Opinion

Ausentes

.

Gabriela Borunda

domingo, 14 febrero 2021 | 05:00

Como no votan, su bienestar no es importante, ningún candidato desperdicia tiempo en ellos, ningún gobierno los contempla hasta que no mueren: son los niños

Todos hemos visto esta imagen repetida hasta el infinito, tantas veces hemos normalizado el horror: la persona con el carrito delante de nosotros en la fila lleva un pastel, cuatro refrescos enormes, una bolsa de papas y el resto son cantidades ingentes de cerveza que desborda la capacidad del carrito, como Nicolas Cage en la película “Adiós a las Vegas”, sólo que es Chihuahua y se trata de una fiesta infantil. La cajera chapucea con el niño - ¿Te las vas a tomar todas tú? –No, mi papá. Sí, el padre y la madre de familia que ya tienen listos los narcocorridos para la fiesta de su hijo de siete años.

El mexicano promedio no crece, pasa de la casa de sus padres a la casa de sus suegros sin haber vivido la experiencia de estar sólo, así que sigue siendo niño, mucho niño, no cabe en el hogar más niño que él, y muy probablemente se trate de un embarazo adolescente y el maltrato al niño sea cotidiano y normalizado.

El primer acto de violencia contra el niño empieza en el hospital con esa montaña imposible de subir que es la lactancia materna, mientras los niños lloran y lloran de hambre las enfermeras tratan de convencer a las jovencísimas madres de alimentar a sus hijos. Pero el niño puede llorar cuanto quiera, ellas están pensando en ser físicamente atractivas para un hombre hipotético, que la va a mantener a ella y a su hijo en cuanto salga del hospital, no se puede dar el lujo de perder la firmeza del pecho.

Pero el desdén al niño no es propio de estas generaciones, es histórico, de hecho, es sólo después de la Segunda Guerra Mundial, que la humanidad se plantea que tiene una deuda con los niños, los niños son históricamente un bien económico, muchos trabajan mucho y le llevan dinero a sus padres, muchos amarran al hombre. Recuerdo como se lamentaban las vecinas; la pobre de doña Ana, una señora ya anciana que vivía odiando a su marido del cual procreó diez hijos. –Las vecinas decían –Pobre, pues cómo iba a abandonar al marido con tanto hijo, pero a mí me surge la duda de en qué número de hijo se dio cuenta de que odiaba a su marido. Así esos niños crecieron haciendo lo imposible por satisfacer a su madre porque por culpa de su nacimiento, doña Ana tenía que vivir con un hombre que odiaba, todavía no me queda claro que el buen señor mereciera tanto odio.

Al niño se le descalifica, no se le dice -hoy no hiciste la tarea y tendrás que reponerla, se le dice eres un huevón igual que tu padre, no sirves para nada y me quieres matar, y cosas por el estilo, además no se le dice eventualmente, si no que a diario soportará esta letanía varias veces al día, hasta que tenga claro que sólo su muerte puede traer felicidad a la familia y antes de que sea mayor de edad estará listo para ser reclutado por el crimen organizado.

El maltrato emocional va acompañado de omisión de cuidados, abusos sexuales y las ya históricas golpizas. La fiscalía del estado de Chihuahua contabiliza que entre abril y junio del 2020, se abrieron 224 carpetas por maltrato a menores en la ciudad de Chihuahua, y 311 en Ciudad Juárez, pero esto no es ni la sombra del problema, porque si es difícil que una mujer denuncie el maltrato es imposible que un niño lo haga, con frecuencia el niño cree que este maltrato es normal, merecido o simplemente no lo distingue, y en pleno confinamiento la violencia contra los niños se dispara.

Qué haría un MP con niño de siete años que va a denunciar a su madre por maltrato psicológico, a su padre por omisión de cuidados y a su padrastro por perversión de menores, porque siempre que se pone a tomar y quiere que tome con él. El MP llamaría de inmediato a la madre, le daría un par de consejos, y ya en la intimidad del hogar el niño recibiría su buen merecido.

La vida sexual y el uso del alcohol entre los chihuahuenses empieza a los 12 años en promedio, y aunque hace algunos años el alcohol se probaba a escondidas con los amigos, esto ha cambiado y el hogar se ha convertido en el lugar de iniciación, es un juego perverso en el adulto para no reconocer su mala conducta convierte a los niños en cómplices y compañeros de juerga.

El alcoholismo es el mismo, sus formas cambian. Las mujeres de finales de siglo pasado bebían todos los días y todo el día a escondidas en sus hogares, de la mesa, del buró de las medias, del toallero del baño, debajo de la lavadora, salían de su escondite los cuartitos de alcohol, puestos a mano para que ella pudiera tomar tragos clandestinos todo el día. Ahora son más usuales y no menos perjudiciales las grandes intoxicaciones de alcohol de jueves a domingo. El alcohol es más dañino en el organismo de una mujer, tarda menos en intoxicarla, en causar daños irreversibles en su salud, la coloca en situaciones de riesgo y la convierte en una amenaza para el bienestar de sus hijos, en la mayoría de los casos pasarán más de veinte años antes de que pidan ayuda, algunas nunca lo harán. A, pero eso sí, estarán listas y listos para señalar la manera de beber de un menor al que ellos han iniciado y dirán como si nada –Yo le di, pero con moderación. Y claro también le dan sus golpes con moderación.

Son padres niños, que compiten contra sus hijos, y como los niños no son votantes ningún candidato basará su campaña en políticas para menores.

Salta el dato que en la pasada elección federal la única persona que mencionó a los niños en su programa de gobierno fue Margarita Zavala, y eso no le granjeó un gran apoyo, mientras que la sociedad ha insistido en penalizar el descuido de los hijos a sus padres ancianos; sólo puedo decir que el mismo que enturbia el agua se lamenta luego que no esté limpia.