Opinion
Entre redes

Chaleco antibalas de 3 botones

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Javier H. Contreras Orozco

domingo, 05 junio 2022 | 05:00

La revista Letras Libres de mayo del 2022 dedicó su edición al ejercicio del periodismo en México, con un dossier titulado “Periodismo bajo ataque” donde de manera suscita se sintetizan en cuatro factores la vulnerabilidad y riesgo de este oficio-vocación: como nunca antes, es la actividad amenazada por la violencia del crimen organizado, protegido por una cínica y descarada impunidad; el acoso público y sin rubor por gobiernos autoritarios que descalifican la crítica que antes solventaban cuando eran oposición y ahora la condenan; la precariedad laboral en muchos medios que no dan las garantías necesarias y mínimas para el ejercicio del trabajo y por supuesto, la crisis tecnológicaque capotean desde hace años para adaptarse a una sociedad que lee, profundiza y analiza cada día menos, sometiéndose a las redes sociales con la confusión de creer que Facebook, twitter, Instagram o Tik Tok son los “nuevos” mass media. 

Y justo a unos días de que en nuestro país se conmemore el día de la Libertad de Expresión, como festejo oficial, hueco y en un ambiente de muerte y amenazas para quienes ejercen el periodismo, México sigue siendo un país surrealista, donde pasan cosas contra la lógica y el sentido común, en contradicción a una realidad y con la eterna esperanza de que las cosas pueden cambiar por el solo hecho de rebautizarlas. Nuestro país ya está considerado a nivel mundial como un lugar de alto riesgo para ejercer el periodismo. 

 Las escuelas y facultades de periodismo y comunicación siguen recibiendo cada año nuevos estudiantes ansiosos de conocer y prepararse para informar, investigar, rastrear con sus sueños de buscar la verdad, aunque los hechos los golpean con otra realidad: ven un panorama como si se tratara de animales en peligro de extinción o en proceso de exterminación, donde en lugar de propiciar herramientas de protección a su trabajo, los gobiernos no dan las garantías suficientes para ejercer con libertad y con respeto a su labor.

La violencia criminal con su propia estrategia de comunicación sigue campeando por casi todas las regiones del país y lejos de disminuir cada vez se empodera más, cuando les dicen que los deben de tratar también como “seres humanos” aunque ellos sigan haciendo gala de una saña y envenenando con drogas a millones de mexicanos. Descuartizan, mutilan, incendian, secuestran, trafican con niños, mujeres y migrantes y aun asi “merecen” un trato humano. 

La duda es: ¿esos criminales qué pensarán para sus adentros?, ¿se burlarán de la sociedad, del ejército, de los gobiernos?, ¿seguirán asesinando periodistas molestos o indiscretos que revelen sus negocios y redes de impunidad?

El número de periodistas asesinados en los últimos años en México es récord y no se le ve final al túnel. El ataque al mensajero es el común denominador en México, ignorando el mensaje, minimizando su función y, sobre todo, despreciando el oficio. Esto solo pasa en México. Es un camino que ya recorrieron los colegas en Nicaragua, China, Venezuela, Cuba y ahora en Rusia.

La segunda situación incierta para el periodismo es el asedio de gobiernos autoritarios, que usan un doble rasero: son amigos los periodistas que los alaban y son enemigos de quienes los critican. Medios, revistas y columnistas que justificaron el ascenso al poder de esos gobiernos, hoy son lapidados, vilipendiados y crucificados en las redes, provocando un ambiente hostil y riesgoso de que sean violentados. Asi ha sido el rosario de agresiones y muertes de varios periodistas por un linchamiento oficial de desprecio y discurso de odio.

Otra situación lamentable es la precariedad e inestabilidad laboral. Muchas empresas no cumplen con las obligaciones mínimas de las prestaciones de ley o el pago de utilidades porque hay complicidad con las autoridades y éstas prefieren estar bien con los directivos. Una de las paradojas es que los periodistas investigan el incumplimiento de varias empresas, por ejemplo, que no pagan el IMSS o Infonavit, y ellos mismos son víctimas de ese incumplimiento.

Y la cuarta condición es la crisis última de los medios donde se liaron la pandemia exterminadora y el despegue de tecnología digital en una carrera desbocada por no quedarse atrás para que las redes sociales no lograran suplir a los periodistas.

Con la pandemia de Covid, los periodistas después de los médicos y enfermeras fueron los héroes anónimos e invisibles que retomaron su función de informar a la ciudadaníasobre los riesgos y lugares peligrosos de contagios, que dieron pormenores de la cruzada anticovid, alertaron a la ciudadanía con los cuidados y protocolos mínimosy en general cubrieron la noticia de la epidemia mortal de los últimos 100 años. Siguieron trabajando en las redacciones, cubriendo eventos, haciendo entrevistas y reportajes. 

Y muchos compañeros ahí quedaron. Murieron contagiados por realizar su trabajo, sin los servicios médicos o de atención ineficiente que ellos mismos criticaron y descubrieron. Fueron los héroes anónimos, sin seguro de vida ni patrimonio.

Con este panorama, no hay nada que conmemorar y menos celebrar el próximo 7 de junio. Si antes fue el día de la oficialidad, donde los gobiernos en turno lo usaban para recibir el halago de los periodistas a cambio de una comida y rifa de regalitos, hoy es la funesta realidad de un gremio desprotegido, etiquetados injustamente desde la sede del poder y con la mira puesta en sus espaldas para los criminales o políticos a los que les sean molestos.

Muchas redes sociales son utilizadas desde las cavernas de francotiradores que se mueven en el anonimato y en la obscuridad para estar atacando a los periodistas con una carga ideológica feroz como no se había dado en México en muchos años.   

Sin embargo, persiste la actitud y entusiasmo de las nuevas generaciones.  Los tiempos nuevos son retos para mejor capacitación, más fortaleza y entusiasmo por buscar la verdad con el acopio y uso de las nuevas herramientas digitales que deben servir paralograr un mundo mejor.  El apostolado e idealismo del periodismo no debe morir a pesar de que lo quieran matar.

¿Qué se puede celebrar, cuando desde la más alta tribuna del país, la coerción de personas o “civiles armados”, como ahora se les debe decir a los delincuentes, la revisión a los periodistas que van a cubrir un evento oficial, los revisan y esculcan los propios narcotraficantes para ver “si van armados”y desde la investidura superior se mofan o califican de cretinos a los que se asombran? Solo les responden con un “no pasa nada” 

No hay nada que celebrar ante esto. No se puede presumir de un estado de derecho donde no se garantiza la libertad de expresión, el derecho a la información y el ejercicio de la crítica.

Sin las condiciones de protección y garantía en México solo queda la solución que mi amigo y colega de muchos años, Ricardo Luján repetía en la redacción cuando los cielos se vestían de nubarrones:

De morir no nos escaparemos, pero para ejercer el periodismo en estos tiempos, al salir de la casa hay que ponerse el chaleco antibalas de 3 botones: el primero es el Padre, el segundo el Hijo y el tercer botón que abrocharse es el Espíritu Santo. Esa es la única protección de los periodistas en México.

Asi las cosas. Nada que celebrar y menos cuando “no pasa nada…” 

jcontreraso@uach.mx

Periodista y catedrático de la UACH.