Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Comercio, diversión, obra pública y edificios en la ciudad de Chihuahua

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/ El comercio en la ciudad de Chihuahua fue evolucionando de manera importante desde finales del siglo XIX y comienzos del XX
/ La calle Libertad se convertiría en un corredor comercial importante para la ciudad de Chihuahua.
/ Las casas construías por Enrique C. Creel a partir de 1900 las cuales serían un conjunto de ocho edificios.

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 06 septiembre 2020 | 05:00

Cuántas cosas podemos hablar de nuestra hermosa ciudad, de sus interminables anécdotas contadas en voz de tanta gente bondadosa y franca de Chihuahua; sucesos que infinitamente podemos contar en miles de cuartillas donde se plasman esas vivencias que son parte del registro de nuestro reloj interno y uno de esas cosas interesantes de nuestro terruño es, que la minería como una de las principales actividades que a lo largo de los siglos ha sido determinante en el desarrollo de nuestro estado de Chihuahua, principal fuente de riqueza ya que muchas poblaciones fueron fundadas por el agua y la minería. 

Sin embargo no es la única actividad productivo, porque podemos añadir el desarrollo industrial que tan sólo en la ciudad de Chihuahua se ha visto reflejado a lo largo de las décadas en una diversidad de industrias y talleres de artes y oficios, que existieron en las estadísticas de la Secretaría de gobierno en los inicios del siglo XX y para ser más precisos en 1906, donde quedaría asentado que a finales del siglo XIX, la ciudad de Chihuahua ya contaba con cuatro barberías donde los varones iban a hacerse un “chain” para verse guapos y presentables y agradarle a la novia, esposa o simplemente cumplir con una vanidad. Junto a estos negocios, se abrirían cuatro peluquerías que ofrecerían en sus aparadores diversos  cortes de pelo, ya que estaba demostrado que andar muy bien peinado, podría ser la expresión exterior del pensamiento y del amor, ¿No lo creen?

También nos encontrábamos en esos albores del siglo XX con la instalación de otros negocios como dos sastrerías que consistía en un verdadero arte en la creación de prendas de vestir, principalmente masculinas (trajes, pantalones, chalecos) de forma artesanal y a la medida, o no, diseñando exclusivamente de acuerdo con las especificaciones y preferencias de cada cliente sin hacer un uso estandarizado de numeración preexistente con una metodología; en la mayoría de los casos, al estilo inglés de reducir o ampliar el número de medidas indispensables y crear un sistema de cálculo que permitiera pasar de una talla a otra con el mismo patrón de corte, simplificándose con el tiempo la hechura de patrones por tallas. Y complementado con esto, se abrirían dos sombrererías tanto para varones como para damas, pues aunque no lo crean, era una época donde se utilizaba mucho esta parte del vestir y que por supuesto le daba elegancia al que lo traía puesto. Bueno, sabemos que algunos lo utilizaban para taparse el sol durante las largas jornadas de trabajo a lo largo del día y otros, como una forma de vestir formal para el compromiso en la alta sociedad, para el paseo sabatino, dominical por la calle Libertad y en las principales plazas como la Hidalgo y la de Armas y, no se diga cuando la gente iba a los diferentes templos a misa o algún servicio religioso. 

También la ciudad de Chihuahua tendría a principios del siglo XX seis panaderías, ya que durante el porfiriato, estos negocios junto con las pastelerías, tenían un poco la influencia francesa y entre los parroquianos que acudían a consumirlo muy temprano, ya que el olor emitido por sus chimeneas a eso de las seis de la mañana y en la tarde a las 5 pm. Olores que se difundían por el cielo de Chihuahua y llegaban a los “olfatos” de cualquiera. Esos panes tan deliciosos que para muchos era la perdición con sólo sentir su “fragancia” cuando estaban recién hechos y que además, tenían nombres muy particulares gracias a la creatividad y el arte de los panaderos que los bautizaban a cada uno que los hacían únicos, que por si fuera poco, algunos de sus nombres se convertirían en anécdotas graciosas que sin darnos cuenta, serían utilizados para crear chistes, refranes, piropos e incluso hasta memes. 

Además de las panaderías, estaban instaladas en 1902 en el centro de la ciudad cinco relojerías y platerías; dos ladrilleras, una herrería, cuatro carpinterías, una armería, una alfarería, una talabartería y una zapatería. Pero eso no era todo, también nuestro terruño “seco y arenoso” se caracterizaba por la fabricación de cerveza a través de la Cervecería Chihuahua que junto a otras pequeñas compañías de hielo, cerillos, hilados y textiles “La Paz” y “La Concordia”; jabón “La Nacional y La Juárez” y en las afueras de la zona urbana hacia el sur se instalaría la fundición de Ávalos. Ante todo este antecedente productivo, empezaría a ser una especie de imán para que mucha gente del campo se empezara a instalar en la ciudad de Chihuahua, ya que la oferta de trabajo empezaría a ser muy atractiva, originando que esta empezara a crecer, principalmente hacia la periferia y en las antiguas barriadas donde se empezó a utilizar la vivienda popular que eran pequeñas casas con su patio y construidas de adobe y terrado con puertas y ventanas verticales, algunas veces enmarcadas con modestas pinceladas de ladrillo y cantera.  Este crecimiento de la ciudad, se empezaría a integrar en diferentes conjuntos urbanos en modestos barrios y colonias como la Industria, Santo Niño, Dale, San Nicolás, la Obrera, El Puerto de San Pedro, San Felipe Viejo, Plan de Álamos, Pacífico, El Palomar, Centro, Santa Rosa, entre otros.

Otras parte de interés de nuestro Chihuahua a principios del siglo XX era sin duda La Catedral, la capilla de Santa Rita de Casia, el templo de San Francisco, El Santuario de Guadalupe y el templo Metodista que fue construido en el año de 1890 en un terreno del antiguo panteón de San Felipe en la esquina de las actuales calles Independencia y Coronado. Así mismo, otro coloso de la construcción fue el Teatro Betancourt que iniciaría sus funciones en la calle Ojinaga, el cual sufriría varias transiciones hasta llegar a nuestros días como el Teatro de la Ciudad. Así mismo, paralelo a este teatro, se inauguraría otro de nombre Teatro de los Héroes en el año de 1901, lugar que sería escenario de una intensa actividad teatral, de espectáculos, variedades y de eventos cinematográficos. De todo esto, se unirían otros lugares de diversión y entretenimiento como en 1910 con la apertura del “Salón Rosa” que llegó a instalarse en la calle Victoria y en esa misma arteria, empezaría por primera vez en el terreno donde hoy es el Hotel San Francisco el primer cine Alcázar, que posteriormente se movería en donde hoy es el estacionamiento del antiguo Banco Comermex hoy parte de los edificios de la Presidencia Municipal. Así mismo, surgiría una transición posteriormente del Teatro Betancourt a Centenario, después el Cine Colonial, por lo que estos lugares se convertirían en el centro de proyección de las primeras películas del cine mudo.

En otro orden de ideas,  durante la presidencia del general Porfirio Díaz Mori, se prestaría especial atención a diversos temas como la seguridad pública, la salud y la educación como tareas prioritarias que estarían endosadas a la administración del  estado de Chihuahua, por ejemplo, la construcción de la Penitenciaría (1908), cuya construcción se iniciaría en el año de 1898 durante la administración del coronel Miguel Ahumada, quién solo alcanzaría a construir solamente los muros exteriores. Con algunas interrupciones, la obra duraría alrededor de 10 años y sería inaugurada por el gobernador Enrique C. Creel el 16 de septiembre de 1908, haciéndose inmediatamente el traslado de los reos de las cárceles de hombres y mujeres hacia la nueva penitenciaría que se encontraba fuera del perímetro urbanizado de la ciudad. Otra sería la Comandancia de Policía (1906) cuyos orígenes sería la cárcel pública que se ubicaría en 1841 en un edificio cercano al templo de San Francisco entre las calles de la Aduana (hoy Avenida Juárez) de San Francisco (hoy Libertad) y calle 13ª.  En 1857, el ayuntamiento dispondría que las reclusas fueran albergadas en un edificio anexo a la cárcel municipal a las que popularmente se llamó “casa de las recogidas” que era el edificio cuyo nombre fue “Los Arcos de la Jefatura”.

Comercio, diversión, obra pública y edificios en la ciudad de Chihuahua forman parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si usted desea adquirir los libros sobre Crónicas Urbanas de Chihuahua: tomos I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII y IX, pueden llamar al cel. 614 148 85 03 y con gusto se los llevamos a domicilio o bien, adquiéralo en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros.

Fuentes:

El Correo de Chihuahua (1900); Hemeroteca Digital UNAM: Revista de Chihuahua (1890). Fotos: Fototeca-INAH-Chihuahua.