Opinion

Corral sin gobierno ni partido

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Javier Realyvázquez

domingo, 04 octubre 2020 | 05:00

Pareciera que el pasado 25 de junio concluyó, en los hechos, el gobierno de Javier Corral. Aquella jornada gris que acabó de eclipsar un periodo enmarcado por la falta de dirección y liderazgo, habría de exhibir la pérdida de cualquier margen de poder real en la investidura. 

El rechazo a su reforma electoral, con el voto dividido de los diputados del PAN, permitía entender que el proceso para la renovación del mandato estaba ya en marcha, y que la oportunidad para heredarle el cargo a alguien de su entera confianza se extinguía por completo. Las fuerzas políticas comenzaban a decantarse y a obedecer a otros intereses. 

La detención del ex gobernador César Duarte en Florida, ajustada a la agenda programada para la visita de Andrés Manuel a tierras norteamericanas, parecía una concesión federal para que Corral pudiera seguir en el juego. Se especuló incluso una negociación de alto nivel para privilegiar la alternancia en Chihuahua. 

Sin contar aún con una sentencia que autorizara la extradición de Duarte a México, las reacciones de júbilo en Palacio no se hicieron esperar. La soberbia de quien se siente vencedor y merecedor de la máxima gloria, aderezó las declaraciones oficiales. 

Tanta fue la arrogancia, que fuera de sí, Corral decidió irse en contra de quienes ostentan hasta hoy una marcada preferencia en todas las mediciones serías de cara a la elección de gobernador en 2021, y quienes, a su vez, van asumiendo un rol de mayor operación política. 

Tanto Cruz Pérez Cuéllar de Morena, como Maru Campos de Acción Nacional, fueron blanco de dichas insidias, acusados de complicidad con Duarte. Y no conforme, se advertía además que la corrupción imputada al ex gobernador, “salpicaba” a diferentes actores políticos panistas, quienes inclusive “le llamaban jefe”.  

La persecución política cuyo objetivo primario se planteaba descarrilar a ambos aspirantes, los únicos con posibilidades reales de triunfo en condiciones imparciales, se ofrecía ahora como un factor adicional a la competencia legítima, y como un todo o nada, la apuesta máxima de la casa.  

Han transcurrido cerca de tres meses, y las acusaciones de Corral Jurado cada vez se asemejan más a los gritos del niño que gritaba “lobo”. 

La desesperación entre los fieles corralistas comienza a evidenciarse con el paso de los días, pues no atinan a comprender si en verdad se cuenta con un as bajo la manga o ha sido puro bluf, si se presentarán pruebas contundentes para detener y procesar a Maru y a Cruz. 

En el otro flanco, lo que se traducía como el resultado de una serie de acuerdos entre López Obrador y Corral, terminó por convertirse en una afrenta frontal que trastoca ahora los límites de lo meramente político, para vulnerar la seguridad de todos los habitantes en el estado.  

La toma de la presa La Boquilla por productores agrícolas de la región de El Conchos, la militarización de toda la zona con centenares de elementos de la Guardia Nacional, y el atentado perpetuado por algunos de estos elementos contra dos de los participantes en dicha toma, Jessy Silva y Jaime Torres, que derivó en el asesinato de la primera, colocaron a Corral contra la espada y la pared.  

El conflicto por la apertura de las presas del estado para pagar a Estados Unidos lo convenido en el tratado de 1944, comenzó desde meses atrás. Hasta entonces, Corral había nadado de muertito. Se advertía una posición neutral para mantener la relación estable con AMLO, que le permitiera llegar a la elección del 21 bajo los términos acordados. 

Bien se lo reclamaría Lacho de las Casas en aquella carta del 24 de agosto, “cuando fuiste a México a denunciar y reclamar Justicia para Chihuahua, ahí estuvimos, pero ahora cuando se requiere tu respaldo para una problemática distinta, según el criterio acá imperante es que quieres quedar bien con el gobierno federal y te olvidas del pueblo que te eligió”, y concluye “el pueblo no olvida, próximamente terminarás”. 

La bomba le estalló en la cara, y no tuvo de otra. Hoy, no solamente se ha visto obligado a tomar parte para defender lo que a los productores chihuahuenses pertenece, sino que ha terminado por empeñar su futuro político y el de su grupo cada vez más reducido por mantenerse a raya tanto tiempo. 

Andrés Manuel vino este viernes a Ciudad Juárez, ninguneó a Corral porque lo entiende carente del más mínimo prestigio, y lo dejó fuera de su agenda.  

Si se confirma la presunta definición del presidente a favor de Pérez Cuéllar para cerrar filas y abanderarlo por Morena rumbo a la gubernatura al viejo estilo priista, y si el gobernador sigue sin presentar una sola evidencia real en su contra, no habrá opción alguna para el PAN que valga la posibilidad de mantenerse en el gobierno estatal, fuera de lo que hoy representa la alcaldesa capitalina.