Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Chihuahua recibe a Juan Pablo II (10 de mayo de 1990) -Primera parte-

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/ Chihuahua recibió con enorme cariño y entrega al papa Juan Pablo II
/ Juan Pablo II, un líder que cambio al mundo (1978-2005), visitó Chihuahua un 10 de mayo de 1990.

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 10 mayo 2020 | 05:00

En mi trayectoria como periodista no había tenido una experiencia tan impactante como fue estar a unos cuantos metros del santo padre allá en los campos Limas, donde me dejó inolvidables recuerdos y experiencias aquel 10 de mayo de 1990. Es de recordar que una de las grandes cualidades que tuvo la personalidad del papa Juan Pablo II, es que no era tan sólo un líder religioso, él,  hizo temblar a todos los corazones de la humanidad, era un estadista que lograba convencer a muchos presidentes y líderes políticos en el mundo a cambiar su manera de dirigir y gobernar a las naciones, de esta manera, recordamos que desde joven Karol Józef Wojtyła, puso en jaque a los líderes comunistas de aquella Polonia y Unión Soviética antes de la caída del Muro de Berlín y así, con esa actitud, sus palabras encontraron eco dentro de las multitudes que estaban hambrientas y sedientas de justicia y libertad.

Muchos años después ya como pontífice y líder de la Iglesia católica al tomar posesión el 16 de octubre de 1978, no pensó ni dudó mucho en visitar México y fue tal su deseo, que meses más tarde se cumpliría el sueño de venir a “Tierra Azteca” del 26 al 31 de enero de 1979. El mismo presidente José López Portillo auspició la venida de Juan Pablo II luego de décadas de lejanía con la Iglesia, tal fue así que el mismo Jefe del Ejecutivo autorizara la celebración de una misa al aire libre transmitida por televisión después de décadas donde esto era como un sacrilegio a nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, pero la fe doblegó hasta al más ateo, rompiendo los protocolos rígidos del presidencialismo en nuestro país. En esta visita, el Papa participó en varios eventos de trascendencia como en la Inauguración de la III Conferencia General de Episcopado Latinoamericano en la Ciudad de Puebla; también visitó la Ciudad de México, Guadalajara, Oaxaca y Monterrey.

El santo padre no había quedado conforme con su primera visita por lo que planeó la segunda, la que sería trascendente y agendándose del 6 al 13 de mayo 1990, siendo recibido por el presidente Carlos Salinas de Gortari y cuyas actividades fueron: impulsar la vida eclesial en las comunidades convocándolas a la nueva evangelización y beatificación de cinco miembros de la Iglesia en México, visitando Chalco, en la periferia de la Ciudad de México; los estados de Veracruz, Aguascalientes, Jalisco, Durango, Chihuahua, Monterrey, Zacatecas y los municipios de Tlalnepantla y Cuautitlán en el Estado de México. 

Otro fruto importante de su visita fue su influencia para que el gobierno salinista impulsara una reforma para mejorar las relaciones del Estado con las iglesias, especialmente con la católica, siendo Salinas el primer presidente mexicano en recibir a un papa en su condición de Jefe de Estado del Vaticano. Fue precisamente que en la segunda visita donde vendría a Chihuahua, todo tendría que salir como anillo al dedo, pues muchos se olvidaron que eran funcionarios, políticos, masones, rojos, amarillos, tricolores, azules y no católicos, pues la ola del espíritu de Juan Pablo II removería conciencias y gran cantidad de ellos, se alistarían para recibirlo y participar en la celebración religiosa que sucedería en Chihuahua. 

En este sentido a mí me consta que ante el orgullo de muchos que estaban sometidos a las “Leyes de Reforma”, tuvieron que reconocer que dentro de ellos estaba un cristiano, un ser humano con fe, así, las autoridades tenían que implementar planes monumentales para recibir a un estadista y líder religioso de la altura de Juan Pablo II, y por eso era necesario reestructurar las vialidades de la ciudad de Chihuahua para brindar seguridad a los visitantes.

Las autoridades del Estado empezaron a trabajar a pasos agigantados y marchas forzadas de manera anticipada para diseñar planes de reestructura vial que tendrían vigencia desde las 8:00 horas del día 10 de mayo y que incluiría cambios en la circulación con algunos cierres de calles; acciones que serían realizadas por conducto de 122 oficiales de tránsito, además de 42 patrullas, dos grúas y 21 motocicletas; dentro de estas modificaciones, la avenida Pacheco quedaría cerrada y despejada a la circulación, designándola para atender cualquier tipo de emergencias; otras, como la avenida Juárez hasta el entronque con la carretera a Aldama; la Colón, de la Juárez a la Reforma y Revolución (hoy Teófilo Borunda); la Colegio Militar, Lombardo Toledano, vía corta a Aldama y Lombardo Toledano en la “Y,” quedarían despejadas y con vigilancia para descongestionar y además cerrar el sector. 

Después de las 8:00 horas del día 10, estarían cerradas la vía corta a la carretera a Aldama  y Lombardo Toledano en la “Y”, en la Juárez y Pacheco, e intersecciones paralelas con la avenida 20 de Noviembre de Pacheco hasta la Independencia, todas esas grandes arterias de la ciudad estarían cerradas para dar el paso al convoy del papa. Otras quedarían para la fluidez del tráfico que serían habilitadas de un sentido hacía el sur, como la avenida Independencia hasta el Paseo Bolívar y con circulación al norte de la Ocampo. Para circular en sentido opuesto, se escogieron las calles 4ª y 12ª para unirse a ambas avenidas. La 20 de Noviembre no sufriría cambios aún y cuando los automovilistas sólo circularían hasta la Pacheco.

No tenía precedentes la visita del pontífice a tierras chihuahuenses, cuidándose los más mínimos detalles para que no existieran contratiempos durante su corta estancia en esta Capital y tuviera un cálido recibimiento, imborrable para toda la gente que lo aguardaría con cariño y admiración para que sé lo llevara en su mente y corazón a lo largo de toda la existencia; es por esto, que las distintas comisiones encargadas de los preparativos no habían dejado al azar dichos preparativos. 

Era un hecho que desde que Juan Pablo II bajara del avión de la compañía Aeroméxico que lo había llevado a todos sus destinos, de inmediato se daría cuenta del cariño y aprecio que los chihuahuenses le brindarían; el fervor de la gente del norte, estaría presente en cada centímetro, en cada metro de su recorrido por esta ciudad, pues además de gente de este terruño, cientos de personas de los estados de Sonora y Baja California, también estarían presentes para gritarle: ¡Vivas! al santo padre. En este sentido, el entonces vocero de la “Comisión Coordinadora para la Visita del Papa”, el padre Gustavo Sánchez mencionaría que para el viernes 4 de mayo de 1990, se darían a conocer los detalles sobre los preparativos en una conferencia de prensa, donde estarían los arzobispos de Chihuahua, don Adalberto Almeida y Merino y José Fernández Arteaga, así como los integrantes de la comisión tanto del Gobierno del estado y de la misma diócesis; sin embargo, esto no quería decir que todavía faltaran cosas por detallar, sino que hasta ese momento todo estaba bajo control… Esta historia continuará

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Fuentes:

Juan Pablo II, La Primera Biografía Completa, Luigi Accattoli. 2009.

Juan Pablo II, El Papa Viajero, Suromex. 1998.

Dos Papas, una Familia, Paloma Gómez-Borrero. 2005.