Opinion

Concordia, seguridad y paz

De política y cosas peores

Armando Fuentes
martes, 19 febrero 2019 | 02:25

Ciudad de México.- Noche nupcial. Terminó el primer trance de amor y la inocente novia contempló la agotada entrepierna de su desposado. "¡Santo Cielo! -exclamó consternada-. ¿Tuve yo la culpa?". Himenia Camafría, madura señorita soltera, dijo en el teléfono: "Un hombre está tratando de escalar la pared para entrar a mi habitación por la ventana". Le dijo el que había tomado la llamada: "Se equivocó usted. Debe llamar a la policía. Aquí es la central de bomberos". "Precisamente -replicó la señorita Himenia-. Al hombre lo ayudaría tener una escalera". Empédocles Etílez, el borrachín del pueblo, llegó a su casa en horas de la madrugada y -como de costumbre- en estado de completa beodez. Su esposa lo recibió hecha una furia, pero él le juró y le perjuró que jamás repetiría sus embriagueces. "Muy bien -concedió la mujer-. Pero si vuelves a llegar borracho ¿qué te hago?". Respondió mansamente el temulento: "Unos chilaquilitos bien picosos". Cuando el presidente López Obrador llegue hoy a Saltillo, en mi natal Coahuila, encontrará una ciudad y un Estado trabajando en un ambiente de concordia, seguridad y paz. Eso se debe a una buena labor de Gobierno tanto estatal como municipal. A Saltillo se le considera una de las mejores ciudades del país para vivir. Su progreso y desarrollo se finca en la participación de sus habitantes, que no sólo aman a su ciudad sino que junto con sus autoridades se afanan en conseguir el progreso y desarrollo de su comunidad. Recientemente asistí al Foro Ciudadano de Consulta, en el cual centenares de saltillenses -empresarios, académicos, obreros y campesinos, vecinos de las colonias populares y residenciales- hicieron propuestas para buscar el bien de la ciudad. Se mencionó, por ejemplo, la urgencia de concluir la ampliación del tramo Saltillo- Derramadero de la carretera a Zacatecas, a la que sólo faltan 10 kilómetros para su terminación y por la cual transitan cada día cerca de 20 mil trabajadores que laboran en la zona industrial sur. Se habló de la necesidad de remozar el centro histórico de Saltillo, el cual conserva su traza colonial y es atractivo para muchos visitantes. Se trató de la construcción de un Centro de Convenciones, indispensable en una ciudad que es potencia nacional de la industria automotriz. Una reunión así cumple el propósito del presidente López Obrador, que pide que la obra de los gobernantes y funcionarios tienda a satisfacer los anhelos de la gente. Ojalá el Gobierno federal apoye con sentido de equidad los esfuerzos que en Coahuila y en Saltillo se hacen para contribuir al bien de México. La mamá del joven que estudiaba en otra ciudad le preguntó: "¿Estás saliendo con muchachas buenas?". "Sí, mamá -respondió él-. No tengo dinero para salir con muchachas malas". A la recién casada le conmovía ver cómo su flamante maridito se persignaba y hacía una silenciosa oración antes de consumir los alimentos. Un día fueron a comer en la casa de los papás de la muchacha, y ella se sorprendió al advertir que su esposo se disponía sin más a dar buena cuenta de la comida. Le preguntó: "¿Por qué aquí no te persignas ni rezas?". Explicó él: "Tu mamá sí sabe cocinar". La superiora del convento de la Reverberación fue a quejarse con el ingeniero a cargo de la obra que se estaba construyendo al lado. Le dijo que los trabajadores usaban un lenguaje que ofendía los castos oídos de las monjas y novicias de su claustro. "Entienda usted, madre -respondió con una sonrisa el ingeniero-. Los albañiles son gente del pueblo. Llaman al pan pan y al vino vino". "No es así -lo corrigió la reverenda-. Al pan lo llaman 'el méndigo birote' y al vino le dicen 'el chingado pisto'". FIN.    
MIRADOR.        
Por Armando FUENTES AGUIRRE.    
Este hombre viejo está recordando su peregrinación a Compostela.    
Hizo el Camino de Santiago a los 20 años. Su guía fue el libro que escribió Walter Starkie, un irlandés que amó entrañablemente a España, a su gente -sobre todo a los gitanos- y a su música.    
En su andar el caminante encuentra a compañeros del más diverso jaez. Saluda a uno y el hombre no le contesta. En vez de eso le muestra un papel que dice: "Camino con voto de silencio". Otro le cuenta que va a Santiago en expiación de sus pecados. "Todos son de la carne -le dice-, por eso espero que el Apóstol intercederá por mí. Los pecados de la carne son menos pecados que los del espíritu".    
El viajero se topa con un peregrino vestido con hábito de franciscano. "Buenos días, padre". "No soy padre". "¿Entonces?". "Se me acabó la ropa, y no tengo para comprar otra. Por acá se usa que en los conventos los monjes den un hábito de su orden para enterrar con él a un pobre. Yo pedí uno y me lo dieron. Así voy, bien abrigado, y limosnas no me faltan".      
De todo hay en el Camino de Santiago.    
De todo hay en el camino de la vida.    
¡Hasta mañana!...  
MANGANITAS.
Por AFA. ".
Darán ayuda económica a los 'ninis', jóvenes que ni estudian ni trabajan.".      
Esa ayuda singular    
causará seguramente    
que menos vaya esa gente    
a estudiar o a trabajar.