Opinion
Periscopio

Anacrónico paradigma para diseñar política social

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Armando Sepúlveda Sáenz
jueves, 07 noviembre 2019 | 05:00

Los programas llamados sociales se orientan por una visión de la economía convencional que resulta por lo menos restrictiva de las “necesidades” humanas. La noción en boga desde hace dos siglos, suponía que las necesidades se satisfacían a través del mercado. Supuesto que nunca ha sido válido en México. Aún en la actualidad las poblaciones campesinas e indígenas en su mayor parte producen para consumir, son economías autoconsuntivas. En algunas entidades la mayoría de la población se encuentra en esta situación.

La visión que comento es a la que los economistas llaman necesidades económicas, por dos vertientes: los satisfactores presentan la cualidad de ser escasos y se satisfacen a través del mercado. Para ello, el demandante debe contar con una masa monetaria, para poderla convertir en satisfactores de sus necesidades. Esto es, el modelo implica que los compradores han vendido en el mercado su excedente de producción, o producen para el mercado y/o venden su capacidad de trabajo.

La definición de necesidad típica de este modelo, que es la del desequilibrio entre el individuo y su ambiente, es subjetiva. En la actualidad se reconocen las necesidades grupales o colectivas, lo que implica servicios públicos como satisfactores. Por ejemplo, salud, educación, seguridad pública.

De ahí que los indicadores de pobreza extrema y patrimonial se reduzcan a la capacidad de satisfacer las necesidades básicas o la carencia del ingreso suficiente, que son aquellas por debajo de la línea de pobreza. Coneval desde hace tiempo observó la insuficiencia de este modelo e incorporó las carencias sociales que se equiparan con algunos de los derechos humanos.

De los llamados programas sociales instrumentados por el Gobierno Federal se desprende que la visión aplicada para su diseño es la insuficiencia de recursos monetarios para solventar o paliar algunas necesidades imperiosas. Así independientemente de las condiciones de comunicación terrestre, el “beneficiario” de los apoyos deberá consumir en los mercados citadinos. Suena sencillo. También es acorde al guión que prescribiría un neoliberal ¡todo a través del mercado! ¡Hasta el córima!; posibilitando la generación de una economía de mercado al interior de los pueblos indígenas, como soñaría un fundamentalista de mercado.

Dicho sea de paso, a quienes se considera beneficiarios de los programas sociales son en realidad sujetos de derechos humanos: económicos, sociales y culturales (Pacto Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales –PIDESC-). Si se supone que los recursos llegan a manos de quien deben llegar, este procedimiento ahorrará en burocracia pretérita, de probada ineficacia en el logro de sus propósitos y con cuantiosas fugas de recursos.

Este enfoque cuantitivista de necesidades y atención, en función del número de habitantes en condiciones de vulnerabilidad, no es sino abstracciones estadísticas. Los sujetos de derecho no son números, ni  existen al margen de sus condiciones de vida: actividad económica, ingresos (material y monetario), localización territorial, medios de comunicación, idioma, valores culturales, privación de acceso a sus derechos en toda la gama reconocida por la ley, edad, estado de salud, entre otros elementos que le dan identidad real.

Aunque algunos funcionarios del gobierno federal han presumido de utilizar una perspectiva de desarrollo humano en la formulación de políticas públicas, en los llamados programas sociales se obvian los fines de creación de capacidades que faculten a las personas para alcanzar los fines que más valoran. Como se observa, el propósito es proporcionar un monto en numerario para que la gente lo aplique en lo que necesite o pueda, dadas sus condiciones de vida

Con los programas en uso, el gobierno federal cree que tiene licencia para reducir u omitir la atención de derechos humanos. Tales serían entre otros los casos, de los derechos a la seguridad social, la salud, al agua, la educación, el empleo, el idioma materno.

Me gustaría creer que el gobierno federal enmendaría la vía en materia de gasto social, sin embargo, el presidente de la república ha manifestado que por primera vez el país gracias a sus programas sociales está en la ruta del verdadero desarrollo.