son consecuencia de la negligencia gubernamental en los últimos sexenios, desde Carlos Salinas de Gortari… (La Jornada, domingo 20 de enero de 2019).

    En ese orden de ideas, cabe, entonces, la siguiente interrogante: ¿Ante la tragedia de Tlahuelilpan, Hidalgo, cómo estará la conciencia de Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quezada, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto? Considerando además, los miles y miles de muertos, feminicidios, secuestrados, desaparecidos… y más de sesenta millones de mexicanos que viven en la pobreza, debido a esa negligencia y a su sesudo combate al narcotráfico.

    ¡Ah! Otra cosa sería el país, si los tres Poderes de la Unión, si los tres niveles de gobiernos del Estado Mexicano, si la PARTIDOCRACIA, no se hubiese ido por el camino de la política impuesta por el imperio capitalista neoliberal y globalizador, en manos de tecnócratas evidentemente insensibles ante las añejas y grandes necesidades ECONÓMICAS Y SOCIALES de toda la población mexicana, preeminentemente, de la clase trabajadora urbana y rural.

    Son hasta hoy, cienes de miles de asesinados, de “ejecutados”, por el poder y control del cultivo y distribución de los diversos narcóticos; indudablemente, la mayoría de ellos –adolescentes y jóvenes– obligados por la falta de oportunidades para estudiar y por la falta de algún empleo bien remunerado, con lo cual no lograron ni han logrado salir de la pobreza, de la miseria, en que se desenvolvieron y se desenvuelven el resto de su familia.

    Pobreza que ha obligado a miles de jóvenes y padres de familia, hasta porque se quedaron sin empleo, sin trabajo, al robo de transeúntes, al atraco y robo de  las casas, de las viviendas, de los comercios, de autos y/o  de sus partes; de clientes de los bancos, a plena mañana o pleno día. Ciertamente, una gran cantidad de esos “delincuentes” cometen los atracos, los hurtos, para satisfacer sus vicios, su necesidad de drogas, pero como quiera que se analice, esas conductas antisociales, casi en su totalidad, son producto de la pobreza.

    En tal sentido, se afirma que el 50 por ciento de la POBREZA NACIONAL se encuentra en 9 estados: Estado de México, Puebla, Veracruz, Jalisco, Guanajuato, Hidalgo, Tabasco, Tamaulipas y Sinaloa. Y vea usted, apreciable lector, ahí se presenta de manera más intensa el huachicol, tanto de gasolinas, diésel y gas.

    Frente a esa dolorosa advertencia, ante esa dolorosa llamada de atención, no les queda otra solución a quienes hoy por hoy, tienen la gran responsabilidad de los destinos del Estado Mexicano, de la República Mexicana; y a todos los mexicanos: COMBATIR LA POBREZA, CON EDUCACIÓN Y EMPLEO DIGNO Y BIEN REMUNERADO.