Opinion

¿Cuál candidato lleva la delantera: Maru Campos o Loera?

.

José Díaz López

sábado, 01 mayo 2021 | 05:00

Los teóricos de las elecciones, afirman que “las elecciones se ganan antes de empezarlas”.  Ese margen de apoyo electoral, es lo que se denomina “predisposición electoral” o “piso del inicio de campaña”. 

Precisamente  en  esa  “predisposición electoral”, es dónde, pensamos, que está la decisión en estas elecciones. 

¿Con cuántos votos inició Loera su campaña?; y ¿con cuántos inició Maru Campos?  

¿Sirve como punto de partida tomar en cuenta los resultados de otras elecciones anteriores?: no sirven, no son útiles, para anticipar el resultado.

Y ello es así, porque ahora existe un nuevo dato de referencia, como lo es el enorme número de beneficiarios de los programas sociales que administró y cuyos beneficios entregó personalmente Loera. 

¿Y ese mundo de votos va a salir a votar? Y ¿por quién van a votar? 

Ahí está, desde nuestra perspectiva, la consecución o no de la gubernatura y todos los puestos involucrados en esta elección.  

Todos vemos que la contienda por la gubernatura está muy competida, muy polarizada en las redes sociales. Pero no sabemos si ya está definida a la luz de los datos anteriores. 

En circunstancias normales como han sido las elecciones anteriores, en nuestro estado la lucha por la gubernatura, siempre ha sido muy peleada. Y mucho más ahora en que las redes sociales irrumpen con un poder desbordante el espacio democrático. 

En los medios digitales la pelea por la persuasión política y la disputa de poder  de los liderazgos cibernéticos,  gozan de la casi absoluta e intocable Libertad de Expresión.  

Y la lucha por la influencia política ya no se da cara a cara, como era lo normal en toda democracia desde los romanos antiguos;  sino ahora el poder está en link y dar el “like”, en el "me gusta”, y la influencia del “reenviar” mensajes y memes y videos del tik tok entre grupos sociales, deportivos, políticos religiosos, de amigos,  familiares de whatsapp y del face.   

Todos sabemos que el Covid puso patas p’arriba a todo el planeta. Y a las campañas electorales también. Además tenemos prohibida la movilidad social, excepto para comprar los alimentos y medio trabajar. Y hasta ahí llega nuestra vida normal. La actividad social normal, excepto los hospitales, está en semáforo rojo. Con el Covid hasta la semiótica de los signos de tránsito vehicular, se extrapolaron a la vida per se de los seres humanos. Igual que surgió la semiótica del Covid, se construyó la semiótica de la existencia humana en tiempos de pandemia.

La normalidad social está trunca, pero en el espacio digital, hay más actividad social que nunca. Los súper cierres consustanciales, y a veces necesarios, para tratar de administrar los peligrosos  índices del contagio, han llevado a los ciudadanos a interactuar, y con más movilidad que nunca, en las redes sociales.  

Con un poco de tiempo en el caminar por las calles de los medios digitales, es relativamente fácil evitar las olas de contagio de las fake news, púes los electores cibernéticos, decodifican casi instantáneamente el contenido de las guerras sucias y sus fake news.  

Las guerras sucias llegaron para quedarse desde los romanos antiguos, pero en el face y el whatsapp y twitter la verdad prevalece más temprano que tarde. 

Y por eso la vida democrática se ha enriquecido muchísimo en tiempos del Covid, gracias al uso de esas aplicaciones digitales. 

Incluso los que ofertan a los candidatos granjas de bots, como armas de la propaganda electoral, cada día valen menos y pronto serán hasta innecesarios como estrategia de convencimiento electoral.  Ya nadie le cree a los bots que manejan Calderón y Claudio X González por ejemplo, ante la contundente realidad de las reformas políticas y sociales que vemos con nuestros propios ojos. 

Las mentiras, la injuria, los insultos, la denostación del adversario, el odio político, el miedo al cambio del status quo, que tratan de inyectar los bots  en el ánimo, profundamente democrático de los ciudadanos del googlie, no cuentan, no pesan, no influyen, no persuaden, como antes, por la sencilla razón de que los segmentos sociales más vulnerables de la economía, pese a la tremenda crisis de todo el sistema, tienen para comer, medio tranquilos. 

Todo lo que es verdad circula, y aunque las fake news acechan a cada paso en el espacio digital, tratando de desorientar o persuadir con mentiras a los seguidores, lo cierto es que los ciudadanos de la polis digital, ya no son fáciles de engañar.