Opinion

Ay Chihuahua cuanto me dueles

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Manuel Narváez Narváez

martes, 10 noviembre 2020 | 05:00

Estamos viviendo las semanas más terribles de las que se tenga memoria.

Entre la violenta propagación de contagios por covid-19, las muertes que ésta se está cobrando, los diferendos insalvables del Gobernador y el Presidente, así como las escaramuzas de sus huestes y los resultados de la elección en Estados Unidos, una nube tóxica envuelve a Chihuahua.

De inicio la autoridad estatal de salud reporta 3414 nuevos contagios en tan sólo siete días, para un acumulado de 29 356 desde que comenzaron los registros oficiales. Los decesos aumentaron en 210, lo que arroja un total de 2371 personas fallecidas, según el conteo oficial. Esto en todo el territorio estatal 

Estas cifras escalofriantes no reflejan el número real de contagios y muertes, ya que, como la autoridad federal de salud ha reconocido, las estadísticas reales pueden aumentar hasta 3 veces las contabilizadas; incluso, aseguran otros expertos, pudiesen ser multiplicadas por 8.

El acelerado repunte de contagios y fallecidos obligó al Ejecutivo estatal a regresar en menos de una semana del semáforo amarillo, al rojo. Las restricciones impuestas no dejan contento a nadie, tampoco garantiza que vaya a modificar sustancialmente la situación en las próximas dos semanas, y sí, va a profundizar la espeluznante crisis económica de los chihuahuenses.

Un espejo de la situación que estamos padeciendo se observa en las redes sociales, la que se ha inundado de esquelas y pésames por las personas que han fallecido en la última semana, entre los que destacan políticos, militantes partidistas, médicos, enfermeros y hasta un reconocido comunicador de la capital del estado.

La peste no respeta estatus social, porque igual contagia a jóvenes que a adultos, y se cobra la vida de personas con buena apariencia física y en edad productiva.

Un factor determinante para la elevada mortandad como consecuencia de padecer covid-19 son las enfermedades que padece previamente el paciente, sí, pero también la saturación de hospitales, la escasez de oxígeno y los montos millonarios que exigen corporativos médicos privados para internarse disminuyen las posibilidades de una mejor atención y supervivencia.

Por si esto fuera poco, al estrés por el confinamiento, las graves consecuencias psicológicos y el escaso o nulo ingreso de miles de familias que trabajan por su cuenta o en la iniciativa privada, hay que considerar el rompimiento del gobierno federal y el estatal, lo que ha repercutido en una pésima atención a la pandemia.

Mientras las contagios y muertes superan récords, el Presidente y el Gobernador lubrican su ego con apariciones chocantes y ociosas en medios de comunicación; a la par, sus huestes, muchos de ellos aspirantes a puestos de elección popular en junio de 2021, le atizan al fuego con reproches recíprocos cuestionando las estrategias de salud y la de seguridad, que de igual manera anda en alerta roja.

Los dos bandos, los azules y los morenos se despedazan en el intento por imponer su razón. Ninguno cede, por el contrario, frente a la laxitud de la ley electoral para sancionar las precampañas, senadores, diputados y funcionarios públicos cometen fraude a la dichosa legislación al fijar centenares de espectaculares en las principales ciudades de la entidad.

Casi a diario los héroes de la salud imploran por insumos médicos para hacer frente a la mortal peste, pero no son escuchados porque no hay dinero ni voluntad. 

En cambio, los aspirantes a gobernador pagan por cada espectacular un promedio de 25 mil pesos, en los que muestran sonrisas hipócritas y aparentan bondad, al tiempo que el personal médico se juega la vida en la línea del fuego contra el covid-19.

Para colmo de males, o quizás como distractor de las calamidades que nos acechan, las sanitarias y las políticas, las plataformas digitales como Facebook y Twitter se han convertido en otro escenario de guerra.

Tras la derrota del populista y racista presidente Donald Trump, un elevado porcentaje de internautas defienden la victoria de Joe Biden, a quien la parte contraria señala de pedófilo y pro abortista. 

Para rematar, el presidente mexicano, en un inusual comportamiento, ahora dice respetar la legalidad y las instituciones, y se abstiene de saludar la victoria del candidato Biden, como sí lo han hecho la mayoría de líderes occidentales, hasta el dictador Nicolás Maduro ya hizo lo propio.

Esta contradictoria contrasta con los constantes linchamientos mediáticos a la iniciativa privada, a la oposición y a la prensa. Andrés prefirió guardar silencio junto al otro populista Jair Bolsonaro (Brasil) y al dictador Putin (Rusia). 

El panorama no promete mucho, y aunque las severas medidas de restricción impuestas por el gobernador reduzcan la incidencia de contagios y las muertes por Covid-19, mientras los semáforos de las entidades con las que hacemos frontera sean discordantes, no habrá garantía de una estabilización de la pandemia.

Bajo el mismo contexto, en la medida que la autoridad electoral no actúe contra la impunidad de los actores políticos que buscan la gubernatura de Chihuahua, sancionado la ilegal promoción y el origen de los multimillonarios recursos gastados en sus precampañas adelantadas, no habrá congruencia con el discurso de combate a la corrupción, el que se ha convertido en un perverso y peligroso manoseo de la “justicia” para venganzas personales y políticas.

Por último, más allá de caer en provocaciones y especulaciones, será mejor apostarle para que los mexicanos no vayamos a ser víctimas de las políticas públicas del presidente Biden, ni salir afectados por la indiferencia y desajuste emocional del titular del poder Ejecutivo, López Obrador, frente a nuestro principal socio comercial.

Es cuanto.

Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com