Opinion

Ciudad Juárez y El Paso, tan lejos de Palacio Nacional y tan lejos de Washington

Hasta ahora, las iniciativas federales para enfrentar esta situación han sido nulas o mínimas

Fernando Méndez/El Diario de Juárez
Fernando Méndez/El Diario de Juárez

Gerardo Rodríguez Jiménez

domingo, 06 noviembre 2022 | 05:00

Mientras que las detenciones y los intentos de cruce de migrantes hacia los Estados Unidos baten todos los récords mes con mes, – de acuerdo a las cifras oficiales más recientes en los Estados Unidos –, las declaraciones de Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores de México, esta semana minimizan el problema.

Ebrard dijo que, de más de 14 mil migrantes venezolanos que provenían de Panamá hacia el norte cada semana, la cifra bajó a 130, especialmente desde el regreso del Título 42, la ley sanitaria readaptada por el país del norte en tiempos de pandemia para frenar la migración. 

“No son miles, son cientos”, declaró Ebrard al cuestionársele los crecientes números de venezolanos varados en la frontera de México. 

Sin embargo, la migración legal e ilegal desde Sudamérica, Centroamérica, México y otros países no para, y afecta especialmente a las ciudades fronterizas, en donde la población ha cambiado rápidamente  en comparación a otras décadas, siendo la crisis venezolana de refugiados solo la más reciente, como se puede comprobar fácilmente al realizarse un recorrido por el Centro o por algunas zonas del malecón de Ciudad Juárez, en donde se instalaron cientos de carpas improvisadas y sin servicios de lo más básico; puestas por los migrantes que se quedaron en Juárez con la ilusión de que algo cambie en la política de los Estados Unidos después de las elecciones de medio término del 8 de noviembre. 

El problema es que tanto el Gobierno federal mexicano como el estadounidense, siguen minimizando esta tendencia a pesar de las preocupantes estadísticas oficiales. Esto afecta a ciudades fronterizas como Ciudad Juárez y El Paso, Texas; que reciben y, como pueden, tratan de sobrevivir y adaptarse a esta difícil realidad. Recientemente, la ciudad de El Paso estuvo mandando camiones de migrantes a Nueva York, donde ya no quieren más. El Paso estuvo muy cerca de declarar una emergencia para recibir fondos federales.

Además, del lado mexicano las tensiones incrementan: ya hubo protestas y conatos de violencia en el Río Bravo. Gas pimienta y balas de goma fueron disparadas, y las acusaciones entre diferentes grupos de migrantes han proliferado. 

En las redes sociales, los sentimientos antiinmigrantes y las declaraciones negativas por parte de un amplio sector de la población también se están multiplicando, rayando en comentarios de odio: “Ya que nos cuesta dinero, que los pongan a sacar las hierbas y recoger la basura”, comentó un usuario de internet.

Hasta ahora, las iniciativas federales para enfrentar esta situación han sido nulas o mínimas. Las propuestas han provenido de otros sectores, como la creación y mantenimiento de refugios, la ayuda económica para transportarse a otras ciudades, la oferta de trabajo de la maquiladora para algunos migrantes en espera o deportados, y otras medidas parecidas. Pero obviamente son insuficientes a largo plazo.

Es tal el desinterés oficial que algunos políticos creen que el frío, las temperaturas bajo cero, el Título 42, y las nuevas disposiciones para aplicar por internet para 24 mil venezolanos ahuyentarán a los desesperados migrantes varados que protestan en el Bravo o frenarán la migración ilegal. 

Como fronterizo de toda la vida, sé que esas medidas serán insuficientes. La cara de la población de Ciudad Juárez ya cambió, cada vez recibimos más sudamericanos y caribeños que vienen temporalmente y se quedan por años aquí, causando más demanda de trabajo y servicios básicos.

Ciudad Juárez y El Paso, por siglos, han sido y seguirán siendo lugares de paso de mercancías y personas entre el sur y el norte; esto no cambiará, como la historia lo indica. En la frontera, las habas se cosen de manera diferente a otras regiones. Los fronterizos ya de por sí estamos hartos de los índices de criminalidad y violencia.

Las ciudades fronterizas, como punto de intercambio geopolítico, multicultural y mercantil, siguen muy alejadas de los gobernantes de México y de Washington. Los desafíos son graves y sus ciudades no pueden solas con este paquete. La lentitud burocrática de los sectores de gobierno de ambos lados para responder a estos retos es evidente. Se necesitan recursos bien planeados y más participación multilateral entre los múltiples sectores de la sociedad fronteriza. En cuestión de fondos, los gobiernos federales son los más responsables de las políticas migratorias ordenadas. 

Aquí cabe destacar una histórica frase atribuida a Porfirio Díaz, pero escrita por Nemecio García Naranjo: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. En esta ocasión editaremos la frase y la aplicaremos a la frontera: Ciudad Juárez y El Paso, tan lejos de Palacio Nacional y tan lejos de Washington.

jerry79912@yahoo.com