Opinion

Al presidente lo cuida el pueblo

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Juan Carlos Loera de la Rosa

domingo, 12 enero 2020 | 05:00

La frase que ha acuñado el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador y que nos hace vibrar en el clímax de su discurso, tiene un gran significado que no solamente contempla el asunto de su seguridad personal; el pueblo de México está respaldando al presidente con tanta confianza que quienes tienen contacto personal con él, le expresan con una calidez impresionante su admiración y afecto; este es el carisma que únicamente los grandes líderes son capaces de inspirar.

 Al presidente lo cuida el pueblo con el amplio respaldo ofrecido a uno de los más fuertes pilares de su gobierno: la política del bienestar. Y es que, ¿quién se puede oponer al necesario y urgente reconocimiento  hacia los adultos mayores por su gran aportación para que el país se mantuviera de pie, a pesar de la dictadura neoliberal? No debemos soslayar que al inicio de la misma (1982), las personas ahora adultas mayores se encontraban en plenitud física y mental, ellas fueron la fuerza laboral que resistió los embates tecnócratas que ultrajaron el patrimonio nacional, redujeron drásticamente el poder de compra de la gente, y además deshumanizaron el ejercicio de gobierno; por lo tanto, la más mínima decisión que todo gobierno que se diga democrático debe hacer, es el aseguramiento de un sistema universal de pensiones al ahora adulto mayor.

 ¿Cómo no cuidar al presidente? Si bajo su gobierno se ha definido como prioridad que ningún niño o joven estudiante en condiciones de pobreza deje de recibir una beca, por eso, en la agenda actual se contempla elevar a rango constitucional la política de bienestar para atender este reclamo que fue ignorado por muchos años.

 ¿Cómo no cuidar al presidente? Si a diferencia del pasado, los movimientos populares, los de resistencia y los de propuesta, ahora son atendidas in situ, de manera personal por el presidente o por sus más cercanos colaboradores. Personalmente, recuerdo aquel congelante frío del 14 de enero de 2015, ante ese gélido clima, meses después de la tragedia de Ayotzinapa fuimos encapsulados cuando una creciente inconformidad ciudadana manifestaba su rechazo ante tal atrocidad; el mal llamado Pacto por México en su máximo apogeo demostró en aquel momento su incapacidad  para escuchar el más legítimo de los reclamos de una sociedad lastimada por la vileza de los asesinatos contra los estudiantes. Las calles se bloquearon por la autoridad, los rondines del Estado Mayor eran intimidatorios, pero peor aún, el presidente en turno ni siquiera se daba por enterado del sentir y pensar de la gente ante sus ominosas políticas gubernamentales.

¿Cómo no cuidar al presidente? Si en el centro de su propuesta está la gente, lo cual quedó muy claro en el encuentro con la industria maquiladora, los trabajadores y otros ramos empresariales. Antes de arribar al auditorio de una de las maquiladoras más importantes de la región, el presidente se reunió con los trabajadores y trabajadoras reconociendo que son el activo más importante de la industria. Andrés Manuel confirmó que las acciones de corte económico necesariamente deben abarcar a la totalidad del país; conocedor del tema, aclara que el apoyo para el fortalecimiento y certidumbre del sector maquilador no debe limitarse a inversiones y lunares regionales, por eso también propone acelerar el proyecto del tren transísmico en conjunto con una ruta carretera que conecte al océano Pacífico con el Atlántico, agregando además una zona libre que incentive la economía y el empleo en el sureste de nuestro país.  Con esto, advierte que uno de los mayores beneficios  con la creación de empleos en el sureste será también el de elevar la demanda de mano de obra en el norte y por ende, el fortalecimiento del nivel salarial, es decir; mejorar la calidad de vida también para los trabajadores juarenses. Nunca puso como atractivo a la inversión el esfuerzo de los trabajadores como si fuesen una mercancía, pero sí dejó en claro que las condiciones y requisitos para que las empresas del sector se mantengan debe haber certeza y rapidez en la resolución de conflictos. Pero va más allá, ante la ya resuelta incertidumbre ocasionada en las maquiladoras por la propuesta de Estados Unidos de fiscalizar el componente laboral del nuevo tratado, y ante el probable incremento de aranceles, la postura del gobierno mexicano fue firme para mantener las maquiladoras como una fuente confiable de generación de empleos sin que sean inspeccionadas por autoridades extranjeras, pero sí con el establecimiento de un mecanismo que corrija las probables omisiones en derechos laborales.

 El corazón de la séptima gira del Presidente López Obrador por nuestro estado ha sido el contacto directo con la gente. Que nunca más vuelva a presentarse un gobierno lejano a su pueblo, es nuestra demanda.

La algarabía en el gimnasio del Colegio de Bachilleres fue contundente ante el arribo del Presidente de México, quien no escatimó en recibir peticiones y propuestas actuando de forma inmediata como lo hizo al atender la demanda de los vendedores de autos usados, una actividad comercial importante en la ciudad y cuyos actores fueron atendidos por la secretaria de economía, Graciela Márquez Colín, pero también se puso en la palestra el controversial tema de la mina de cobre en Samalayuca, de tal suerte que la misma secretaria Márquez, así como el subsecretario de minería Francisco Quiroga quedaron encargados por el presidente para atender las demandas de forma inmediata y que no quede en letra muerta la atención de las demandas colectivas.  

 El cariño que AMLO le tiene a Juárez es difícil de ocultar, sabedor de su historia y del enorme papel que nuestra ciudad ha jugado en anteriores procesos de transformación. No omitió el presidente recordar como un hecho trascendental el que Juárez haya sido sede del inicio de su victoriosa campaña, pero va más allá cuando en el punto máximo de su magistral discurso describe a Ciudad Juárez como el lugar donde se recibe a gente de todo el país, la arenga cúspide de su mensaje fue: ¨Juárez es México¨, ello encierra una gran esperanza para nuestra frontera que permita revertir las omisiones del pasado. Los primeros pasos para una mejor frontera han sido firmes: mejores salarios, trato especial en materia fiscal que permita mayor competitividad, intervención urbanística con sentido social, fortalecimiento en la política de bienestar, estabilidad cambiaria, control de la inflación, más y mejores empleos, y desde luego, la abolición de la deleznable mezcla de política con los negocios. Lo mejor está por venir.

Cierro finalmente preguntando:

¿Cómo no cuidar a nuestro presidente si es el baluarte de la gente más vulnerable y olvidada por gobiernos anteriores?

¡México cree en ti, Andrés Manuel!