Opinion

Cada cosa que ves

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Gabriela Borunda

domingo, 02 agosto 2020 | 05:00

“Cada cosa que ves es dos cosas o tres” dice Liliana Felipe, has visto dos programas de televisión cual más horroroso del NAT GEO, uno se llama “Preso en el extranjero” y el otro “Alerta Aeropuerto”, el primero empezaría así: “ Me llamó Jhony, siempre fui un chico feliz de Arkansas, me gustaba ayudar a todos y una tarde mi amigo Bobby me pidió que los ayudará a pasar una maletas muy pesadas por la frontera en Tijuana, quiero que me entiendan, yo no soy un tipo malo, ni un narcotraficante, sólo quería ayudar a mi amigo, pero cruzando el río Bravo, unos policías con mala actitud nos detuvieron, pensé: todo está perdido. Me recluyeron en la prisión de Tijuana por traficar casi 50 kilos de marihuana, ¿cómo viviría entre aquella terrible gente?, delincuentes y traficantes sin principios”.

Verdad que el tal Jhony merece una canonización.

“Alerta aeropuerto” tiene menos diálogo, una mujer morena, de aspecto indígena se acerca a la puerta de abordar, dos agentes tercermundistas la detienen –Acompáñenos. –Tú traes algo. La mujer apenas balbucea –no. –Usted trae algo y la vamos a revisar. La acción transcurre, a la pobre mujer le quitan hasta la toalla sanitaria. Una oficial repara en sus zapatos –Vamos a revisarle los zapatos. Le quitan los zapatos de plataforma, en total encuentran 800 gramos de cocaína, la suben a una patrulla esposada y descalza. Triste vieja que quiere envenenar generaciones de santos güeritos.

Sin embargo lamento decepcionar a los perseguidores de las sustancias adictivas, no hay adiciones, sino personalidades adictivas, mis tías tenían una relación adictiva con mi abuela que sólo hubieran escuchado a Cristo redentor si les hablaba a través de mi abuela, hay adictos a la iglesia, adictos al pan y al PAN. Hay adicciones para todos, lo que me extraña de la relación con las sustancias adictivas, es que las peores, las más nocivas son legales y hasta se las damos a los niños.

Lista de drogas legales en orden de adictividad y lesión física y social: Alcohol, a chaleco, antes muerto de COVID que dejar la caguama; Nicotina, es más brusca que la heroína, dos jalones de nicotina y será muy difícil dejarla, y la peor de las peores, esa adicción que mató a su padre, pero usted no se avergüenza de ella, ni piensa que el DIF debería quitarle a sus hijos por atiborrarlos de la droga más adictiva y mortífera que hay: azúcar.

En un estudio con ratas de laboratorio, se les suministró una dieta intermitente con azúcar, mediante una solución de sacarosa, y alimentación normal. El azúcar fue bebido por los roedores de una manera compulsiva. Y estas ratas también tomaron su dieta normal, pero mostraron un patrón de alimentación similar al atracón, con síntomas asociados como la ansiedad y la adicción.

Un mes después se analizaron las uniones de la dopamina con sus receptores neuronales. Se comprobó que la percepción del sabor dulce ya disparaba la producción de dopamina en el momento de la ingesta, y que al unirse a los receptores era responsable de la sensación de placer.

Además, la cantidad de receptores de dopamina había aumentado significativamente en las ratas sometidas a la dieta con azúcar. El estado que mostraban las ratas era similar a la dependencia de drogas en varias dimensiones, ya que el aumento de receptores también se da con las drogas adictivas. Y produce el "síndrome de deficiencia de recompensa", es decir, se necesita un estímulo cada vez mayor para poder disfrutar el placer.

Ya tenemos a las drogas más feroces y mortíferas en la calle  ¿No me crees? En México cada año 43 000 personas mueren por causas relacionadas al tabaco, 27,000 mueren por causas relacionadas con el alcohol y el azúcar se lleva las palmas con 106 000 muertos a causa de diabetes -datos del sector salud-.

¿Entonces hay que mandar estas tres sustancias a la clandestinidad? Esa es una respuesta puritana e idiota, de hecho, se ha demostrado que hay una relación entre la baja capacidad intelectual y el conservadurismo, pero de eso hablaremos en otro momento. No, la prohibición no es respuesta. En los primeros días de contingencia por COVID, se decretó una ley seca con la más noble de las intenciones y los más catastróficos resultados, 160 personas murieron en menos de 10 días en seis estados del centro de la república. Imagínese usted a los traficantes ilegales de azúcar en un kínder.

Formo parte de un honroso grupo de amigos que salvo al café expreso y a molestar al prójimo no hemos desarrollado mayores adicciones, así como nos ve, se trata de personalidades adictivas no de sustancias adictivas, se trata de un problema de salud que deberíamos poder atender sin pudor alguno.

Esto hace necesaria la despenalización urgente de drogas como la marihuana, la cocaína y el opio, este último lo puede comprar genérico y sin receta en ciertos analgésicos.

Y ahí les va mis chavos, su penalización es algo nuevo, un juguete de los gringos para poder meterse en casa ajena rápidos y furiosos.

La marihuana nadie en México se preocupó por penalizarla hasta 1920, Freud recomendaba el uso de la cocaína a sus pacientes con depresión y el 8 de diciembre de 1941 Franklin Delano Roosevelt repleto de cocaína declaró la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, el hombre no era ningún cocainómano, pero padecía una sinusitis grave que le generaba cefaleas casi invalidantes, una aspersión nasal de cocaína líquida solía ser el remedio usual de la época.

¿Por qué entonces la cocaína que se vende en las calles mata tan rápidamente a las personas?, por la misma razón que el alcohol clandestino de ley seca mató a 160 personas, no se trata de un proceso industrializado, sistematizado, vigilado por la COESPRIS, ni pagan  impuestos, ni le dan seguro a sus productores, lo que visibilizaría nuestro problema, dándonos con ello recursos económicos y la posibilidad de acercar tratamientos médicos, como para el tío que tiene diabetes y no tiene nada de qué avergonzarse.

El problema es que si se legalizan las drogas nuestros vecinos del norte no tendrían pretexto para meterse en la política de otros países. Ha notado en las noticias que para todos tiros se detienen en Veracruz cargamentos de cocaína que vienen de Colombia ¿Pero cuándo ha visto usted que se detenga un cargamento de cocaína en Estados Unidos? ¿Será que entre los gringos no hay narcos?

Recuerda usted aquel viejo dicho de que los viajes ilustran, pues lo mismo le pasa a la cocaína y el resto de las drogas, cuando salen de Colombia todavía están muy pueblerinas y tontas, van pasando por México y aprenden algunas cosas. Pero ya cuando cruza el Río Bravo ya estamos ante una marihuana o una cocaína ilustrada que se las sabe de todas, todas y conoce los procedimientos de la policía gringa. Hasta le salen patitas y se distribuye ella sola por las calles, porque ni hablar, no existen los puchers gringos, sólo buenos muchachos como el tal Jhony del programa “Preso en el extranjero” que nunca hacen cosas malas.

Así mientras nuestros vecinos los gringos sean adictos a meterse en casa ajena nosotros tendremos que hacernos adictos a la Coca Cola y morir como el vecino manda.

Tenemos las peores drogas en la escuela de nuestros hijos y se meten hasta nuestra cocina buscando drogas que originalmente fueron productos médicos. Además el día que los narcotraficantes tengan que subir su contabilidad electrónica, indemnizar trabajadores, recibir auditorías, pasar los estándares de la COESPRIS, pactar con CONAGUA en lugar de robarse el agua, ese día el narcotráfico perderá su atractivo como negocio.

No puedo terminar este texto sin contar una experiencia personal con las drogas, corrían los aciagos días de la guerra contra el narcotráfico de FECAL, un par de días antes habían prohibido el uso, incluso médico, de la pseudoefedrina, porque a FECAL se le metió entre ceja y ceja que era un precursor la cocaína, así los antigripales pediátricos desaparecieron del mercado por un tiempo mientras eran sustituidos por otros sin ningún porcentaje de pseudoefedrina, para mala suerte mi bebita pescó un resfriado de esos que no dejan dormir y no conseguía medicamentos en ninguna farmacia, así después de mucho rogar y llorar y un farmacéutico se apiadó de mí y me dio el último frasco de antigripal con pseudoefedrina del país, la bebita se sintió mejor y durmió de un tirón, ha crecido, no se ha hecho adicta a nada, ya no hay antigripales con mínimos porcentajes de pseudoefedrina y la cocaína no ha salido de las calles. Necesitamos una seria discusión pública sobre salud mental y adictividad de los medicamentos ¿o porqué crees que antes las farmacias de llamaban droguerías? Esa discusión traería salud pública y salud política, porque al fin podríamos sacarnos a nuestros desagradables vecinos del norte.