Opinion

¿A votar o botar?

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Carlos Irigoyen

viernes, 04 junio 2021 | 05:00

Se cerró el telón de las campañas para puestos de elección popular, estamos en el período donde debemos dejar a los ciudadanos reflexionar sobre cómo este 6 de junio habrán de ejercer su derecho y –a la vez ineludible- responsabilidad de emitir su voto. Hoy la ciudadanía hemos oído hasta tres fenómenos electorales respecto a la emisión del voto, el abstencionismo, la anulación del voto y hoy por hoy, la moda del llamado voto útil.

El primero es un resultado infame, una respuesta cobarde y sin sentido ante el reto de la democracia imperfecta y la indolencia ciudadana al ver que los ejercicios electorales no arrojaban ningún resultado contrario a lo que siempre se había tenido, para que las opciones tradicionales soltaran el hueso era casi imposible. Poco más de cinco décadas de estudio de este fenómeno no alcanzan a explicar por qué la gente a pesar de contar con mayores medidas de seguridad y cuidado en los mecanismos de votación sigue sin acudir a las urnas. ¿Cómo convencer a los electores de ir a votar? Desde el 22 de diciembre de 1969, día en que se enmendó el artículo 34 de la Constitución que reducía la edad –de 21 a 18 años de edad- para ejercer los derechos ciudadanos respecto al voto, ha sido una pregunta clave en cada proceso electoral que se haya vivido en nuestro país sin distingo de cargos de elección popular; se incrementó el padrón electoral, pero eso no garantizó el incremento en la cantidad de votantes. Cabe entonces la pregunta, para considerar válidos y representativos los resultados, ¿nos deberemos de conformar con participaciones ciudadanas que alcancen valores máximos de 40% de participación? Mire que aquí en Juárez incluso nos ha tocado validar elecciones con tan sólo un 24% de participación. 

Tenemos otra situación, la del voto nulo, el cual puede ser intencionado o bien por desconocimiento. En este último caso habrá que poner especial interés, a la mayoría no nos gusta leer instrucciones, es importante seguir enfatizando cómo llenar la boleta porque hoy incluso con las coaliciones que existen puede prestarse a malinterpretaciones de cómo llenar la opción que cada uno tome en su libre albedrío. Es decir, para combatir el potencial problema de una nulidad del voto por mal llenado la información se vuelve trascendental y vital. 

¿Y qué pasa cuando la ciudadanía anula de manera intencional su voto? Muchas veces se puede saciar un sentimiento personal de “venganza” contra las instituciones políticas, pero no se reconoce a plenitud el daño de esta percepción, un sufragio que solo castiga al sistema de elecciones de nuestra nación destruyendo su solidificación y validación. Un voto nulo es sinónimo de derrochar los recursos para mantener el sistema. Cada voto cuesta aproximadamente $290.00, si permitimos que el número de votos nulos incremente; además de la falta de representatividad en los resultados electorales estaremos hablando de fuertes pérdidas monetarias. 

Y luego, lo que han dado a llamar el “voto útil”. Todos los votos son útiles, depende de la intencionalidad que represente cada sufragio.  

Hay que salir a votar y derrotar al abstencionismo, la indolencia, la ignorancia y el conformismo que se vive en las jornadas electorales; una y otra vez han lacerado a la sociedad hasta producir una necrosis social y política que pone en jaque el desarrollo de las nuevas generaciones. 

Salgamos a votar este próximo 6 de junio, nuestra nación necesita que demos un claro ejemplo a las futuras generaciones de la importancia de participar en la vida política al acudir a elegir nuestros representantes. Es nuestra y de nadie más la responsabilidad del futuro de Juárez, Chihuahua y nuestro México.