Opinion

Campañas

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Daniel García Monroy

domingo, 30 mayo 2021 | 05:00

La “sui géneris” democracia mexicana ha hecho de las actuales campañas políticas el espectáculo más denigrante jamás antes visto. Pastoreados por los “genios” de la mercadotecnia, los animales políticos se han convertido en osos-caballos-bueyes bailadores, con la garra y la pezuña extendida para limosnear votos del público al final de sus funestos shows. Como nunca antes los candidatos se han dejado embaucar por sus asesores de imagen, para deformarse en aprendices de actores y actrices ensayando vodeviles de payasos de carpa antigua, trasladados al moderno tik-tok. Como nunca antes su ignorancia y avaricia los ha conducido a rebajarse de manera tan burda, de asombro y pena ajena. Como nunca antes habían existido tantos ejemplos de tal envilecimiento de las figuras públicas en competencia para ¡gobernarnos! (Cristo ten piedad).

Pero la contienda electoral en curso resalta también por otros factores no menos importantes. La oposición al régimen lopezobradorista se ha visto obligada a fusionarse. La profecía de la virtual existencia del PRIAN se cumplió --el PRD es el hermano idiota del que se avergüenzan, lastre que ocultan y esperan pronto poder enterrar--. La ruina y resquebrajamiento de la corrupta partidocracia fue el logro esencial de las elecciones del 2018. 

La real oposición política en México ya no son los partidos desalojados del ejecutivo federal. El cuarto poder de los mass-media ha tenido que venir a su rescate para ocupar el espacio del que han sido evacuados en el respeto y consideración del consciente colectivo ciudadano. 

Hoy por hoy ya nadie espera las declaraciones de los dirigentes del PAN o del  PRI, que por repelentes sería mejor que los conminaran a ocultarse y callarse.  Ahora se espera al noticiero nocturno de Ciro Gómez Leyva, para conocer que quiere vendernos como catastróficos errores del gobierno federal, la irritada oposición empresarial en abierta guerra contra la 4T. Los capítulos de “latinus” del ínclito Loret de Mola y su carnal Brozo, ya nos persiguen como ¡publicidad pagada! contra López Obrador, para obligarnos a verla en todas las monetarizadas redes sociales. Y hasta medios internacionales financiados por las poderosas transnacionales intentan intervenir en las votaciones mexicanas. ¡Qué barbaridad!

Bien lo ha entendido el máster de la comunicación de masas, el tabasqueño beisbolista, que dándose cuenta de que en su partido Morena, los conflictos internos lo desmoronan, ha tenido que redoblar su esfuerzo de bateador emergente en sus mañaneras, para neutralizar el nado sincronizado en su contra de la mayoría de los medios de comunicación nacionales, (más los organismos autónomos, INEINAICOFECE y demás); la nueva oposición política escondida en la inviolable libertad de expresión y supervivencia presupuestal.

La desconcertada comentocracia misma repite vez tras vez que los partidos de oposición están en el peor momento de su historia. Que sus alianzas y coaliciones no les alcanzan para enfrentar al nuevo ogro filantrópico. Que las campañas negativas contra Morena, en algo pueden mellar la decisión de no votar por la “destrucción de México” --refrito endeble del “peligro para México”--, pero frustrados reconocen que mientras las marcas y logotipos de la triada PRIPANPRD, sigan siendo ubicadas como iconos-referentes de la corrupción más corrupta en la historia reciente del país, inútiles y miserables votos positivos obtendrán el próximo 6 de junio, sobre todo entre los jóvenes indecisos. 

Y los delincuentes se siguen acumulando del lado opositor, con el caso Cabeza de Vaca, como bandera del panismo “defensor” del estado de derecho-impunidad. Por mucho que el ciudadano término medio no entienda ni jota de leyes y procesos constitucionales, algo se percata de que la defensa del prófugo exgobernador de Tamaulipas, es contraproducente en época electoral para quienes intenten --cada día con menos confianza-- meter sus manos al fuego por un presunto ladrón investigado por el FBI. Mientras el presidente más popular del mundo, se detiene en la carretera de sus giras proselitistas para comerse una tlayuda, jugar beisbol o besar a un bebé, feliz y contento, pues sabe de la irritación que tales desplantes populistas generan en sus millonarios adversarios.  

No obstante, en la publicidad política, que ya nos tiene hartos, hay un par de spots que merecen reconocimiento. Por ejemplo los del PES. El único partido político que por lo menos declara parte de su verdad rebasando al PAN por la derecha: Luchamos contra el aborto, punto. Somos una asociación confesional que no tiene miedo de exponer su real cariz cristiano fundamentalista. Vaya, vaya, les falta anunciar también en repetidos comerciales: estamos en contra de la legalización de la mariguana y demás drogas, hasta las legales (los verdaderos cristianos condenan y prohíben el consumo de alcohol y cigarros), estamos en contra del arcoíris de pervertidos sexuales y sus derechos, estamos en contra de la educación laica. No son suicidas electorales, claro está, pero por lo menos tienen una mínima congruencia obligada por sus fieles adeptos. Aleluya hermanos, algo estarán ganando, sino en estas elecciones si en el juicio final del Armagedón, que llevan ya algunos siglos predicando con fanática fe.

Dice y dice bien el mejor analista político de Televisa, Javier Tello (en los lunes de de la hora de opinar de Foro TV), que las próximas elecciones serán un referéndum, aún sin López Obrador en la boleta. Pues sin quererlo la misma oposición así lo ha establecido. El 6 de junio se votará a favor o en contra del presidente de México. Craso error opositor, pero inevitable por haber empujado con su negra publicidad al choque frontal entre las dos visiones sobre la real-politik en juego. La del neoliberalismo de menos estado y más negocios, contra el proyecto de preservar lo poco que queda de la administración pública en manos de los gobiernos ejecutivos mexicanos. 

Interesante fenómeno a observar lo del próximo domingo, pues aparte del referéndum, la lucha electoral también pondrá sobre la mesa la pregunta de qué tan efectivos son ya los medios tradicionales de comunicación en las contiendas electorales. Si la prensa nacional opositora sale derrotada, habrá que reconsiderar, --sobre todo para el 2024--, que tan benéfica o contraproducente es su sesgada participación en los procesos electorales.  

  

       

 

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