Opinion

Al Quino de Mafalda

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Daniel García Monroy

domingo, 11 octubre 2020 | 05:00

El anodino nombre de un tal argentino, Joaquín Salvador Lavado Tejón, nunca nos dirá nada, pero las históricas figuras y nombres por el genial Quino creadas: Mafalda, Miguelito, Manolito, Susanita, Felipito, Guille, Libertad, nos marcarán a toda una generación, hasta que la muerte nos separe de sus icónicos-comics… con una sonrisa sin dientes.

Mafalda: “Tenemos hombres de principios, lástima que nunca los dejen pasar del principio”. 

Quino se fue en otro octubre cruel, pero nos deja una herencia superlativa y deliciosa. El Gabriel García Márquez de los caricaturistas del mundo, nos abrió a muchos los ojos de la infancia. A nuestros 10 años, nos supo hacer reír y pensar a la vez. --Cosa fácil, que va--. Nos dio el motivo perfecto para atesorar un libro personal (rectangular-horizontal-innovador, por cierto), en épocas donde la lectura sólo pasaba por los textos escolares y los catecismos religiosos; ambos plagados de mitos, mentiras y temores. 

Felipito: “Cuando uno no sabe qué decir, no sabe cómo decir que no sabe qué decir”.

En las tirillas de estupendos dibujos, aún en blanco y negro, encontramos la primigenia libertad mental, negada en los clásicos cuentos infantiles, colmados de monstruos, brujas, príncipes y cenicientas; fantásticos pero fantasiosos y tenebrosos. Quino, con un buen humor inigualable, nos introdujo en la realidad del siglo XX, que sigue siendo tan asombrosamente actual, como en el 1964, año del nacimiento de su Mafalda.     

Susanita: “Cuando termine la guerrilla ¿tendremos pacecilla?”

Nos educó más que mucha educación formal. Nos enseñó a sembrar la semilla de una rebelión de la infancia inteligente, contra el autoritarismo paternal ignorante. A preguntas mafaldescas se puede someter a los padres clasemedieros. A reflexiones incuestionables desmayarlos, para que reconsideren sus férreas posturas erróneas por lo menos endebles. No fue gratuito que Quino nunca se burlara de las creencias religiosas fanáticas y absurdas; pero su estrategia en contra de la verdades eternas y absolutas fue dinamita pura para derrumbar los castillos en el aíre de mucha fe sin sustento. Mafalda jamás va a ninguna iglesia. Qué cosa. No es lectura para crédulos de lo metafísico. A Dios gracias, que nunca el clericalismo radical la prohibió ni en Latinoamérica, ni en el mundo. 

Manolito: “¡Primavera!¡Ya nace la hipoteca de savia depositada a plazo fijo y empezamos a cobrar los intereses en flores, que se abren por doquier cual generosas billeteras, que muestran sus coloridos pétalos emitidos al girar de grácil manijuela!”.

Al pequeño Joaquín, nacido un 17 de julio de 1932, en la provincia argentina de Mendoza, le llamaron Quino, desde su infancia, para distinguirlo de su tío, el ilustrador Joaquín, de quien le vino la idea de convertirse en dibujante. --Dixit sus biógrafos--. Luego atravesó su intensa carrera profesional juvenil, para con paciencia lograr hacer destacar su cerebro desmesurado y feliz. Las campañas publicitarias, las tiras tiradas en periódicos pueblerinos, picando piedra como se debe.   

Libertad: “¡Calumnias!... Además al que con grandes se acuesta… ¿Eh? ¿Por qué nadie dice qué le pasa al que con grandes se acuesta? ¿Eh?”

En la sonrisa-tristeza-coraje sin dientes, (sólo al pobre Felipito, Quino se atrevió a ponerle dos feos dientes); en la aborrecida sopa, en la codicia de un niño torpe, en la sabiduría de una niña símbolo de una mitad de un siglo; seguirá repitiéndose hasta siempre la  victoria del inteligente humor pensante sobre la tragedia del chiste-meme-mico de la ignorancia que nos acomete.