Opinion

Apá, apá ¿y los apasionados qué?

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Jesús Guerrero

sábado, 05 noviembre 2022 | 05:00

¿Se ha puesto a pensar porqué en ocasiones sentimos un impulso vehemente hacia un objeto o una persona que se puede traducir en arrebatos de odio, ira, amor, etc.? pero con una intensidad tan fuerte que en ocasiones desborda y nubla nuestro entendimiento; impulso que, en otros momentos, si bien es muy intenso no llega a nublar nuestra razón.

Esa misma fuerza impetuosa que se presenta en nosotros, bajo la dirección de la razón rectamente ordenada, da mayor energía a nuestra voluntad de una forma que sostiene nuestra vida anímica bajo su imperio y servicio con tranquila tenacidad, en estas circunstancias nos lanza a desarrollar una actividad con una dedicación, atención y esmero fuera de lo ordinario, el ejemplo clásico lo escuchamos decir: mira esa persona como le pone pasión a lo que hace, como lo disfruta.

A lo anterior en Filosofía se le llama pasión, puede ser impedimento de responsabilidad moral del acto humano, Faría[1] precisa que esta es un movimiento fuerte del apetito sensitivo que busca el bien sensible, o huye del dolor.  Híjole! muy filosófica ¿verdad? no se preocupe, vamos por pasos: primero debemos saber que el apetito en el ser humano es inclinación o tendencia a un fin; éste se dirige hacia un bien (fin) conocido previamente por la persona, puede ser el saber, el estudio, las virtudes, el alimento, el deporte, la religión, Dios, etc., Santo Tomas de Aquino[2] sobre el apetito enseña que puede ser: natural o elícito (libre o voluntario), sensible o espiritual.

Se llama apetito natural a la cualidad que un ser posee de estar inclinado o tender a su plena realización y de sus posibilidades operativas, entendiendo por estas últimas: actividades o actualidad que realiza el ser humano: pensar, amar, sentir, etc.  Así, la planta tiende natural e inconscientemente a su desenvolvimiento, una actividad o actualidad sería crecer, dar frutos; otro ejemplo, querer o tender a comer es un apetito natural, tendemos a la comida porque es un bien que nos perfecciona orgánicamente, pero tender o querer comer un platillo determinado es apetito voluntario, yo elijo qué comer. 

Lo sensible es lo que puede ser conocido por los sentidos; así el apetito sensible es una capacidad que tiene el ser humano como los animales por la cual, tiende a los objetos presentados por los sentidos, dicho de otra manera, lo que puede ser percibido por los sentidos, el olfato, la vista el gusto, Etc., de esta forma el niño que conoce y disfruta una galleta por el sentido de la vista  y del gusto, tiende a desear o querer más galleta.

Ahora bien el movimiento fuerte o tendencia vehemente, más intensa de lo normal, es lo que los filósofos llaman pasión, ésta es en nosotros dominante y exclusiva, acompañada de conmoción del ánimo y manifestaciones corporales, reacciona mediante sentimientos repentinos de alegría, enojo, vergüenza, disgusto, tiene como resultado una modificación del proceso por el cual deliberamos realizar o no determinada acción, puede por lo mismo disminuir notablemente la responsabilidad moral.  Ésta es frecuentemente favorecida, en su aparición y desarrollo, por el medio físico o geográfico y por el medio social y moral.[2]

La pasión es antecedente cuando surge espontáneamente antes de que actuáramos por nuestra, o nace con anterioridad a la advertencia del entendimiento, es decir, no somos conscientes en ese momento de cómo estamos actuando, la persona se excita pero no advierte inmediatamente su estado de excitación, siendo en este caso la pasión la causa por la cual actuamos; ejemplo: la persona que en un momento de ira u odio injuria a sus padres, hijos o amigos de una forma grotesca o grosera, algo que jamás hubiese sucedido, de no ser por el ímpetu de la pasión.

La pasión es consiguiente cuando la voluntad la despierta o excita; ejemplo, si voluntariamente recordamos una persona que nos humilló o injurio meses atrás, lo que dejó en nosotros un sentimiento de rencor u odio; si ese recuerdo despierta en nuestro interior hacía esa persona esos sentimientos intensos, tenemos la pasión consiguiente resultado de un recuerdo voluntario que produce odio o rencor en nosotros.

La pasión antecedente puede destruir la responsabilidad moral del acto humano, siempre y cuando sea tan repentina o violenta que no permita que pensemos, y de un modo que arrastra nuestra voluntad sin poder resistirnos a ello; la pasión antecedente no suele destruir la responsabilidad.  

[1] FARÍA, R.  COSMOLOGIA Y ÉTICA.  (1953).  CURSO DE FILOSOFÍA.  TOMO III. EDITORIAL LIBRERÍA VOLUNTAD.  BOGOTA.  PÁG. 150.

[2] S. Th. III (2º) 1, 2.

[3] VARGAS, S. ÉTICA O FILOSOFÍA MORAL. (1961). EDITORIAL PORRÚA.  MÉXICO.  PÁG. 145.