Opinion

Campaña presidencial

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César Jáuregui Robles

lunes, 07 junio 2021 | 05:00

Se atribuye al estadista alemán Otto von Bismarck, la frase que nunca se miente tanto como cuando se regresa de la cacería, durante una guerra  y antes de las elecciones. Es particularmente importante porque a lo largo de los últimos meses hemos vivido un proceso electoral con múltiples circunstancias, que incluyen como novedad el involucramiento permanente y directo de un presidente de la República que desde el púlpito mañanero se ha dedicado a hacer señalamientos, imputar hechos, difamar candidatos con la posibilidad de la comisión de delitos qué no han sido comprobados y además buscando el beneficio electoral a través del denuesto de los adversarios, como él llama a todo aquel que es crítico de su gestión gubernamental.

Quizás por la pobreza de muchas candidaturas o por la centralidad que las campañas han adoptado en la figura presidencial se percibe un ambiente de polarización que no deja mucho espacio para la reflexión y el contraste entre candidatos.

Inevitablemente, sea con opinión positiva o negativa, cualquier candidato a regidor, síndico, diputado local o federal, alcalde o Gobernador termina refiririendose a “ya sabes quien”. Incluso el partido Morena utilizó expresamente esta frase en voz de su dirigente Mario Delgado en miles de spots.

Así queda de manifiesto que la contienda electoral, que el día de ayer tuvo su punto culminante, no fue una disputa por posicionar de tal o cual manera la mejor oferta de servicios o gestiones públicas, tampoco por contrastar opciones de izquierda o de derecha; tampoco hubo el ánimo de revisar detenidamente la acción del gobierno en turno. No, lo que fundamentalmente permeó en la retórica política fue la actuación y los dichos del presidente López Obrador.

Así vimos como temas que cualitativa y cuantitativamente pueden ser observados y evaluados objetivamente, dejan de tener consenso por la falta de credibilidad que guarda buena parte de la población sobre la argumentación política. Entre los temas que allí se encuentran, tenemos que “ya se acabó el huachicoleo, que el la cancelación del aeropuerto de Texcoco fue porque era fuente de saqueo de recursos públicos, que frente a la corrupcion ya podemos ondear pañuelito blanco, que la falta de medicinas en todas las categorías, particularmente grave en las que atienden el cancer, es por culpa de unas cuantas farmacéuticas voraces, que ya se domó la pandemia, que somos ejemplo en el extranjero”, y así una enorme cantidad de expresiones que distan mucho de tener asidero con la realidad, inscribiéndose en el catálogo de mentiras o verdades a medias que se dicen soportar en “otros datos”, que por cierto nunca se exhiben.

Hay que reconocer que esta manera de mentir impunemente, sí ha cumplido con un propósito, que ciertamente no ha sido el de lograr transformación alguna en los hechos, pero que propagandísticamente ha servido para alimentar la oferta de candidatos y seguidores que repiten sin aportar evidencia alguna, lo que desde el centro se les indica.

Por ello fueron importantes los debates entre candidatos, que aunque pocos ciudadanos siguieron, útiles fueron para observar la pobreza argumentativa de quienes defienden posturas presidenciales.

Al no sostenerse la mentira, es claro que su apuesta siguió por el camino de transformación y la esperanza basados tan solo en la masiva distribución de becas, prebendas, dádivas y cuanta concesión electoral sirva para alinear el voto mayoritario a la voluntad presidencial.

Así concluye una jornada electoral atípica, pues en la boleta estuvieron, para bien o para mal, el más protagonista de los presidentes que hemos tenido, y allí quedarán en el resultado también sus dichos.