Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Chihuahua de finales del siglo XIX y principios del XX (Tercera parte)

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/ Escuela de Artes y Oficios a principios del siglo XX en la ciudad de Chihuahua (Fototeca-INAH-Chihuahua).
/ La antigua Presidencia Municipal de Chihuahua y la Plaza de Armas (Fototeca-INAH-Chihuahua).
/ Un estilo arquitectónico nuevo en construcciones empezaron a darse en la ciudad de Chihuahua iniciando el siglo XX (Fototeca-INAH-Chihuahua).

Oscar A. Viramontes Olivas

viernes, 16 julio 2021 | 05:00

Continuando con este interesante tema sobre Chihuahua de finales del siglo XIX y principios del XX, fue la edificación del Hospital Porfirio Díaz, hoy Hospital Central y  numerosas escuelas de educación primaria que se establecerían como obligatorias y donde se impartiría en cuatro escuelas para niños e igual número para niñas. Una mixta, una de Párvulos (preescolar) y dos para adultos, fundándose la Escuela de Artes y Oficios que proveería de educación y oficios a jóvenes sin oportunidades, ya que se enseñaría carpintería, herrería, fundición de metales, mecánica, sastrería, zapatería, talabartería, tipografía y música. Por otro lado, el antecedente de la Universidad Autónoma de Chihuahua, el Instituto Científico y Literario representaba una nueva opción en la impartición en la educación a niveles más avanzados desde mediados del siglo XIX y junto a esta importante opción, se construiría otra considerada emblemáticas en el Estado de Chihuahua y me refiero a la Escuela Normal en 1906 y una escuela de Enfermería en 1907. 

En relación al trasporte, el foráneo estaba en la finca denominada “La Despedida”, que era una estación de diligencias donde se viajaba hacia San Antonio y El Paso, Texas, a Hidalgo del Parral, Durango y Ciudad de México. Estaba ubicada en la esquina de lo que hoy es la avenida Ocampo y Paseo Bolívar. La Despedida y sus alrededores congregaría una serie de actividades y servicios para los viajeros como mesones, fondas, cantinas, aunado a la animada concurrencia del parque Lerdo de Tejada, zona llena de vitalidad y movimiento. Para 1900, Enrique C. Creel, prominente político y empresario, adquiriría “La Despedida” y parte de esta sería demolida, incluida la capilla de la Inmaculada con el fin de construir un conjunto de seis casas sobre el Paseo Bolívar entre las calles Octava y Décima. Este grupo de casas, representaría tal vez el primer caso en la edificación dentro de la ciudad de Chihuahua de una serie de quintas que darían origen a la lotificación y construcción de casas de menores proporciones en la parte posterior de la manzana sobre la calle Mina y más allá, en la calle Jiménez donde se pueden encontrar todavía, un conjunto de ocho viviendas que siguiendo el mismo esquema de las casas del señor Creel en el Paseo Bolívar de una planta. 

Chihuahua estaba en progreso y el primer día de abril de 1907 a los 77 años de edad, el Presidente Porfirio Díaz Mori, integraría la Comisión Nacional del Centenario de Independencia que se encargaría de organizar los festejos conmemorativos del primer siglo del inicio de la guerra que haría de México, un país independiente de España. A lo largo de todo el país las inauguraciones de obras y servicios públicos serían integradas a estos festejos como testimonio de los logros del régimen porfirista. Se consideraban estas obras como representativas del grado de desarrollo alcanzado por el país en los campos de salud, educación, equipamiento urbano y arquitectura. Mientras en el centro del país en la Ciudad de México, se inauguraba el manicomio general en la ex hacienda de “La Castañeda”, la Escuela Normal Primaria para maestros, el edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores; la ampliación de la Penitenciaría, La Columna de la Independencia, El Hemiciclo a Juárez, las obras de aprovisionamiento de agua potable el ensanche del desagüe del Valle de México; La Estación Sismológica Central y el parque Balbuena en el norte del país. 

Ante este progreso que ya se avecinaba en el país, la ciudad de Chihuahua no se quedaba atrás, multitud de obras iniciadas a finales del siglo XIX y durante los primeros años del XX, serían inauguradas y mostradas orgullosamente al general Porfirio Díaz durante su visita a nuestra ciudad en octubre de 1909. En el informe lujosamente empastado que se entregó a don Porfirio, quedaría de manifiesto que se vivía un nuevo espíritu modernizador, que parecía preludiar un mejor futuro para el país entero, el Estado y su capital. La arquitectura de ese tiempo era evidencia de la participación de ese nuevo espíritu, donde se observaba la demolición de edificios de la antigua ciudad de Chihuahua con influencia española, para construir otros nuevos donde se tenían que abrir calles y ampliar callejones; el transporte y los medios de comunicación también cobraban inusitada importancia por la fluidez en la utilización del suelo urbano, provocando que su rentabilidad se convierta en una fuente de cuantiosas ganancias.

Nace además un floreciente mercado inmobiliario, gracias a la inquietud de algunos arquitectos del Centro del país por encontrar un lenguaje arquitectónico acorde a diversas corrientes; organismos que plasmaron la modernidad nacional o el nuevo espíritu de nacionalismo moderno. En Chihuahua, las clases dominantes contratarían a arquitectos que traerían nuevas corrientes en el diseño de vivienda, influenciados por nuevos modelos extranjeras, permitiéndoles construir nuevas ciudades a finales del Porfiriato, aquellas que llegaron a ser como un “boom” capitalista, originando soberbios edificios que albergaron grandes almacenes comerciales, bancos, hoteles, actividades administrativas y gubernamentales, así como las casas habitación de las familias más acaudaladas. Estas nuevas construcciones se levantarían en lugares, donde existirían antiguos edificios coloniales que fueron sacrificados en aras del progreso y la modernidad.

Estas construcciones se ubicaban básicamente en torno a las plazas de Armas e Hidalgo a lo largo de la avenida Juárez, las calles Libertad, Victoria y Aldama. Edificios sólidos, dignos de excelente factura que utilizaban un lenguaje formal con reminiscencias neoclásicas simultáneamente, de ahí, aparece una nueva modalidad de residencias que rompe definitivamente con la unidad de estilo de la antigua ciudad española, se trataba de las “Quintas” que empezaron a bordear las nuevas avenidas, usualmente rodeadas con arboledas como las del Paseo Bolívar, Juárez desde la plaza de San Francisco, hasta la avenida Pacheco y la calzada de Nombre de Dios. Fueron escenarios de ese nuevo tipo de edificios. Las grandes fincas se plantaban en medio de lotes rodeadas de jardines, donde se exhibían orgullosamente hacia la calle separadas una de otra con siluetas quebradas, de techos inclinados, hermosas terrazas y miradores, torres con cubiertas cónicas o piramidales de muy variada ornamentación que con frecuencia, utilizaban materiales aparentes como piedra, ladrillo, madera. A esta corriente arquitectónica se le denominaría, “Campestre Romántica”, haciendo referencia a su carácter de casa de campo aunque estuvieran situadas en la ciudad, derivadas de las villas estadounidenses que estaban en boga en el siglo XIX.

Así mismo, se incorporarían rasgos de las villas francesas, del tudor italiana o gótico, así como del cottage suizo, mezclados con elementos del Art novio, rasgos clásicos que tienen en común su apariencia pintoresca con la búsqueda del confort como símbolo de modernidad. En los catálogos del “Country Six” que llegaban a México desde mediados del siglo XIX, aparecían proyectos que inspiraban a muchos arquitectos en la construcción de “Quintas” locales; era también una práctica común contratar a firmas norteamericanas para que realizaran proyectos y obras en todo el norte del País. En Chihuahua, vivieron y trabajaron arquitectos extranjeros que dejaron huellas importantes en la ciudad de finales del Porfiriato, por ejemplo, George e King, Américo Rubiel, Julio Corredor Latorre y Alfred Giles, son algunos de ellos. En el caso del arquitecto Alfred Giles, es especialmente interesante ya que nace en Inglaterra en 1853 y hace sus estudios de arquitectura en Londres, trabajando para la prestigiada firma de arquitectos “Giles”.Para la ciudad de Chihuahua, Alfred Giles proyectó la construcción de los siguientes edificios: La Penitenciaría del Estado, el Mercado Juárez, La Presidencia Municipal, El Hotel Palacio Hilton que originalmente fue de cuatro pisos; las seis casas para Enrique C. Creel en el Paseo Bolívar, el edificio del Casino de Chihuahua en colaboración con los ingenieros Enrique Esperón, José Argüelles y Ortiz, además elaboró un proyecto para el Palacio Federal de Chihuahua que nunca fue construido en los mismos años. Esta crónica continuará.

El contenido de esta crónica es con fines de investigación, sin ánimo de lucro, por lo que no viola derechos de propiedad intelectual ni derechos conexos. “Chihuahua de Finales del Siglo XIX y Principios del XX”, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros. Además los libros sobre “Historia del Colegio Palmore (1880 a 1944), adquiéralos en Colegio Palmore o al WhatsApp 614-148-85-03 y con gusto los llevamos a domicilio. 

Fuentes de Investigación: 

Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua Tomo I, II, III, IV, V, VI y VII

Fotos INAH,

violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh