Opinion

Chihuahua no es Tabasco

“El primer acto de corrupción de un funcionario es aceptar un cargo para el que no está preparado”…

Carmen Urías

viernes, 11 septiembre 2020 | 05:00

En Chihuahua nos enseñan desde niños a ser el “agente 00 tiradero”, con el fin de fomentarnos la cultura, buen uso y cuidado del agua; recuerdo que en la primaria nos daban unas “multas” para dárselas a los vecinos que tiraban este vital líquido, y luego hablábamos a la polícia para que los multara de manera real. Las y los chihuahuenses sabemos que el desierto es nuestra casa, pero a la vez nuestro infierno. Nosotros estamos acostumbrados al clima agreste e inclemente. A nosotros no nos subsidian el camión, las tortillas o la leche. Tampoco nos regalan la educación, pues la UACH nos cuesta mucho más en comparación con la UNAM. Nosotros no tenemos las mejores oportunidades laborales o acádemicas a la vuelta de la esquina; nos cuestan mucho, y en ocasiones, tenemos que dejar Chihuahua. 

Nosotros compartimos grandes apartados de recursos fiscales a la federación para que financie proyectos en otros lugares del país.

Aquí, la temperatura llega a más de 40 grados en verano, y el frío a menos de 10. Aun así, hacemos todo para que las cosas funcionen. Los pretextos no son cosa de chihuahuenses. Aquí el “no hay comida” no lo conocemos, y no porque nos sobre, sino porque todos los días salimos a trabajar para evitar decir esa frase. Nuestros trabajadores, obreros y agricultores no se rajan.  

Hay que conocer la historia, para entender, que los chihuahuenses no sabemos de colonización, sino de exterminio. Sabemos del saqueo y explotación a nuestras minas, bosques y praderas. Nosotros sabemos lo que es buscar el pleno desarrollo social y de infraestructura, a pesar de nuestro alejamiento geográfico del centro del país. 

Las y los chihuahuenses, sabemos lo que es tener que trabajar una tierra desértica y a veces ingrata, con llanos inmensos poblados de ganado sin una gota de agua. Este año es un ejemplo de esa calamidad climática. 

Los hechos ocurridos esta semana en la Presa La Boquilla, representan la culminación de una incorrecta política pública, social y de comunicación. En el fondo de todo ello, alejados de políticos y de politiquerías, está un acto legítimo en la defensa del agua, la dignidad y el hambre de las y los chihuahuenses. 

Lo malo es que se suelen confundir las causas con las consecuencias. Poco abona que se politice el tema y que políticos, los nuevos o los antiguos, los locales o federales, asuman una defensa falsa y hueca que no ampare a las verdaderas causas de esa lucha constante por la dignidad y el hambre de los verdaderos productores y agricultores.

Chihuahua no es Tabasco, aquí no llueve todos los días, aquí la desesperación y la incertidumbre por vaciar nuestras tres presas es real. Aquí, los agricultores viven de lo que les da la cosecha, es un acto desesperado de reacción ante todo y ante todos, incluida la Guardia Nacional. 

Chihuahua no es el único Estado fronterizo, ¿por qué sólo se vacían nuestras presas? No he visto las notas nacionales del tema en Sonora, Baja California, Tamaulipas, Nuevo León. 

En fin, si los políticos locales y federales no entienden el problema y sus causas, asuman las consecuencias por aceptar cargos para los cuales no están preparados. Eso sí, sean conscientes de la gran capacidad de impugnación y de movilización que tenemos los chihuahuenses; aquí se han fraguado grandes movimientos nacionales de corte liberal, libertarios o revolucionarios. 

El agua, la dignidad y el hambre de los chihuahuenses, no se negocian.