Opinion

Aplausos por el nuevo etiquetado

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Manuel Narváez Narváez

jueves, 30 julio 2020 | 05:00

El nuevo etiquetado para productos de consumo humano va a ser muy útil para reeducar a la población sobre la ingesta inmoderada de productos con alto contenido calórico, pero también de ingredientes que son nocivos para la salud, si es consumido en exceso, como azúcares, grasas saturadas, grasas trans, sodio y calorías.

Esta dura batalla que el Gobierno mexicano ha emprendido en la última década para contener el monumental problema de salud pública que afecta a más del 70 por ciento de la población con sobrepeso, es responsable de las primeras causas de muerte en el país, como la obesidad, la hipertensión y la diabetes.

El consumo desmedido de “comida chatarra” y bebidas con exceso de edulcorantes ha costado la vida a millones de compatriotas, pero también tiene postrados a otros tantos, que saturan las clínicas, hospitales y farmacias para atención médica y obtener tratamientos médicos muy costosos, y que le pasan una altísima factura al contribuyente.

Quién no tiene o ha tenido familiares que han padecido enfermedades asociadas a la ingesta inmoderada de gaseosas, golosinas, panecillos, galletas, hamburguesas y pizzas, o conoce a alguien que ha sido víctima de diabetes o hipertensión por consumir estos productos de escasa o nula nutrición alimenticia, pero sí de altísimo contenido calórico; que han sucumbido al bombardeo inmisericorde de publicidad a través de la TV, radio, espectaculares, bardas, etc.

La publicidad más famosa y añeja es la de los refrescos de “cola”, sin embargo, a la entrada del primer Tratado de Libre Comercio con América del Norte (1994) las pantallas de Televisa y Tv Azteca se inundaron de publicidad de la subcultura alimentaria norteamericana. A raja tabla, cualquier cantidad de cadenas de comida rápida y bebidas saturaron la mente, ojos y oídos de millones de consumidores cautivos con anuncios directos o subliminales, con la falacia del placer y bienestar al consumirlos sin remordimientos ni consecuencias al mediano plazo.

Atrapar a millones de consumidores en la red publicitaria fue muy fácil. Igual había publicidad enfocada para cada segmento social, como para las actividades deportivas. No hubo en más de 15 años desde la entrada en vigor del TLCAN un solo intento por parte del Ejecutivo federal para revisar los contenidos de la publicidad de la comida rápida y las bebidas hiperazucaradas, mucho menos se preocuparon por investigar el origen del incremento de la obesidad entre la población y el aumento de la mortandad por enfermedades y padecimientos asociados con el consumo de esos productos.

Recuerdo que en 2002 traté de incitar un debate sobre la conveniencia de advertir a la población de las enfermedades que puede causar la ingesta desmedida de gaseosas. La idea era que los envases llevaran la leyenda: “el abuso en el consumo de este producto puede causar diabetes”; desafortunadamente algunos compañeros del GPPAN negaron la relación entre el consumo de sodas y la enfermedad, y otros me ignoraron.

Transcurrieron los sexenios Fox y Calderón, pero no fue sino hasta el de Peña Nieto que el tema comenzó a cobrar relevancia; no tanto porque ese presidente se preocupara por la salud de los mexicanos, sino porque el escándalo del grave problema de salud pública que enfrentaba México a causa de la obesidad, que lo colocó entre los tres primeros lugares a nivel mundial, puso en evidencia la negligencia del Gobierno mexicano para considerar siquiera la posibilidad de revisar los contenidos publicitarios y la información en los envases de todos esos productos “asesinos”.

Obviamente que los empresarios mexicanos propietarios de las fábricas de pastelitos, galletas, frituras, gaseosas, así como los concesionarios y franquiciatarios de los refrescos de “cola” y de comida rápida, pegaron el grito en el cielo y asustaron (siempre lo hacen) con el petate del muerto de que la industria colapsaría y se perderían millones de empleos si el gobierno intentaba cambiar las reglas del TLCAN en el capítulo de “conveniencias de los poderosos”.

Efectivamente, millones de personas se emplean en las industrias que producen los productos multicitados, yo mismo trabajé de supervisor de Coca-Cola, a finales del siglo pasado; recibiendo la paga mediocre que corporativos nacionales y trasnacionales ofrecen en este país. Pero es falso que industrias de esos calibres se vengan abajo; ahí está la industria cigarrera y la del alcohol a las que se les restringió la publicidad y se les obligó a incorporar leyendas de advertencia para el consumidor, y siguen teniendo utilidades astronómicas.

En octubre entrará en vigor la normatividad para el nuevo etiquetado, y tal como sucedió con Peña, los grandes corporativos presionan para que se aplace. 

A contrario sensu, por lo experimentado en los países sudamericano a través de la Unasur/Isags; por el éxito que se ha tenido en Europa para contener la depredación de la comida chatarra y por los datos que aporta [Alejandro Calvillo, del Poder del Consumidor, de que la comida chatarra se convierte en aliado del Covid-19 y mata, así como organizaciones en pro del etiquetado, al subrayar que los números más grandes de mortalidad por el virus están asociados a hipertensión, diabetes y obesidad]. https://www.excelsior.com.mx/nacional/comida-chatarra-aliada-mortal-del-covid-19/1386198

Hay suficientes razones para apoyar el nuevo etiquetado en todo lo que consumimos; ya dependerá de cada quien el volumen y la frecuencia para consumirlos. “Por supuesto que no es lo mismo una cita a ciegas que una donde ya sabes de quién se trata, mejor aún si conoces su perfil, pero sobre aviso ya no hay engaño”.