Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Chihuahua se viste de luto: 22 de septiembre de 1990 (Segunda parte)

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/ La tromba de 1990, dejó muerte y desolación en la ciudad de Chihuahua.
/ Aún seguimos sin memoria. La naturaleza no.
/ Más de 60 muertos el saldo de la tromba de 1990

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 04 octubre 2020 | 05:00

En este domingo, seguimos con la última parte de esta lamentable y trágica historia que dejo muerte y destrucción en la ciudad de Chihuahua, el “Sábado Negro”, cuando en nuestro terruño, cayó una fuerte tromba y en voz del médico especialista don Raúl E. Madrid D. continua su relato: “Aquí, quiero hacer un paréntesis para mencionar cómo hacen falta hombres como mi padre, el señor J.  Bienvenido Madrid Álvarez al igual que mi tío Raúl, el suegro Jesús Mendoza Sigala, hombres firmes, honrados con una nobleza admirable. Eran cerca de las 23:00 horas del sábado y estuvimos aproximadamente como una hora y media haciendo lo poco que podíamos; mi padre como un verdadero héroe, dando indicaciones y colocando piedras para que las personas pudieran caminar por los arroyos que se formaban; empujando algunos autos; improvisando sogas con lo que se jalaban, secando cables, incluso con su camisa. 

Por supuesto que a mí se me cargaba el cansancio, pero veía de reojo como él parecía disfrutar el ayudar a las personas y eso me daba fuerzas para continuar haciendo lo poco que podía hacer. En todo este tiempo, no recuerdo haber visto ninguna unidad de protección civil ni autoridades por esa zona, solo torretas encendidas a lo lejos pero nadie coordinando ninguna acción. Las autoridades se vieron totalmente superadas por lo intempestivo de lo ocurrido. Pasada la media noche regresamos al auto, subí por la Independencia y Ocampo rodeando varias lagunas que se habían hecho hasta la Terrazas donde recuerdo haber visto varias ramas de árboles tiradas en la calle, pero nunca me imaginaba la magnitud de lo ocurrido. Mi mamá doña María Domínguez de Madrid nos estaba esperando en la puerta, asustada con nuestra bebe en brazos diciéndonos que en la 32a y Terrazas el nivel del agua había rebasado la banqueta, por lo que tuvo que desalojarla con baldes con Karen la bebé a cuestas. 

El cansancio me hizo rendirme y como a la una y media de la madrugada del 23 de septiembre, entre sueños y despertando, recordé a mi hermano Luis que llegaba diciendo que se había ponchado en la gasolinera de Ocampo y Terrazas y que no había servicio de teléfono (no había celulares aún) “A las 06:00 am me despierta mi papá con una taza de café y me dice: ¡“Despiértate flojo que tenemos que recoger a Rossana"!, que dicho sea de paso, la llegó a querer como a la hija que nunca tuvo porque nosotros fuimos cuatro hermanos. Me levanté con dificultad por el cansancio acumulado y salimos a las 06:30 am y por la 20 de Noviembre hasta la 31ª cerca del Hospital Central, el espectáculo era estremecedor; calles llenas de piedras, lodo, vehículos varados, árboles derribados, el cerro Santa Rosa prácticamente desgajado. 

Al llegar al hospital, corrió mi esposa y nos abraza reclamándome por qué no nos  habíamos comunicado por la noche, ya que ella y su compañero de guardia habían salido infinidad de veces al anfiteatro de la Facultad de Medicina para llevar cadáveres, producto de la tromba. Ella, había vivido una noche de terror por las escenas que se vivieron. El 23 de septiembre las autoridades daban explicaciones científicas de lo que había pasado, del fenómeno de las lluvias tardías que habían generaron la cifra oficial de muertos de poco más de 50, pero la verdad, nunca se supo el número real. Varios amigos fallecieron en el arroyo Santa Rita de la 36ª y 20 de Noviembre; esa noche que pudo haber sido la última de mi vida, no lo fue, pero sí cambió mi existencia. Aprendí a valorar más la vida y aumentó la admiración que sentía por mi padre ya que disfrute los 176 días que estuvo todavía mi papá conmigo antes de morir debido a que me tocó andar manejando, no sólo, sino con mi ángel guardián prácticamente todo el tiempo que duró la tromba, por lo que con conocimiento de causa, puedo decir lo siguiente: La intensidad de la lluvia fue un factor importante para tanta desgracia pero no la única. De entonces a la fecha, me ha tocado vivir probablemente 20 o más aguaceros más fuertes que la tormenta del 22 de septiembre de 1990, sin tanta pérdida de vidas que lamentar. Muchos arroyos de la ciudad estaban convertidos en basureros, lo que obstruía el cauce natural del agua. La mayoría sigue igual.

“Alguien autorizó a que se construyeran fraccionamientos y casas por algunas constructoras en lugares en donde nunca se deberían haber construido. No recuerdo que se mencionara ningún culpable. Las autoridades se vieron totalmente rebasadas y con capacidad de respuesta desesperadamente lenta. La verdad, no se cuenta con un adecuado drenaje pluvial, incluso, en la actualidad ni se le ha dado la importancia que tiene lo anterior, solo la gran obra que hizo el ex gobernador Patricio Martínez con la puesta en marcha de varios colectores. Tal vez este tipo de obras no son de relumbrón ya que luce más una avenida o un par de puentes, un velódromo inutilizado o un estadio universitario mal planeado y subutilizado o una ciclo vía inútil. Se continúa haciendo obras sin adecuada planeación, por ejemplo, la Cantera, claro ejemplo de ello que pareciera que no se visualizan complicaciones a futuro y no hablo de partidos políticos porque de 1990 a la fecha, han pasado priistas y panistas y parece que se empeñan en hacer cosas más ilógicas. 

Las autoridades necesitan asesorarse no con expertos, sino con personas que piensen fríamente y que utilicen la lógica. En medicina y varios ámbitos de la vida, lo más importante es la prevención, esto es detectar complicaciones antes de que se manifiesten. Las autoridades no lo hacen, la ciudad tiene que tener vías rápidas de comunicación para este tipo de desastres, no solo en la periferia. Basta ver en lo que están convertidas la Vallarta, Ocampo e Independencia, llenas de obstáculos para todo, impidiendo el paso de los vehículos de auxilio. Finalmente han pasado varios años de la tromba y la pregunta es ¿estamos preparados para enfrentar una situación como la vivida el septiembre de 1990? Probablemente la respuesta es no”. Así termina la entrevista con mi buen amigo don Raúl E. Madrid D.

Otro testimonio de vida fue de un hombre honesto, con una trayectoria de servicio a favor de la gente, abogado de carrera, quien en su tiempo llevó las riendas de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos y que desempeñó una serie de cargos públicos con éxito, él, el licenciado Dover Jesús Soto Rascón, “León de Corazón”, le tocó vivir muy de cerca el acontecimiento que cambió radicalmente la vida de Chihuahua. Nada de esto le hizo declinar en su afán de ayudar al más débil, pues una parte de la población gritaba desesperada por ayuda inmediata. Dover se encontraba descansando en su hogar al lado de su familia, disfrutando de un buen partido de futbol, cuando de repente escuchó en el horizonte algunas descargas eléctricas y las gotas de lluvia empezaron a caer de manera estrepitosa, de tal manera que esto ya se había convertido en un verdadero aguacero, que en pocos minutos, había provocado que las calles se inundaran empeorando el escenario de manera vertiginosa. 

De repente, comentaba: “Hijos prendan la radio para escuchar las noticias”. El locutor era el periodista Marco Aurelio Guevara, recibía decenas de llamadas por parte de su público, por lo que estas estuvieran siendo canalizadas a las corporaciones policíacas. Casas derrumbadas, vehículos arrastrados por la corriente, personas desaparecidas, en pocas palabras, todo eso era un caos. En eso el licenciado Soto tomó su teléfono para tratar de comunicarse con la central de patrullas, ni por radio ni teléfono, pues todo estaba saturado... Esta crónica continuara. 

Chihuahua se viste de luto: 22 de septiembre de 1990, forman parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si usted desea adquirir los libros sobre Crónicas Urbanas de Chihuahua: tomos I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII y IX, pueden llamar al cel. 614 148 85 03 y con gusto se los llevamos a domicilio o bien, adquiéralo en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros.

Fuentes de Investigación:

Entrevista con el doctor Raúl E. Madrid D. y el licenciado Dover Soto Rascón en Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua, Tomo II. (2015).

violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh