Opinion

Camino sin retorno

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Sergio Alberto Campos Chacón.
domingo, 07 julio 2019 | 05:00

El lunes 1 se publicó en el periódico La Jornada la entrevista al presidente López Obrador en la que dijo: “Si por mí fuera, yo desaparecería al Ejército y lo convertiría en Guardia Nacional, declararía que México es un país pacifista que no necesita Ejército y que la defensa de la nación, en el caso de que fuese necesaria, la haríamos todos”.

Parte de premisas falsas, un ejército es la fuerza indispensable que garantiza la existencia y realización de los fines del Estado. México no es belicista, para, por conversión, declararlo pacifista. La Guardia Nacional se creó para otros fines y, quedaría por ver si todos los mexicanos defenderían la patria, y qué institución organizaría la defensa. Pues el ejército y la marina, para eso son.

El Ejército y la Marina son instituciones republicanas, presencia popular armada y organizada a la vista, como advertencia a multinacionales colonialistas depredadoras.  

En varias ocasiones el presidente, como candidato, se expresó con denuesto del Ejército, ésta última, es la suma del criterio que priva en su inconsciente, incluida la Policía Federal.

230 mil elementos en activo, no sé cuántos en retiro, se sintieron ofendidos, confundidos y voltearon a ver al general secretario en espera de alguna reacción, no obstante saber que todos están sujetos al mando, la disciplina y capacitados “para aguantar vara” desde su formación como alumnos en cada plantel de educación militar o como soldados en sus cursos básicos.

Saben que una administración federal es por 6 años; el Ejército y Marina permanecen. El reto es la capacidad para sortear cada situación y salir adelante, aunque el presidente no los acepte.

A esos 230 mil, súmele 230 mil parejas o cónyuges, dos hijos, añada padres, hermanos, tíos, primos, y la cantidad de mexicanos vinculados con militares activos o en retiro, rebasan el millón; ánimos lastimados. 

Desde los años sesenta, gente de izquierda proponía modificar el Himno Nacional Mexicano porque somos un país pacifista, mismo criterio de López Obrador, y suprimir: “Mexicanos, al grito de guerra… Más si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo, piensa ¡oh patria querida!, que un soldado en cada hijo te dio”.

Postura desestabilizadora de derecha, porque el Himno canta las luchas del pueblo mexicano contra las intervenciones extranjeras, simboliza la unidad a favor de la independencia, soberanía y liberación del colonialismo. Es un canto épico, de guerra.

He escrito que cada quien se asume como le plazca o diga ser, de izquierda o de derecha. El resultado de la historia, de 1968 a la fecha, es que México se corrió a la derecha, neoliberal, pues la izquierda, activista o intelectual, demostró ser medio liberal; la izquierda, como la concibo, analiza, organiza, capacita, abre sus esferas de ejercicio político hacia la toma del poder para superar desigualdades sociales.

Los liberales se unieron en el PRD que, como he anotado, se cerró en grupos, “tribus”, impenetrables, excluyentes de los ajenos a “sus familias”. El efecto está a la vista: los captó el sistema con diputaciones, senadurías, prebendas y cargos; en grado sumo el PT.

La declaración del presidente puede relacionarse con tres cuestiones y sus negativos: 1.- La suspensión del aeropuerto de Texcoco: impedir se edifique un símbolo de apertura como país más integrado al mundo globalizado, equivale a no competir. 2.- Recortes presupuestales que, con la explicación de combatir la corrupción, se lesionaron derechos de amplios sectores vulnerables de la población: niños, madres trabajadoras, salud, ciencia, cultura y deporte. 3.- Guardia Nacional, rechazada por ONU, ONGS y especialistas, con mando formalmente civil, pero operativo militar, con atribuciones cuasi ministeriales cuestionadas.

Si añadimos el despliegue de soldados y marinos, con brazalete de Guardia Nacional (GN), en las fronteras norte y sur, para contener migrantes y refugiados, es admitir las condiciones de los Estados Unidos, ya tan diseccionadas por conocedores. 

Ahora bien, la Guardia Nacional no operará como se pretende, ya lo he escrito. Se es soldado o marino por vocación, están organizados en una estructura de mando, disciplina, entrenamiento, valor y lealtad, no sólo para con la nación, sino entre ellos para su seguridad, protección y apoyo irrestricto. No son policías.

Por eso en filas soldados y marinos dudan que los elementos de la Policía Federal actúen con la entereza y diligencia como lo hacen ellos. Quien concibió la Guardia Nacional sabía que cada institución, Ejército, Marina y Policía Federal, tiene naturaleza distinta, de suyo, imposible armonizar facetas jurídicas y de formación.

Esos son los motivos por los que los integrantes de la Policía Federal se oponen a sumarse a la Guardia Nacional, en la que no son bien vistos, surgirán diferendos tocantes a la disciplina, abnegación y valor, como por la mayor experiencia en los policías federales en integrar carpetas de investigación para consignar delincuentes al ministerio público y luego al juez; es decir, ¿quién estaría al mando de quién?  

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ya promovió acción de inconstitucionalidad en la Suprema Corte de Justicia de la Nación contra las leyes que regularán la Guardia Nacional, en base a que existen errores o vicios en el proceso legislativo. Si la Corte estima fundados los argumentos de la CNDH, que así lo espero, declarará la nulidad de esas leyes y la Guardia Nacional quedará como entidad abstracta y… empezar de nuevo.

Si tal ocurre, Ejército y Marina reasumirán su calidad de instituciones fundamentales, sus elementos regresarán a sus unidades y se evitará su desaparición, como parece ser intenta el presidente sustituyéndolos por 150 mil guardias nacionales, esto es, 150 divisiones, más o menos…, provenientes del mismo Ejército y Marina. Surrealista.

La toma de policías federales de sus instalaciones de mando en Iztapalapa, fundadas o no, manipuladas o no, con “mano negra” o no, es un fenómeno político y jurídico que la Secretaría de Gobernación, responsable de la política interior, debió diagnosticar con oportunidad consultando a expertos, sus conclusiones predictivas entregarlas al presidente, sin embargo, todos parecen inhábiles para prever y resolver el conflicto.

Lo descrito es parte de las decisiones del gobierno federal sietemesino que se deprecia; necesita hacer un alto horario y rectificar rumbos. Escuchar y meditar las alertas de organismos internacionales, sectores privados y sociales, las críticas severas al cómo se conduce, máxime que aún no hay consignados por corrupción.

Contra sus deberes, servidores públicos siguen lesionando derechos de muchas personas, como en el caso de los niños de las Estancias Infantiles, que no se olvida. No lograron la compatibilidad entre combate a la corrupción y tutela de derechos de los más vulnerables.


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