Opinion

Chihuahua: El nuevo Estado pedigüeño

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Gerardo Cortinas Murra

lunes, 06 septiembre 2021 | 05:00

Hace algunos años, en el conclave anual de la Conferencia Nacional de Municipios de México (Conamm) se evidenció la añeja dependencia político-económica de los gobiernos autónomos de los 2 mil 445 municipios que existen en el país. Las notas periodísticas destacaban el sempiterno reclamo municipalista: “demandan alcaldes más recursos a la Federación”.

Políticamente, la Conamm se ha consolidado como el interlocutor oficial de los municipios ante los distintos órdenes de gobierno y poderes públicos del Estado mexicano. Sigue siendo una Conago municipal, porque promueve “una reforma integral que modernice el federalismo y clarifique las responsabilidades que corresponden a los tres órdenes de gobierno, que permita terminar con la excesiva concentración de los recursos fiscales en manos del Gobierno federal”. 

A mi parecer, la actividad de esta ‘Conago Municipal’ se limita a mendigar recursos a la Federación para que los Municipios puedan cumplir sus atribuciones; en especial, en cuestiones de seguridad pública. Y en lo que respecta a la defensa de la autonomía política de los gobiernos municipales, sólo emiten exhortos para ‘modernizar’ el federalismo y exigir la descentralización de los recursos federales.

Por su parte, la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) constituye un foro permanente que busca fortalecer el federalismo mediante mecanismos democráticos, manteniendo pleno respeto de las instituciones de México.

Asimismo, es un espacio de diálogo político, “con el compromiso de impulsar una visión democrática y federalista desde el seno de las Entidades Federativas, a fin de fortalecer los espacios institucionales y privilegiar los acuerdos que incidan en el desarrollo y bienestar de todos los mexicanos”.

En teoría, la Conago “impulsa el fortalecimiento de las entidades federativas para que contribuyan en mayor medida al desarrollo nacional, así como para que cuenten con los recursos y capacidad de respuesta para solventar su propio desarrollo”.

En la praxis política, la Conago pretende limitar el hiperpresidencialismo presupuestal a través de posturas antagónicas a las decisiones del Gobierno Federal, como lo es la exigencia de que a los entidades federativas se les asigne una mayor participación en la distribución de impuestos y derechos federales.

Así las cosas, durante décadas, los gobernadores en turno han reclamado la urgencia de implementar nuevas políticas financieras en el seno de las administraciones estatales y municipales, con el propósito de erradicar las añejas prácticas paternalistas que inhiben la autonomía presupuestal de los gobiernos municipales.

Varios economistas mexicanos coinciden en que “la descentralización del gasto público es un tema en el que se deben tomar en cuenta los siguientes aspectos: a) la transferencia de recursos y de capacidades a los gobiernos locales tiene que garantizar el suministro eficiente de beneficios sociales para reducir la desigualdad intrarregional; y b) el gasto social descentralizado tiene que alentar el crecimiento económico y la estabilidad de los gobiernos estatales y municipales.

Por desgracia, dada la inequidad del reparto del presupuesto federal, los dos últimos gobernadores del Estado (César ‘El vulgar ladrón’ Duarte y Javier ‘El Inútil’ Corral) han optado por recurrir a empréstitos multimillonarios, sin importarles endeudar al Estado y, con ello, conducirlo a una bancarrota técnica.

Así lo declaró, hace unos días, la gobernadora electa, Maru Campos; quien, sin duda alguna, se verá obligada a recurrir a esta vergonzosa práctica para solventar los gastos más apremiantes de la próxima Administración Pública Estatal.

Además, Maru habrá de mendingar -ante el Ejecutivo Federal- adelantos de participaciones federales; lo cual, convertirá al Estado de Chihuahua, en un pedigüeño estatal más. La próxima semana abundaré al respecto.