Opinion

Amor, miel y veneno

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Alfredo Espinosa

domingo, 26 julio 2020 | 05:00

Amor: qué palabra tan corta, qué ponzoña tan implacable, qué licor tan embriagador, que pócima tan mágica, qué ejército tan disímbolo de sentimientos guerreando uno contra el otro, qué demonio tan poderoso, qué misterio tan perturbador, qué de historias se viven en su nombre.

Dos sílabas como dos son los movimientos del corazón; y como el corazón, mueve todo, y todo de manera impredecible. Confunde los pensamientos, incendia los sexos, azuza hienas o domeña leopardos, te hace florecer o pone en tu alma el negro sol de la melancolía.

Amor: racimo de estrellas, ramo de tigres, jauría de flores carnívoras: fuego inextinguible ardiendo en una madera.

1. Enamoramiento

Ya se sabe: se llega al amor por la Avenida de los Besos, y se regresa de él por la Calle de la Amargura.

Cuando miro las tarjetas amorosas, me convenzo de la perversa habilidad del demonio. En ellas está un cupido angelical que lanza, indiscriminadamente, desde el aire, flechas que atraviesan los colorados corazones de los transeúntes. Y si no fuera el azar sino la voluntad, muchas personas desearían ser ensartadas por esas flechas para ser víctimas de ese travieso infante.

Pero, pese a su candor, este cupido mantiene su naturaleza insolente, desestabilizadora, demoniaca. Las flechas que toma de su carcaj están emponzoñadas de una sustancia que demuele y trastoca, y no en pocas ocasiones, mata.

Quien se enamora vuela o cae, o como un borracho da vueltas sobre sí mismo.

Que te protejan los dioses si el amor te toca. 

Todo ha ocurrido muchas veces, y sin embargo el amor es novedoso para nuestro corazón vulnerable y perecedero. De inmediato reconocemos que hemos sido conquistados porque nos seduce el modo en que caen ciertas pestañas, la gracia con que roza el ángel del deslumbramiento a esa criatura que nos sonríe, por esa manera de andar que obsesiona; un perfume, un aliento con olor a sándalo o a almendras, una nuca descubierta que esconde sus vetas de escalofrío, unos labios densos que derraman besos, unos ojos en los que deseamos mirarnos. Tales son los cómplices que el amor busca para su entrega, su vuelo y su caída.

Le sucede, de pronto, a un poeta o al abarrotero, al diputado o al asesino, al mecánico o al abogado, al candoroso o al cínico: del amor nadie se salva, excepto aquellos que no usan el corazón para vivir.

Los amantes pueden encontrarse en los palacios o en los establos, en los hospitales o en los conventos. Es una emoción tan primitiva y poderosa, pero siempre resulta inesperada, un poco ridícula y casi siempre enigmática. El amor es un misterio que hechiza. Mucho tiene de azar. A veces está cerca de nosotros y no lo percibimos, o sucede como una imprevista lluvia que nos pilla sin paraguas, y lo sentimos como algo que sacude y deslumbra, como una conmoción o un milagro.

Freud aceptó los poderes demoniacos del amor y destacó la locura como uno de sus rasgos esenciales: el amor propicia ilusiones, alucinaciones y delirios. Cuando sucede el enamoramiento, es decir, cuando se ilusiona, una persona pone en otra, atributos y virtudes de los que seguramente carece. Alucina proyectado en la persona que ama todo aquello que desea, o todo aquello de lo que carece y necesita. Ama, en otra persona, su propio ideal. La ama como a un espejo mágico que lo ennoblece y embellece. Y esto último es un delirio.

Y el amor es una espesa maraña de sentimientos: mezcla lo divino con lo demoniaco. Comienza siendo un deseo, un ansia de posesión. ¿Se acuerdan? Me gustas, se dicen, quiero contigo, tú y yo, juntos, toda la vida, bailemos, tomémonos de la mano, déjame besarte el alma, dice ella, entra en mí, dice él, tengo a media luz el corazón, dame una cita, pide él, vamos a vernos, acepta ella...

El flechazo se ha consumado. Y así comienza una ilusión, un sueño, un delirio.

2. Las dichas del amor

El amor es un sedante, un anestésico frente a la vida: los amantes van en busca de un poco de cielo, de alguna nube, y aunque entren a un campo de batalla, ellos llegan tomados de la mano, besándose y enredando sus almas en un apasionado cuerpo a cuerpo.

Un hombre y una mujer se encuentran, se dan las manos, los cuerpos, las almas, y bailan. Cierran los ojos y sonríen. Uno es en el otro y comulgan. Son más bellos y buenos si se miran en los ojos amados. Algo se susurran al oído, los trinos de los pájaros contentan sus corazones. Juntos son uno y, sin embargo, más de dos.

Es el tiempo de las mariposas en el estómago, de esa ansiedad por escuchar su voz como un tañer de campanas pueblerinas, de esa dulce inquietud por desfallecer entre sus brazos. Días en que la persona amada es revestida de todas las gracias y virtudes; en que se confirma que Aristófanes tenía razón cuando afirmaba que en el origen de los tiempos los dioses envidiosos nos habían separado de la unidad primordial obligándonos a vivir cada quien por su lado, pero ahora los amantes se desquitan porque el poderoso amor ha triunfado y ellos se encuentran con su media naranja, con la criatura que Dios les tenía guardada para ellos. 

Algo misterioso ha sucedido. Los amantes sonríen, hablan a solas, miran la luna, escriben y leen versos, se regalan perfumes, tratan con benevolencia a sus enemigos, aseguran que el mundo es bueno y el futuro venturoso y con orgullo habitan el reino incomprendido de la cursilería. Al fin de cuentas, ¿qué es el amor? Un espíritu que media entre los dioses y los hombres, que dota a quienes aman de una sensibilidad capaz de detectar la belleza y la bondad existente en este mundo cenizo y desgarbado.

¿Cómo pudieron vivir sin esa persona? Cada uno de los amantes aporta datos para confirmar el milagro del encuentro amoroso: pese a todos los contratiempos y adversidades de la vida, dicen, ¿qué imanes poderosos funcionaron en los campos magnéticos de nuestras órbitas?, ¿cómo llegaron a acomodarse los astros, qué ascendencia zodiacal fue favorable para que tú y yo, mi amor, pudiéramos coincidir en este tiempo y en este lugar?

El amor es un acto loco y fugaz en que las personas son más de lo que habían sido, trastoca, rompe con las rutinas, las reglas y el orden de la vida. “Enamorarse” afirma Robert Louis Stevenson, “es la única aventura ilógica, la única cosa que estamos tentados a considerar sobrenatural en nuestro vulgar y razonable mundo”. 

3. El amor todo lo puede

El amor es una criatura que se arrastra como las serpientes y que tienta como los dioses. Su historia es sencilla y corta: sucede entre una sonrisa y la muerte. Escribe sus historias sobre viejas partituras, con besos y arrumacos, pero también con la sangre de las nuevas desdichas.

El amor es un sentimiento que carece de definición. Es una palabra que sugiere penumbra y niebla, azar y azoro, metáfora y canción. Es un sentimiento que convoca a todos los demás afectos y los amotina en el corazón, y lejos de aclararse, ahí se vuelven un nudo de contradicciones: el amor es, al mismo tiempo, maravilloso y aterrador; es fuego helado o hielo ardiente, provoca alegrías grandiosas pero también produce hondas penas, hiere y cura, es pócima de venenos letales o licor de sublimes delirios. El amor revuelve los pensamientos, desata la jauría del sexo, sobresalta al sueño. Es una maldición o una bienaventuranza.

La pareja se enfrenta a múltiples adversidades. El mundo parece estar organizado contra el amor. Pero los que se aman están dispuestos a enfrentar y vencer todo lo que impida su abrazo. Ningún esfuerzo se escatima para vencer las diferencias sociales, raciales, religiosas, cronológicas. El amor todo lo puede.

El amor es una emoción que nos vuelve frágiles o fuertes, que nos enferma de patologías extremas o nos libera de prejuicios e inhibiciones. Todo lo resistimos y soportamos, la entrega es total e incondicionada; armamos de cuchillos a quienes amamos y frente a esa persona amada desnudamos nuestro corazón.

Ah, el amor es algo maravilloso. Si alguien te nombra con esa palabra, flota y embriágate. Besa a la persona amada una y otra vez, cien veces más y otras cien, haz el amor como si fuera la última noche, ámala locamente porque cualquier día de estos empezarás a caer.

Comentarios: alfredo.espinosa.dr@hotmail.com

Fragmento de mi libro Amor, miel y veneno. Continuará la próxima semana.