Opinion

Coronavirus y los Derechos Humanos

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Ruth Fierro Pineda

domingo, 24 mayo 2020 | 05:00

El pasado miércoles 20 de mayo se llevó a cabo el “Foro Digital de Análisis de la Crisis Sanitaria, Económica y Social”, en el que el Movimiento Estatal de Mujeres participó activamente, presentando la perspectiva desde diferentes organizaciones de derechos humanos que realizamos nuestra labor en la entidad. 

Las organizaciones coincidimos con preocupación en que la actual crisis, evidencia y agudiza las enormes desigualdades que existen en nuestra sociedad. Esto queda claro cuando no todas las personas pueden quedarse en casa a resguardarse del nuevo virus, porque no tienen opción más que salir a trabajar para poder llevar comida a su familia; tampoco las niñas y niños y jóvenes tienen las mismas condiciones para continuar sus estudios y depende en buena medida del acceso a una computadora y al internet; por último, existen regiones en el estado donde existen muchos obstáculos para acceder a la atención sanitaria, el agua potable y demás insumos para la protección y prevención de la enfermedad. 

Aunado a lo anterior, las violencias y violaciones de derechos humanos no se detienen por la cuarentena. La violencia familiar aumenta por el confinamiento y denunciarla se vuelve muy difícil para la víctimas que se encuentran todo el tiempo bajo el control de su agresor; como desde hace muchas décadas, se continúa con la explotación ilegal de los recursos naturales y se mantienen invadidos muchos territorios indígenas; tampoco las agresiones en contra de las personas defensoras de derechos humanos han cesado. 

La discusión pública está prácticamente acaparada por el coronavirus y se vuelve muy complicado colocar temas de derechos humanos de enorme relevancia y como ejemplo, el pasado 11 de mayo pasó prácticamente inadvertido para la mayoría de la gente, la emisión  del Decreto Presidencial sobre la utilización de las Fuerzas Armadas en tareas de Seguridad Pública, mismo que no se apega a los estándares internacionales dictados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en una sentencia contra México por la desaparición forzada de la familia Alvarado, ocurrida en Chihuahua desde el 2009.

Ante esta situación sin precedentes, la perspectiva a futuro es incierta, lo único que tenemos por cierto es que la crisis económica por la que atravesamos, se irá agudizando y de nueva cuenta tendrá impactos diferenciados y aumentados para las personas que ya se encuentran en una condición de vulnerabilidad. 

El Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, emitió un mensaje el pasado mes de abril, en el que reconoció que la pandemia de COVID-19, además de ser una emergencia de salud pública, es una crisis económica, social y humana que se está convirtiendo rápidamente en una crisis de derechos humanos, por lo que exhortó a los gobiernos del mundo para que las respuestas proporcionadas tengan como guía los derechos humanos[1]. De su iniciativa, resaltamos los siguientes puntos.

1-Los gobiernos deben garantizar el acceso universal a la atención sanitaria y acceso a los servicios esenciales como el agua potable.

2-Las respuestas deben ser con equidad. Ejemplos de buenas prácticas basadas en los derechos humanos en algunos países:

  • La suspensión de los desalojos de viviendas por impago de alquileres durante la crisis
  • Mantener los empleos y los salarios mediante medidas económicas específicas, en algunos casos similares a la obtención de ingresos universales, y apoyar a los empleadores y las empresas
  • Asegurar un refugio de emergencia para las personas sin hogar.
  • Ampliar las respuestas a la violencia en el hogar para las víctimas de abusos.
  • Proporcionar atención infantil a los trabajadores de servicios esenciales
  • Concesión temporal de derechos de residencia a todos los migrantes y solicitantes de asilo en situación irregular, dándoles pleno acceso a la atención de sanitaria nacional a medida que el brote se intensifica, reduciendo así los riesgos para la salud pública en general
  • Adopción de medidas específicas para proteger a los grupos vulnerables, entre ellos las personas con discapacidades, las personas sin hogar y los jóvenes que viven en instituciones, o suspender la detención de migrantes irregulares
  • Garantizar que los paquetes de estímulo y otras respuestas para mitigar los efectos económicos de la pandemia se centren en las personas y apoyen adecuadamente a los grupos más afectados por la pérdida de sus medios de vida, y más en general a las personas y grupos sin acceso a las redes de seguridad social.

3-Todas las personas deben involucrarse en la respuesta. 

La participación efectiva en la respuesta requiere que la gente esté informada, que participe en las decisiones que la afectan y que vea que las medidas que se tomen son necesarias, razonables y proporcionales para combatir el virus y salvar vidas.

Este es un momento en el que, más que nunca, los gobiernos necesitan ser abiertos y transparentes, responder y rendir cuentas a las personas que tratan de proteger. Se debe facilitar la contribución de las organizaciones de la sociedad civil, así como del sector privado y de las empresas, para lo cual es indispensable garantizar que la información fiable y precisa llegue a todas las personas, poniéndola a disposición en diferentes formatos e idiomas fácilmente comprensibles, incluidas las lenguas indígenas y las de las minorías, adaptándola a las personas con necesidades específicas, como las personas con discapacidad visual y auditiva, y difundiéndola a las personas con capacidad limitada o nula de lectura, o que carecen de acceso a Internet y a las fuentes habituales de los medios de comunicación.

4- Reflexionar para crear un futuro mejor

Cuando nos recuperemos, debemos ser mejores que antes. ¿En qué mundo queremos vivir cuando todo esto termine? La forma en que respondamos ahora puede ayudar a dar forma a ese futuro, para bien o para mal. Es fundamental considerar el largo plazo al planificar nuestras respuestas a corto plazo. Los derechos humanos nos ayudan a responder a las prioridades inmediatas y a desarrollar estrategias de prevención para el futuro.

Otras instancias y organizaciones internacionales también han hecho énfasis en la necesidad de reflexionar sobre el cuidado del medio ambiente y las políticas públicas que se aplican o deberían aplicar con este propósito.

Además de las recomendaciones del Secretario General, en nuestro contexto particular es fundamental seguir construyendo una estrategia para responder efectivamente a las mujeres, niñas y niños víctimas de violencia, especialmente para facilitar la denuncia oportuna que puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Por otro lado, la situación actual que nos mantiene a la mayoría de las personas en casa, nos ha hecho reflexionar sobre la división sexual del trabajo y sobre quiénes recaen las responsabilidades del cuidado y el hogar, por esto recordamos nuevamente la importancia de contar con una política pública sobre el cuidado, entendidas como “aquellas acciones públicas referidas a la organización social y económica del trabajo destinado a garantizar el bienestar físico y emocional cotidiano de las personas con algún nivel de dependencia. Estas políticas consideran tanto a los destinatarios del cuidado, como a las personas proveedoras e incluyen medidas destinadas tanto a garantizar el acceso a servicios, tiempo y recursos para cuidar y ser cuidado, como a velar por su calidad mediante regulaciones y supervisiones.[2]”

Para el futuro próximo cuando haya pasado lo crítico de la crisis sanitaria, la prioridad de la política pública tiene que ser la atención de las necesidades alimentarias y la ocupación productiva. Así mismo, las reasignaciones presupuestales o recursos extraordinarios deben destinarse en abatir la desigualdad y no sólo beneficiar a quienes se encuentran en una situación de mayor privilegio. 

En el aspecto económico, consideramos que hay cuatro acciones concretas que servirían para mitigar las consecuencias de la crisis, éstas son: priorizar la mano de obra local en la ejecución de obra pública a través de los mecanismos que establece la ley; fomentar con fuerza el consumo de productos, servicios y turismo local; establecer un control estricto de precios a los alimentos de la canasta básica para evitar la especulación y; re-analizar con la federación nuestros mecanismos de coordinación fiscal, a fin de contar con mayores recursos para atender las prioridades locales. 

Sin duda, es el momento propicio para empezar a cuestionar nuestro modelo económico que ha generado las enormes desigualdades sociales que hoy más que nunca se acentúan. 

Todas la crisis son detonadoras del cambio y está es una oportunidad sin igual para repensarnos y reconstruirnos como sociedad, por eso más que nunca tenemos que esforzarnos por transitar del “yo” al “nosotros y nosotras”, asumirnos como una colectividad que se sostenga sobre la solidaridad como valor central. Todavía no podemos conocer la magnitud de las consecuencias de estas crisis causadas por el nuevo virus que sorprendió al mundo entero, pero es seguro que la forma de salir adelante requerirá del esfuerzo de todos los diferentes actores de la sociedad.

Por lo anterior, es indispensable impulsar una estrategia para ponernos en esa lógica de solidaridad, en donde tenga sentido el consumo local, la ayuda mutua, la construcción colectiva de soluciones. Siguiendo la idea plasmada por John F. Keneddy en su toma de protesta, es el momento de dejar de pensar qué puede hacer mi ciudad, mi estado y mi país por mí, para empezar a pensar qué podemos hacer por Chihuahua y por México. 

Por último, es importante destacar la relevancia y oportunidad de ejercicios de gobierno abierto en donde todas las voces tengan cabida. 

[1] Organización de las Naciones Unidas. (23 de abril de 2020). Seis formas de responder al coronavirus desde los derechos humanos. https://news.un.org/es/story/2020/04/1473332 

[2] Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (s.f.). Sobre el cuidado y la políticas de cuidado. https://www.cepal.org/es/sobre-el-cuidado-y-las-politicas-de-cuidado