Opinion

A lo que sigue

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Francisco Ortiz Bello

domingo, 13 junio 2021 | 05:00

Ciudad Juárez.- Las elecciones de este año han concluido, o están en su etapa final, con los saldos y resultados que ya todos conocemos. En algunos casos con diferencias tan amplias que se hace imposible un cambio que revierta el resultado, sea por la vía que sea y en otros, muy pocos, por cierto, con diferencias tan pequeñas que hacen viable la vía de la impugnación para intentar que esa diferencia se pueda revertir. En Chihuahua no hay de estos últimos casos salvo en el distrito 21 en el que, incluso, la autoridad electoral determinó un recuento total.

Es precisamente en esta etapa final del proceso, cómputo general estatal, en la que nos encontramos un poco entrampados. Y lo digo así porque, efectivamente, ha sido una etapa inusualmente prolongada, sin que existan razones de peso o evidentes para este retardo, lo que ha generado por supuesto cualquier cantidad de suspicacias entre algunos de los actores y partidos políticos involucrados.

Y, a decir verdad, sí debo señalar algunas irregularidades, fallas, omisiones y hasta torpezas, cometidas por los funcionarios de la Asamblea Municipal Electoral en esta frontera, en general por todos, pero particularmente cometidas por su presidente Cecilia Sarabia, a quien, también hay que señalarlo con claridad, se le acusa de ser partidaria incondicional de la llamada 4T.

Desde la conformación de esta instancia de la autoridad electoral en la frontera, fue notoria la falta de coordinación y orden entre los consejeros que la dirigen, evidenciándose una clara falta de liderazgo y de conocimiento del tema, así como de los diversos reglamentos y procedimientos a que se debe sujetar su actividad.

Luego, al inicio de la jornada electoral, el domingo 6, la AME (Asamblea Municipal Electoral) de Juárez, envió una pésima señal porque mientras en el resto del estado tanto el consejo general del IEE, como las diversas asambleas en los municipios abrieron la sesión permanente, que marca la ley para ese día, con total transparencia, permitiendo el acceso a la misma tanto a representantes de partidos como a medios de comunicación, en Ciudad Juárez decidieron hacerlo colocando unas mamparas por los cuatro lados de la mesa donde sesionaron, es decir, cerraron la sesión a todo mundo, como si se tratara de ocultar algo. Pésima señal.

Desde el lunes 7 y a lo largo de toda la semana que hoy termina, la falta de información oportuna, suficiente y detallada ha sido el común denominador de la Asamblea Municipal Electoral en Juárez, en el chat de prensa de ese organismo son constantes y fuertes los reclamos de los compañeros reporteros que, como corresponde a su labor, exigen que los datos y la información fluyan de manera inmediata a cuando ocurren los hechos, para mantener debidamente informados a los ciudadanos.

Un claro ejemplo que ilustra a la perfección la premisa anterior, fue el incidente que se presentó cuando la presidenta de la AME, Cecilia Sarabia, al informar de un enésimo receso a la sesión, dijo a los reporteros que cubrían la actividad post electoral que se había decretado el recuento de 1 mil 760 casillas, es decir, abrir los paquetes electorales y volver a contar voto por voto su contenido. Existe un video de esa declaración.

De haber sido cierta esa declaración de la funcionaria electoral (el recuento de mil 760 paquetes electorales), hubiese significado prácticamente la anulación de la elección, al menos en Juárez, ya que la ley de la materia establece con meridiana precisión que sólo se puede abrir un paquete electoral y recontar todos los votos, cuando la irregularidad, inconsistencia o falla en el acta es de tal magnitud que hace necesario el recuento total de la misma, porque podría significar un resultado totalmente distinto al consignado en el acta.

Cuando esas irregularidades o inconsistencias (también dice la ley) se presentan en al menos 25 por ciento de las casillas instaladas, esa es una causal de nulidad de la elección, situación que se hubiera dado en los hechos, ya que 1,760 casillas representan el 32 por ciento del total instaladas en el estado. Seria y trascendente confusión.

En realidad, se trataba de una apertura de mil 760 paquetes electorales, no de recuento, los términos en este caso adquieren una sustancial trascendencia e importancia porque llevan a muy diferentes consecuencias legales. 

¿Por qué se determinó abrir mil 760 paquetes electorales? Muy sencillo, la ley establece los casos en los que se hace necesario abrir el paquete electoral, el más común de todos es porque los funcionarios de casilla colocaron el acta de escrutinio dentro del paquete, en lugar de colocarla en el costado de la caja indicado para ese efecto, para que quede a la vista de todos. 

Otros casos previstos para la apertura de paquetes electorales en la ley, son: a) Los resultados de las actas durante el cotejo no coinciden, b) Existen errores o inconsistencias en los distintos elementos de las actas, que no pueden corregirse o aclararse por otros medios, c) Se encuentran alteraciones en las actas que generen duda en el resultado de la casilla, d) El número de votos nulos sea mayor a la diferencia entre los candidatos primero y segundo lugar, e) Todos los votos depositados sean para un mismo partido o candidato, f) Actas ilegibles. No hay más.

De acuerdo con la estadística electoral nacional, y Chihuahua no es la excepción, ya no se hace necesario el recuento total en más del 90 por ciento de los paquetes abiertos, ya que con ese sólo acto se subsana la deficiencia que la originó.

Una vez establecida con precisión la diferencia entre recontar y abrir paquetes electorales, en Juárez se abrieron mil 760, solo queda precisar que el cómputo estatal para la elección de gobernador y la de diputados locales, en las asambleas electorales de la capital y de Juárez ha sido extremadamente lento y con un pésimo flujo de la información, en cuanto a detalle y oportunidad.

Sin embargo, se ha desarrollado, pese a su lentitud, dentro de los cauces normales en cuanto a incidencias, es decir, ningún hecho relevante que haga suponer otra cosa. Pese a que las situaciones descritas anteriormente puedan prestarse a cualquier tipo de suspicacias. 

Por todo ello es que las recientes declaraciones del candidato de Morena a la gubernatura, Juan Carlos Loera de la Rosa, sobre un “fraude propiciado y descomunal”, no pueden entenderse de otra forma más que dentro del marco natural y lógico de quien enfrenta un resultado electoral adverso, en un proyecto de gran envergadura. Debemos recordar que lo que estaba en juego era el gobierno del estado, ni más ni menos.

Loera puede tener razón en cuanto al “bloqueo” o “tortuguismo” del IEE en el cómputo estatal, lo que no necesariamente significa la maquinación de un gran fraude electoral, que pudiera existir no digo que no, pero que, en todo caso, si existiera, necesariamente tendría haberse dado en las casillas, a la hora de que los funcionarios de casilla recibieron y contabilizaron los votos, para lo cual esa maquinación tendría que haberles pasado de noche a los representantes de Morena y Loera en las casillas electorales. Y, además, habría que demostrarlo.

Nuestro país, concretamente el INE, ha recibido múltiples reconocimientos internacionales porque desde hace muchos años somos los ciudadanos los que organizamos, coordinamos y contamos los votos en los procesos electorales, poner en duda ese proceso es poner en duda la buena voluntad y participación de decenas de miles de mexicanos que voluntariamente llevan a cabo ese trabajo.

Sin duda alguna debe ser sumamente difícil resignarse a aceptar un resultado adverso en cualquier proceso electoral, aun más cuando se trata de la gubernatura del estado, pero ante lo abultado de la diferencia en contra (135 mil votos en números redondos) es realmente poco lo que se puede argumentar. Aunque humana y emocionalmente se pueda entender.

A los chihuahuenses y a los actores políticos, no nos queda más que darle la vuelta a la página y a lo que sigue, porque hay mucho camino por delante que recorrer, y lo menos que tenemos es tiempo que perder en reclamos que son más producto del dolor por la derrota, que de un razonamiento o sustento sólidos. Por el bien de Chihuahua, a lo que sigue.