Amor y pasión: carrusel y bungee

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Alfredo Espinosa
domingo, 10 febrero 2019 | 00:10

1.- El sexo entre las personas es un carrusel: te subes a un caballo o a un unicornio, montas en un elefante o a una jirafa, galopas en un dragón, vuelas en un pegaso, nadas con una sirena, y te diviertes dando vueltas; pero el amor es siempre un bungee.  Te dejas caer a ciegas, esperando que alguien te espere con los brazos abiertos. Oportunidad única, aventura y riesgo, apuesta llena de adrenalina en la que te puede estallar el corazón.
2.- El enamorado construye un mundo ilusorio dentro de un mundo real. Una burbuja de jabón en un campo de alambres de púas. La intimidad se cultiva con esmero aunque la sociedad exija jornadas extenuantes. En la relación amorosa, ambos abandonan la soledad y se vinculan milagrosamente: los engranajes funcionan, la otra mitad de la naranja nos completa. La fragmentación, el descuartizamiento que la sociedad ejerce contra cada uno de ellos, son reparados por unas manos cariñosas. Una voz susurrante que dice nuestro nombre nos salva del anonimato social. Cuando los enamorados logran mirar esa realidad aún cuando se disfrutan en el poderoso refugio blindado del amor, no dejan de sentirse amenazados y zozobrantes. De ese modo toman conciencia de su vulnerabilidad. Pero ésta es mayor cuando saben que la felicidad que los invade depende, no solamente del mundo adverso, sino de esa persona con la que se embriaga de besos y arrumacos y que en cualquier momento puede decir no.
3.- El sentimiento amoroso es la simple atracción de una persona hacia otra, pero el modo en que ambos se atraen sí depende de la época y la sociedad en que esas miradas se entrecrucen, y más precisamente del lugar que ocupe la mujer en las jerarquías sociales. Hoy se lucha por la equidad de géneros, y al –casi- lograrla, las conductas relacionadas al amor y al erotismo nos –casi- iguala.
4.- Conquista es posesión. Pero lo que se posee no es tan significativo como aquello que se pretende conquistar. Pertenecer a alguien pierde interés en el juego social, aunque puede ganar en la estabilidad, porque ya se está en el mundo como en una cárcel. No obstante, la posesión recupera su importancia cuando está amenazada con perderse.
5.- La pareja es un ser por sí mismo; la creación de esta nueva criatura conformada por dos que fueron soldados por esa sustancia indeleble y poderosa llamada amor. "Tú no eres nada más que eso que soy", se dicen los amantes sin saber que citan a Lacan, envueltos en el narcisismo primario que les hace cerrar los ojos a otra realidad y gozarse en su vuelo de su burbuja olvidándose de las púas. Y para ese disfrute es necesario darse tiempo para tocarse con manos de ciego, besarse con bocas frutales, amarse con licores delirantes, completarse con la media naranja, con la costilla más flotante, dotarse de la mitad más fecunda, tierra donde todo prospera, hibernar en la cuna de su lado cóncavo, flotar en su burbuja, ser ellos mismos reflejados en ojos sin sombras. Lo mejor que uno puede ser es conformando la pareja de ese nuevo ser que ya es con otro. Porque es así como los enamorados viven, no resulta extraño que paulatinamente abandonen sus antiguos apegos: familia, amigos, actividades. Solos se bastan a sí mismos.  
6.- La separación entre las leyes sociales y morales, y la casa, más particularmente, la alcoba, es una conquista contemporánea invaluable. Al cerrar las puertas de la alcoba, se abren las puertas de las secretas percepciones. Afuera quedan leyes, religiones, moralidades, políticas… En el corazón del otro (a) se arraigan: el corazón es su nueva patria.
7.- Las mujeres poseen las mismas necesidades que los hombres y tienden a satisfacerlas del mismo modo que ellos. De hecho, en el amor, y más precisamente en el enamoramiento, el uno sólo existe en la fantasía del deseo del otro. Estos revestimientos jamás podrán evitarse aún conociendo por muchos años a una persona, porque en el otro siempre estarán presentes los fantasmas recurrentes del uno. Siempre se ama a un desconocido.
8.- Hay quien marcha por los caminos rectos que la moralidad le dicta, pero la vida suele torcerlos u ofrecerle atajos atractivos. Y entonces la rectitud parece claudicar. Un descarrilamiento, un esquince en la marcha militar, un camino levemente accidentado, y aparece el desliz. Una aventurilla que atribula y emociona, que es mantenida en el closet o en el patio trasero y que se vive en un clandestinaje emocionante pero con la estricta prohibición de  alterar su paz bendecida. Los dobleces que ahora la moralidad contemporánea posee son tantos que parece un ejercicio de papiroflexia. La argucia de las mujeres de culpar a los hombres como los únicos infieles ha caído en un descrédito absoluto. Las estadísticas demuestran, con una lógica contundente, la falacia de esa afirmación.
9.- Aunque la pareja es el modelo que mejor permite la organización social, cada día se abandonan más los apegos a moralidades familiares o a principios jurídicos convencionales y se buscan formas que mejor hormen a sus proyectos diseñados de acuerdo a sus necesidades. Cada día crece el convencimiento y la necesidad de vivir de un modo distinto a lo que proponían sus mayores. Un número cada vez más reducido comparte los caminos que el Estado propone. Crece entre las parejas modernas la convicción de que alguien ha mentido en relación al amor y las parejas; que es en realidad de un modo distinto, que el amor se acomoda en nidos sin necesidad de que estén sobre las ramas del Estado o la Iglesia.
10.- Las mujeres, se dice, en contraste con los hombres, resultan más selectivas, involucran sentimientos, apuestan con mayor compromiso en una relación. Y son, quizá, mucho más reactivas cuando son movidas por el despecho (Nietszche afirmaba que las mujeres son brutales en el amor). “¿Quién podría decir los rencores implacables que se incuban en el corazón de un ser al que amamos y del que nos creemos amados? Las razones de este odio son lejanas, múltiples y oscuras, generalmente desconocidas para el que las experimenta: frustraciones de alcoba, amor propio herido, u ofensas inadvertidas que quedan grabadas en la carne…” (Romain Rolland)
11.- Hay algo de muerte en la separación de los amantes. Cuando un amor se pierde siempre se trata de una pérdida irreparable. El proceso de estas despedidas pueden ser tersas como en la litúrgica ceremonia del adiós, o traumática como casi todas, porque casi todas se viven como un arrebato pendenciero, una mutilación, una puñalada trapera, un pinchazo al globo del ego.
12.- ¿Qué demandas puede satisfacer un amante? La tercera persona trae aire y una carga importante de ilusión, suficiente para lidiar con las fracturas de la vida; también nos introduce a un nuevo campo de aventura y riesgo. Cubre de manera sustancial los vacíos de afecto y compañía; revitalizas las pasiones sexuales y pueden desarrollarse proyectos postergados. Con el (la) amante recuperas la magia, logras dar lo mejor de ti, compartes lo bueno y no el tedio de vivir juntos. Toma un vino en vez de planchar camisas; la mesa y la alcoba son campos magnéticos de seducción y encantamiento, en vez de conflicto y de quehaceres rutinarios. La tercera persona puede ser terapéutica en tanto escucha las historias de un corazón quebrado y comparte sus experiencias personales como parte natural del nuevo conocimiento. Por otra parte, la inclusión de la tercera persona, es –lo sepa o no- un instrumento de desquite contra la pareja de origen. Este impulso puede proveer, sin embargo, una satisfacción malsana y decisiva. Muy pocas personas infieles sienten culpas por su acto desleal porque llegan a esa aventura convencidos de que la otra persona se lo merece.
13.- ¿El convenio de exclusividad que une a dos personas es ya anacrónico? ¿Es capaz una sola persona de satisfacer las carencias y demandas afectivas de otra persona? ¿Es que los contratos sociales, los códigos morales, han sido inefectivos para someter la naturaleza humana que es, según las evidencias, esencialmente polígama?
Las preguntas se multiplican y aunque las respuestas sensatas escasean, empiezan a proliferar las elucubraciones en un panorama tan diverso y, a veces, tan descabellado o dogmático que no hacen otra cosa que evidenciar el enorme campo ignoto que se tiene sobre este asunto. Lo único cierto son las vacilaciones y las incertidumbres.
14.- La infidelidad se descubre como quien mira la punta de un iceberg. No es la primera ni será la última. Debajo de lo que descubre, existe una constante y metódica tarea para que la infidelidad haya sucedido.
15.- Y entonces llegan los demonios a apoderarse de tu corazón.
Tú que fuiste al amor por la avenida de los besos, regresarás por la calle de la amargura. Y del tamaño de tu ego, y de tu entrega, será tu dolor.
**Los libros de este autor, Alfredo Espinosa, se encuentran a la venta en Librería Kosmos, a un lado de las Fuentes Danzarinas.
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