Opinion
Periscopio

A contrapelo

.

Armando Sepúlveda Sáenz

viernes, 24 enero 2020 | 05:00

En los días que corren para nadie es desconocido que transitamos por un proceso de agravamiento de la contaminación ambiental y desequilibrio ecológico; los efectos sensibles del calentamiento global, son manifiestos y en todas partes del orbe se resienten. Y a quienes impactan más son a las personas en mayor vulnerabilidad. Información que normalmente es de nivel noticioso. Como puede esperarse las noticias son insuficientes para generar conciencia  que impulse a la acción.

Los factores que mayor incidencia tienen en la  contaminación de la atmósfera como se sabe son los procedentes de las procesos productivos (incluyendo la producción de energía)  y de la transportación de personas y mercancías. De estas actividades sobresale la generación de energía eléctrica y de ésta la que se conoce como generación con plantas termoeléctricas. La generación de energía en éstas se realiza por medio de la combustión controlada de un combustible en una máquina o motor. Este combustible puede ser carbón, combustóleo pesado (un derivado del petróleo con mínima depuración y exceso de azufre), gas o biomasa.

Uno de los principales impactos que tiene la generación térmica es la emisión de contaminantes atmosféricos, lo cual depende directamente del combustible que se utilice. Las principales emisiones de un sistema termoeléctrico son: partículas materiales en el aire (PM2.5 hasta PM10, medidas en micras), dióxido de azufre (SO2), óxidos de nitrógeno (NOx) y monóxido de carbono (CO). Para el caso de la combustión con  gas natural, se genera principalmente NOx, en el caso de quema de petróleos y carbones se emiten todos los contaminantes referidos. Para la quema de carbón hay que considerar además las emisiones de metales pesados tales como níquel y vanadio.

Una idea más concreta del grado de contaminación de los combustibles utilizados por la industria lo brindan las siguientes comparaciones, medidas en miles de toneladas/año en una central de 1,000 MW: en cuanto a partículas emitidas, el carbón 5, el combustóleo 0.8, el gas 0.5. O en otros términos, las emanaciones del carbón equivalen a 10 veces a las enviadas a la atmósfera por la combustión de gas. De óxidos de azufre, el carbón expulsa 150, el combustóleo 0.15 y el gas 0.015, esto es, el carbón es 10,000 veces más contaminante que el gas. En cuanto óxidos de nitrógeno, el carbón y el combustóleo, casi son equivalentes, duplicando la emisión que arroja la combustión de gas. Finalmente en tanto corresponde al monóxido de carbono, al carbón corresponden 0.25, al combustóleo 0.009, y al gas es irrelevante; la relación de contaminación de carbón a combustóleo es de 27.7 veces.

Cabe aclarar que la planta tipo que sirve a este cálculo es tecnología contemporánea en Europa. En México la vejez de las plantas termoeléctricas ronda los 28 años, con tecnología obsoleta, lo que significa que la conversión de energía calórica a fluido eléctrico, es significativamente menor, lo cual contribuye a aumentar la polución y los costos de producción. 

De ahí que no sea casual que la CFE tenga costos de generación ostensiblemente mayores que las plantas termoeléctricas privadas. Mismas que le venden a la CFE sus excedentes de producción a precios significativamente menores a los costos de la CFE. De este modo la generación privada resulta para sus socios un negocio conveniente puesto que sus precios de comercialización son mucho menores que las tarifas de la CFE. 

Así se llega a la paradoja consistente de que entre más se use la capacidad de generación termoeléctrica  de la CFE mayores son los costos de generación y de lanzamiento de contaminantes. Por otro lado, los excedentes crecientes de producción de combustóleo que no tienen mercado están haciendo presión sobre la capacidad de almacenamiento de PEMEX. 

En este contexto resulta muy difícil entender cuáles son las razones válidas para cambiar las políticas de generación de energía eléctrica en plantas termoeléctricas sustituyendo gas por carbón (por añadidura, de mala calidad, dado su poder calorífico) y combustóleo. 

Por lo pronto, carecen de racionalidad económica y tecnológica. Es pertinente enfatizar que los motivos “políticos” de pago de favores a un grupúsculo de productores de carbón o la incapacidad para colocar el combustóleo en los mercados nacional y externo, no justifican la violación flagrante del derecho humano consignado en el artículo 4º constitucional: “Toda persona tiene derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar. El Estado garantizará el respeto a este derecho. El daño y deterioro ambiental generará responsabilidad para quien lo provoque en términos de lo dispuesto por la ley”. 

En virtud del desdén de la 4T por los derechos humanos no cabe abrir buenas expectativas en la enmienda de sus decisiones energéticas.