Opinion
Periscopio

Brecha de género en México

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Armando Sepúlveda Sáenz

miércoles, 03 febrero 2021 | 05:00

En un artículo previo planteé con base en la información estadística del Informe Global del Foro Económico Mundial Sobre la Brecha de Género de 2020 (The Global Gender Gap Report) algunos de los factores que perfilan la situación a escala mundial, la cual muestra un panorama complejo con avances y retrocesos, incluso en los países en que usualmente no se esperarían. Para el caso particular de México de los cuatro grupos de indicadores de brecha, pese a que en tres de ellos se registraron minusvalías que determinaron que en el ranking general se avanzara, merced al comportamiento de uno de los subíndices, pasando del sitio 75 en 2006 al 25 en 2020. Un cambio drástico. 

Específicamente, en el Subíndice de Participación Económica y Oportunidad se ubicó respectivamente del sitio 98 al 124; en Logro Educativo del 45 al 54; en Salud y Sobrevivencia del 1 al 46; y en Empoderamiento Político del 45 al 14.    El deterioro de la situación de la brecha es en general dramática, siendo encubierta por el avance en un solo subíndice: el de Empoderamiento Político, reflejo del proceso electoral de 2018 y la configuración de los Poderes del Estado.

Las brechas de género son resultado de relaciones que dan lugar a desprotección (por el menor acceso a la seguridad social desde el mercado de trabajo), de vulnerabilidad (por la asunción casi exclusiva de las responsabilidades familiares) y de exclusión social (por el menor acceso a los recursos y al poder) en que las mujeres se encuentran, respecto a los hombres. El informe tiene el propósito de identificar las brechas de género a las que deberían dar respuesta el Estado y la sociedad. La desigualdad de género conlleva reconocer la manera diferenciada en la que hombres y mujeres acceden o se ven privados de derechos. Concretamente requiere tener presente los procesos productivos y reproductivos a través de los cuales, mujeres y hombres realizan actividades diferenciadas en el mercado de trabajo, la familia, la comunidad y la vida social en general.

Se entiende por perspectiva de género, al enfoque mediante el cual se valoran las consecuencias que tienen las acciones para mujeres y hombres y las relaciones de poder entre unas y otros. Por ello constituye también una estrategia para hacer del género una dimensión integral del diseño, implementación, monitoreo y evaluación de políticas económicas y sociales con el objetivo de lograr la igualación de desiguales.

A partir del diagnóstico de brechas es posible planificar, implementar y evaluar políticas con enfoque de género mediante las cuales atender las necesidades diferenciales de mujeres y hombres y corregir dichas brechas. 

La desigualdad en general y la de género en particular, tienen múltiples dimensiones. Varios instrumentos empíricos desarrollados en los últimos años permiten conocer simultáneamente varias de estas dimensiones. No obstante, la visión predominante ha segmentado la atención desde una perspectiva económica, y centrando el foco en aquellos temas que muestran mayores desventajas y vulnerabilidades.

El esfuerzo integral, con una orientación multidimensional lo ha inaugurado, a mi entender, el Foro Económico Mundial con los Informes de Brecha de Género. En el correspondiente a 2020 podemos identificar los valores de algunos indicadores que conforman lo que el Informe denomina la Tarjeta de Puntuación por País, clasificados en los cuatro grupos arriba mencionado: En Participación Económica y Oportunidad, destacamos el indicador de Tasa de Participación en la Fuerza de Trabajo, que es casi el doble de los hombres respecto de las mujeres: en Pago por Igual Trabajo los hombres reciben casi el doble de las mujeres y respecto del promedio mundial, la brecha de género es poco menor a la mitad, el Ingreso Logrado señala que las mujeres obtienen poco menos de la mitad en relación a  los hombres, el Trabajo Profesional y Técnico se distribuye casi por igual, en el grupo de Logro Educativo cabe destacar: la Tasa de Alfabetización es prácticamente igual para hombres y mujeres, algo similar ocurre con el Registro Escolar en Educación Primaria, en la Inscripción en Educación Secundaria, el indicador favorece ligeramente a las mujeres, la Inscripción en la Educación Terciaria, también es ligeramente superior para las mujeres; en el grupo de Salud y Sobrevivencia se mencionan: la Relación de Sexo al Nacimiento favorece por muy poco a las mujeres, la Esperanza de Vida es ligeramente mayor para las mujeres; en el grupo de Empoderamiento Político vale comentar, Mujeres en el Poder Legislativo está cerca de ser equivalente (48.2 mujeres contra 51.8 hombres), Mujeres en Puestos Ministeriales  predominan los hombres (éstos representan el 57.9 y mujeres el 42.1), Años con Liderazgo Femenino al Frente del Poder Ejecutivo en los últimos 50. Ninguno (0.0).

Al respecto cabe recordar que la educación empodera a las mujeres y en el futuro habrán de verse las consecuencias. Sobre todo, si se considera que la participación de las mujeres en las tareas profesionales y técnicas es ya similar a la de los hombres. Si los indicadores reseñados para México se comparan por ejemplo con los correspondientes a Islandia, se entenderá mejor el por qué la brecha de género es tan amplia en nuestro país, en los primeros tres grupos señalados.

Los indicadores brevemente comentados, desde la perspectiva adoptada, reflejan la asignación social diferenciada de funciones para hombres y mujeres lo cual implica que las mujeres realicen en mayor medida el trabajo no remunerado, doméstico y de cuidados, generalmente en menoscabo de una adecuada participación en el mercado laboral y en otros ámbitos sociales. A los hombres, por su parte, tradicionalmente les ha correspondido la provisión de ingresos económicos y el ejercicio de las responsabilidades públicas en detrimento de su implicación y asunción de responsabilidades familiares y en el trabajo no remunerado. La situación perfilada, indica que los esfuerzos políticos y sociales deben ser denodados para cerrar las brechas de género, reconociendo de paso que en el corto plazo en cuanto a políticas públicas el viento es adverso, dejando en la voluntad consciente de la sociedad (mujeres y hombres) subsanar el desbalance.