Opinion

Autonomía universitaria, entre la razón y la cerrazón

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Nicolás Juárez Caraveo
sábado, 13 abril 2019 | 20:53

¿Autonomía universitaria?, es sin duda una pregunta que hoy nos debemos hacer los universitarios, luego de años de aparente tranquilidad y donde los embates externos e internos la vulneran, donde la razón y el espíritu universitario no encuentran cabida.

En la semana que termina cobró interés el tema de la Autonomía Universitaria ante el intento de algunas legislaturas locales, no es el caso de Chihuahua, de modificar leyes orgánicas a fin de intervenir en las decisiones de mando en varias universidades, lo que levantó en armas a varios rectores ahora sí incluyendo al de Chihuahua en defensa de la soberanía de estas instituciones públicas.

Junto a este hecho que apenas empieza a esbozarse como preámbulo de una autodefensa política sin sustento, en el ámbito local esa misma autonomía busca modificar un modelo educativo en un experimento académico importado fuera de sus aulas, con consecuencias que no se han dimensionado.

El 9 de abril el rector Luis Alberto Fierro Ramírez informó que la UACH se sumaba al posicionamiento de ANUIES Nacional y ANUIES Noroeste, sobre amenazas a la Autonomía universitaria, por iniciativas de reformas a las Leyes Orgánicas de las Universidades del Estado de México y Baja California Sur, catalogando dichas propuestas "elaboradas a espaldas de las autoridades colegiadas y a la propia comunidad de dichas instituciones, careciendo, por tanto, de la debida representatividad".

En el escrito se establece que estas universidades se ven amenazadas en su "Autonomía" y que por ello no pueden permitir que se fije un precedente, en otras palabras, que el ejemplo llegue a sus propias universidades, a los congresos estatales.

Esta defensa a ultranza de la autonomía universitaria como en todos los casos se da exclusivamente en el ámbito de su gobierno interno, una defensa a la autoridad de las universidades sin poder establecer un parámetro que indique si se están haciendo bien las cosas, porque no es un secreto que la principal actividad que deben salvaguardar las autoridades universitarias pocas veces se cuestiona, que es la calidad académica.

O, ¿a poco la calidad académica también es una asunto de la autonomía?, sin duda ese debiera ser en estos momentos la principal discusión en nuestras universidades.

La autonomía universitaria no es otra cosa que la posibilidad jurídica de los universitarios para fijar sus propias normas, claro de manera limitada y supedita a la Ley Orgánica que en su momento fue expedida por el Poder Legislativo, en aspectos de su propio gobierno, el académico y el financiero.

Si bien es cierto esa autonomía que en nuestro país se instauró en 1929 con la declaración a la Universidad Nacional Autónoma de México, nuestras universidades se han enfocado principalmente en su organización interna, en el cómo elegir a sus autoridades y claro está manteniendo cotos de poder que cuando se ven vulnerados evocan a esa autodeterminación que los protege.

En la parte académica esa autonomía universitaria según los estudiosos le permite nombrar y remover su personal académico, seleccionar a los alumnos que quieran ingresar a sus aulas y elaborar sus planes de estudio, pero sin duda esos planes de estudio deben atender a las necesidades sociales, a lo que reclama la sociedad que dice servir.

Se han olvidado los defensores a ultranza de la Autonomía Universitaria que uno de los principales preceptos que deben defender es la participación de los universitarios en la toma de decisiones, sobre todo en lo referente a las políticas académicas.

Sin duda esta debe ser la discusión de fondo, cómo deben definir los universitarios, no sólo las autoridades y un grupo de "expertos" importados las nuevas políticas académicas, que puedan relacionar la ciencia moderna y la democracia, que garanticen a sus estudiantes una universidad actual y participativa en los desafíos de su comunidad, de su estado y de su país.

Hoy la Universidad Autónoma de Chihuahua se encuentra frente a un reto de altos vuelos, modificar su estructura orgánica y hasta el momento el único argumento válido es la urgencia de atender el problema administrativo, de modificar estructuras para gastar menos lo que llevará a modificar su organización interna.

Se ha olvidado atender al eje de su actividad, al estudiante, a quien busca ingresar a sus aulas tratando de lograr un grado académico que le permita incorporarse a la sociedad y servirla.

Sólo como ejemplo en estos momentos miles de estudiantes buscan una "ficha" para ingresar a la UACh, y se encuentran con la novedad de que tendrán que elegir tres opciones de Programa Educativo en el orden de tu preferencia, estas opciones deberán ser del mismo sistema, y al ingresar las opciones son directamente a cada facultad.

En la Facultad de Derecho la única opción es Licenciado en Derecho, ¿y las otras dos opciones de dónde las obtendrá?, o en el caso de los jóvenes que se encuentran en este momento buscando un lugar en la Facultad de Medicina en el mal llamado "semestre selectivo" y que nadie les puede explicar ahora cómo obtendrán un espacio.

Son muchas dudas que requieren atención, eso sin contar con la incertidumbre laboral de trabajadores administrativos y docentes que demandan mayor atención de las autoridades universitarias, que defiendan la autonomía de nuestra propia Universidad.