Opinion

Cartilla moral

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Daniel García Monroy

jueves, 21 febrero 2019 | 01:17

Diez millones de libritos están siendo fabricados por el lópezobradorismo ejecutivo, para ser repartidos-regalados en todo México. Se trata de un ensayo escrito por el gran pensador regiomontano, Alfonso Reyes  (1889-1959), denominado “Cartilla Moral”; editado en 1944, a solicitud del perspicaz Secretario de Educación, Jaime Torres Bodet, en la presidencia del general Manuel Ávila Camacho; el último presidente militar de México. Nada mal proyecto de lectura masiva.

Sea historiado que dicha Cartilla, fue mandada a hacer como parte de una campaña nacional de alfabetización, la cual proponía, que todo mexicano que hubiera ido a la escuela, enseñara a leer y escribir, por lo menos, a uno de sus compatriotas cercanos con esa carencia. Acción social solidaria para terminar con el analfabetismo de la mitad de la población nacional de aquel entonces. --No había por qué ni para qué crear al Inea-Ichea, y demás aparatos burocráticos inútiles, en el incuestionable objetivo de acabar con la desgracia de ser un país sin lectores ni escritores, ni siquiera de cartas familiares en el idioma castellano desde hace ocho décadas--.

La buena idea intentada no se cumplió en su cometido, aunque tenía visos de algo que bien hecho hubiera podido saldar la deuda histórica contra el analfabetismo endémico, que penosamente aún persiste en el México de siglo XXI. Se dice (INEGI) que seis millones de mexicanos y mexicanas mayores de 15 años no saben leer ni escribir en nuestro país. –Cada que veo a un infante o a su madre tarahumara con celular en los cruceros de la ciudad de Chihuahua, pidiendo limosna, me queda duda si esa cifra oficial será auténtica verdad; pero tengo que reconocer que el sur de México es un  fenómeno ajeno al norte del país. Vergüenza nacional irredimible--.

Uno se pregunta: ¿Por qué no se ha podido en México, copiar una de las mejores acciones del fidelismo cubano para cortar de tajo con este tan solucionable problema nacional? Parar, detener por un sólo semestre en sus estudios a todos los alumnos y maestros mexicanos de educación media superior y superior (ni siquiera se necesitarían a tantas buenas almas), para avocarlos a una tarea histórica y nacionalista de ejemplo mundial. Actuación en la que felices viajarán y conocieran al desconocido-hermoso paisaje mexicano fascinante; jóvenes solidarios (morenos-priístas-panistas-apartidistas) abrazando todos a los reales analfabetas del país, para arrancarlos de su trágica ignorancia; para enseñarles, conocerles, compartirles el más mínimo logro social de la cultura moderna: leer y escribir. Y claro, por supuesto, por qué no, recibiendo en justo pago de compensación, todo el presupuesto oficial, que se mal gasta año tras año en las inútiles burocracias que nunca van a querer terminar con sus perpetuos-clientes-analfabetas. ¿Por qué ni siquiera un gobierno estatal desafiante y pensador de que se puede acabar con su autóctono analfabetismo se atreve a intentarlo, ni siquiera con su sistema educativo presupuestal en sus manos? Es triste, extraño, lamentable. Pero así pasa en todo nuestra desgraciada nación. Nadie quiere poner el buen ejemplo.

Nadie se arriesga a hacer algo para cambiar el sistema. ¿Por qué? Bueno, bueno, evidente es, no se requiere ser un genio para dilucidarlo. No se quiere ni pretende acabar, ni nunca se terminará con el analfabetismo nacional, por una sencilla razón demencial-idiota-corrupta: ¡Porque sin ellos; los pobres, los indígenas, los iletrados, desaparecería junto con pegado, todo el costoso aparato de sueldos y gastos infructuosos, que el sistema priísta-panista generó desde hace más de medio siglo! Encubierto con el magnífico engaño; educación sempiterna para adultos que no saben leer. ¡Qué nunca se acaben los analfabetas-mexicanos-adultos, porque en ese bendito momento histórico para nuestra nación, por el cual deberían trabajar, éticamente todo el INEA, y demás satélites estatales; yo el alfabetizador y mis jefes y directores y secretarios, administradores y demás personal del ineficaz-inocuo aparato supuestamente enseñador de leer y escribir, nos quedaríamos sin trabajo! Corrupción, disfrazada de buenas intenciones, pero  corrupción al fin, estimado señor presidente.

La “Cartilla Moral” es un libro pequeñito, creado por un buen sabio mexicano don Alfonso Reyes. Es un excelente condensado de explicaciones sencillas (así se lo pidieron), de por qué debemos sus lectores comportarnos con un mínimo de moral y ética en nuestra conducta diaria.  

Escribió don Alfonso Reyes: “El bien no debe confundirse en este o en otro momento de nuestras vidas. No debe confundírselo con nuestro provecho, nuestro gusto o nuestro deseo. El bien es un ideal de justicia y de virtud que puede imponernos el sacrificio de nuestros anhelos, y aún de nuestra felicidad o de nuestra vida. Pues es algo como una felicidad más amplia y que abarcase a toda especie humana, ante la cual valen menos las felicidades de cada uno de nosotros.”

La “Cartilla Moral” del maestro Alfonso Reyes, da al traste con la remachada falacia de nuestro señor presidente, que repite y repite hasta el cansancio, que “el pueblo es bueno y sabio”. ¡Pues no, no, no! reclama contra lo que odia con acento tabasqueño en sus ruedas de prensa diarias--. Perdón don Andrés Manuel, lea bien, relea  la “Cartilla Moral”, de don Alfonso, que nos quiere y en buena hora nos va endosar; que desea repartir y regalar, empezando por nuestros reconocidos ancianos mexicanos, que cierto es, pueden ser familiar núcleo convocatorio de lectura y querencia a letras nimias, pero introductorias a un cambio real de conducta de hijos y nietos, a los que se puede influir con la experiencia de toda una vida ya tanteada. Pero por favor, bien escuche señor presidente a don Alfonso Reyes:

“Aquí, como en todo, la naturaleza y la educación se complementan. Donde falta la materia prima, no puede hacerse la obra. Pero tampoco puede hacerse donde hay materia y falta el arte. Los antiguos solían decir: “lo que natura no da, Salamanca no lo presta”. Se referían a la Universidad de Salamanca, famosa en la España de los siglos XVI y XVII, que querían decir que, si se es estúpido, poco se aprende con el estudio. Casi lo mismo hay que decir con respecto al bien. Pero, por fortuna, EL MALO POR NATURALEZA, ES EDUCABLE EN MUCHOS CASOS Y, APRENDE A SER BUENO. Por eso el filósofo griego Aristóteles aconsejaba la “ejercitación en la virtud para hacer virtuosos”. (ethismo).

Que se obsequien 10 millones de ejemplares la “Cartilla Moral”, que se regalen más y más buenos libros, como ese, en la 4-T, pero que se promueva en paralelo la lectura de más y más buenos libros, para leerlos en forma recreativa-fascinante-deliciosa desde las escuelas. Que se deje de castigar a los niños con la lectura, que los maestros lean la Cartilla Moral en coro con sus alumnos. Que jamás la ortografía sea más importante que la imaginación, que nunca las fórmulas aritméticas cerquen o bloqueen a la  transgresión de las reglas del arte; de la pintura, la música, la escultura. Que pronto muy pronto todo niño mexicano se sienta anonadado, sorprendido, incrédulo y triste frente a un adulto que le confíense que no sabe leer o escribir. Porque solo la lectura, la amada y fascinante libre lectura nos harán libres.