Opinion

Comité por la paz “cabecitas de algodón”

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Manuel Narváez Narváez
miércoles, 16 octubre 2019 | 05:00

La emboscada que tendieron presuntos criminales a elementos policiacos de Michoacán y cobraron la vida de 14 uniformados, ofrece una gran oportunidad al gobierno de López Obrador para pacificar al país, sin el uso de la fuerza.

Tras lamentar los hechos, que no condenar, el presidente aprovechó la mañanera de este martes 15 de octubre, para insistir en su plan pacificador de la República, con estrategias distintas a las fallidas durante los gobiernos de Calderón y Peña. “La violencia no se combate con más violencia”, afirma.

López Obrador enfatiza que “en los gobiernos anteriores se dejó crecer mucho este problema y se aplicaron estrategias equivocadas como aplicar la violencia con la violencia”; no podemos ajusticiar ni masacrar, como se hacía antes", remató.

En efecto, en los 70s el gobierno mexicano abandonó a los campesinos de la sierra de Guerrero y Chiapas, lo que propició el surgimiento de grupos guerrilleros que con el paso del tiempo combinaron el reclamo con el cultivo de enervantes, para financiar las protestas. 

Lo mismo sucedió con los agricultores del triángulo dorado (Chihuahua, Durango y Sinaloa), que olvidados del populismo de Echeverría y JOLOPO, se vieron forzados a entregar sus tierras a los abuelos fundadores de los cárteles de las drogas.

La tragedia del desdén centralista de los gobiernos derrochadores setenteros, también pasaron factura a los estados del golfo de México, que cedieron sus vocaciones productivas del campo ante la bonanza del petróleo y los caciques sindicalistas, en tanto Juan Nepomuceno cimentaba un imperio sangriento que aun somete a los tamaulipecos, y un priísta ardido bloqueaba carreteras y pozos petroleros en Tabasco.

Por más de 35 años ningún presidente se preocupó por la expansión de grupos criminales en grandes extensiones del territorio nacional. Desde Echeverría hasta Fox, todos sirvieron de alfombra roja a las pretensiones imperialistas de la globalización, hacían grandes negocios con el remate de las empresas del Estado y facilitaban la construcción de destinos turísticos paradisiacos en reservas naturales que se perdieron para siempre.

El olvidó de los gobiernos setenteros, de los que dilapidaron los ingresos y la farsa del cambio con Fox, incubaron una generación de mexicanos olvidados que sucumbieron ante el jugoso negocio de las drogas prohibidas. 500 mil personas se dedicaban a esas actividades en 2007, según declaraciones de un funcionario durante el gobierno calderonista.

Con la mecha encendida y frente a los hipócritas reclamos del tío Sam, principal consumidor de los productos alucinógenos mexicanos, el entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa, sin más fundamento que la presión norteamericana, se lanzó cual suicida en parapente, a enfrentar a un crimen, organizado y con mejor armamento que las fuerzas civiles del orden.

Como todo lo que mal empieza, mal acaba. El sexenio de Felipe de Jesús fue un desastre en materia de seguridad, que dejó en la orfandad a miles de infantes y menores de edad que hoy en día siguen pagando las consecuencias de la irresponsabilidad de acudir a una guerra no declarada, y con resorteras.

Por si el caldo de cultivo no hubiese germinado con la consolidación del crimen organizado, el de las drogas prohibidas, porque el de cuello blanco sigue intacto en sus cúpulas; Enrique Peña, sin soltar un solo tiro, eso presumía el imbécil, detuvo o eliminó a 115 presuntos cabecillas de la delincuencia, sin embargo, la estructura financiera y el reclutamiento de nuevos miembros al servicio del crimen mejoró las cifras de ejecutados que Calderón heredó. EPN las superó con creces.

Desde el arribo del gobierno del amor, de los abrazos y no balazos, y a mes y medio de cumplir su primer añito, la violencia no cesa y las ejecuciones han superado los récords del enamoradizo de Quique.

Mientras tanto el secretario de seguridad pública, Alfonso Durazo, se justifica en cada plaza que pisa: ´hacen falta 80 mil elementos más para obtener los resultados deseados´. El ex asesor de Colosio y Vicente Fox es incapaz de ofrecer seguridad a los mexicanos, vaya, ni por atisbo asoma que la Guardia Nacional vaya a contener el aumento de la inseguridad en México.

Ahora bien, si lo que se pretende es convencer al crimen organizado que deponga las armas y entre en razón, so pena de ser remitidos con sus respectivas progenitoras para ser rehabilitados, me parece factible, porque bajo esa premisa puede crearse una comisión de paz: ¨los cabecitas de algodón¨, algo así como las carmelitas descalzas, para rescatarlos y reincorporarlos a la productividad con las becas Benito Juárez, Jóvenes construyendo el futuro, como chofer de pipa de PEMEX, servidor de la nación y encuestador del INEGI, conductor de tren maya o empleado de Dos Bocas.

Ahí está el detalle, para qué tanto brinco estando el piso tan parejo. No hay necesidad de seguir rogándole a los jóvenes que se enlisten en la guardia nacional, ni exponer a las fuerzas del orden y a la población en general a ser víctima de emboscadas o de una bala perdida, cuando la cartilla moral y el manual de Carreño son argumentos más que eficaces para combatir la inseguridad.

Es momento propicio para que el presidente de México, hombre sabio que sabe cambiar de opinión, pero sobre todo escuchar razones, gire instrucciones mediante memorándum para la inmediata creación del COMITÉ DE PAZ Y ARMISTICIO, con la excelentísima Olga Sánchez Cordero, don Porfirio Muñoz-Ledo y Lazo de la Vega, don Alejandro Encinas Rodríguez, don Pablo Gómez Álvarez y don Alfonso Romo Garza, como garantes de la 4T para alcanzar la anhelada paz en el país.

P.D. El recurso que se vaya a ahorrar por los acuerdos alcanzados, se sugiere sean entregados a la población vulnerable para que este BUEN FIN y durante las fiestas decembrinas reactiven los ingresos de los gigantes de la telefonía celular, las cadenas de comerciales y los bancos participantes.

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