Opinion
Álter Ego

Censurar o no censurar. Esa es la cuestión

"¡Claro que eres libre de opinar! pero no de decir lo que piensas”. Lady Censorschip

Rafael Soto Baylón

miércoles, 13 enero 2021 | 05:00

Un nanosegundo después de que  sus padres Racionalidad  y Albedrío se regocijaban con el nacimiento de Libertad, Intransigencia parió a Censura -hija bastarda de Fanatismo- la cual llegó a este mundo para perseguir el material de comunicación injurioso, indecoroso, superfluo, perjudicial para la sociedad, para la ideología oficial o para el mismo Estado.

Es común escuchar “esta información es dañina para la sociedad” y “en este caso la censura está justificada” porque son ofensivos, inconvenientes, innecesarios o dañinos. El problema es el significado de “ofensivo”, “inconveniente”, “innecesario” o “dañino”. Si lo es ¿quién puede juzgar una frase, una actitud, una teoría, una postura, un comportamiento con estos calificativos? Si lo son ¿Para quién? 

En principio -dice Lady Censorship- “vamos a  censurar el material pornográfico” pero no todos estaríamos de acuerdo y menos sus consumidores. La delgada línea entre lo porno y lo erótico, entre lo vulgar y lo artístico brinca de un lado al otro dependiendo de quién lo valore. Si reprobáramos el material “obsceno” deberíamos hacerlo con algunas partes de La Biblia y del total del Kamasutra y ya encarrilados seguiríamos con las obras de Giovanni Boccaccio,  Marqués de Sade, Guillaume Apollinaire, Vladimir Nabokov, Henri Miller y Pauline Réage por mencionar las más conocidos. 

“Muy bien, exclama la Señora- pero sí son censurables ideas o teorías contrarias a la paz social o a la estabilidad del Estado”. Entonces lancemos a las hogueras las obras políticas de Platón, Aristóteles, Maquiavelo, Hobbes, Locke, Marx, Montesquieu, Rousseau, Voltaire, Hegel, Marx, Popper, Russell, Arendt y borremos de los anales de la historia las insurgentes vidas de los héroes que nos dieron patria y libertad: Hidalgo, Allende, Aldama, Morelos, Guerrero et al y también a quienes revolucionariamente ofrecieron su existencia en pos del sufragio efectivo, no reelección: Madero, Zapata, Villa, Obregón, Orozco, Pino Suárez y otros porque si “debe censurarse lo que vaya en contra de estabilidad social” el Grito de Dolores o el Plan de San Luis no deberían haber existido. Los patrióticos levantamientos implicaron un proceso violento porque las condiciones históricas así lo exigieron. 

Insiste la Madame “Censúrese lo que va en contra de la moral y las buenas costumbres”. El tema es aún más complejo ¿quién determinará lo que es bueno o malo? ¿La Iglesia, los clérigos, doña Beata? En una postura radical proponen: callemos a los ateos, dicen los creyentes; callemos a los creyentes, responden los ateos; callemos a los agnósticos, coinciden creyentes y ateos.

“Bien -insiste Lady Censorship- prohíbase lo que vaya en contra de las leyes”. Sí y no. Sí porque es deber de todos -incluyendo a los gobernantes- obedecerla. Y no porque quienes buscan un cambio están en contra del status quo. Y las sublevaciones no están permitidas en ninguna Carta Magna. Ni modo que ordene: “Los movimientos sociales iniciarán después de las seis de la tarde de lunes a viernes exclusivamente. Los participantes deberán identificarse con su credencial del INE”.

 “Perfecto –dice la censora- pero en el tema de la pedofilia sí estamos de acuerdo”. En la Antigua Grecia la pederastia no solo era tolerada sino considerada como una forma de educación sexual. En Japón son legales las historietas y los dibujos animados que muestran a protagonistas menores de edad manteniendo relaciones sexuales. En Irak las niñas de nueve años en adelante y los jóvenes de quince pueden contraer matrimonio. Cada sociedad… cada época… tiene sus propios criterios.

“Lo inexcusable es el racismo, la discriminación y la violencia hacia las mujeres, la xenofobia, el machismo, el clasismo, la homofobia” alega la citada Dama. Pero vedándolas no se evitan. Pero supongamos que estamos de acuerdo con la tolerancia  (no necesariamente) ¿no seríamos intolerantes si aceptamos como dogmas estas posturas? ¿No es mejor discutirlos, analizarlos, escuchar a defensores y detractores? Asumir posturas radicales son un signo, causa y consecuencia de retroceso social.

Las redes sociales declaran sus reglas pero son peligrosos –muy peligrosos- censores y lo serán sin límites si hace alianza con los dictadores, absolutistas y totalitarios. Además,  quién es lo suficientemente sabio para decirnos qué debemos leer y qué no, qué creencias son correctas y cuáles falsas, qué mensajes son positivos y cuáles nefastos.

A los políticos les encanta la censura si ellos la ejercen. Nada más incómodo para un régimen con tendencias tiránicas que una sociedad emancipada. 

Los poderosos del mundo con tendencias despóticas ejercen diariamente la represión descalificando a los críticos, callando las voces disidentes, ignorando a quienes se les etiqueta como enemigos e insultado y burlándose de los detractores.  La censura hoy se ejerce vistiéndola con los falaces ropajes de una manoseada, desfigurada, prostituida y simulada libertad extrema.  

Mi Álter Ego elogia la actitud, responsabilidad, seriedad, inteligencia, coherencia, racionalidad del Papa Francisco. Cerró el Vaticano durante las fiestas más importantes de la cristiandad para proteger la salud de los feligreses. Guarda la debida distancia. Usa cubre bocas. Se vacunará contra el Covid19. Hombre de Dios es consciente de la importancia de la ciencia y de la tecnología. Ojalá tuviésemos más líderes como él en el orbe pero sobre todo en México.