Opinion

Cuando la religión se mezcla con la educación

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Verónica Villegas Garza

sábado, 21 marzo 2020 | 05:00

Las guerras más terribles y los conflictos más grandes entre los países se han dado en nombre de la religión, la historia registra numerosos ejemplo de estas luchas y sin ir más lejos una de las más crueles que ha sufrido nuestro país se dio con la llamada Guerra de Reforma en 1857, la lucha entre republicanos y conservadores por liberar a la nación mexicana del yugo que sufría por parte de la iglesia católica costó años de sufrimiento y entre hermanos mexicanos, además de la imposición de un monarca extranjero; no por eso la separación de la Iglesia y Estado continúa siendo uno de los logros más preciados de esa época.

El ejercicio de las convicciones religiosas, a partir de ese momento se convirtió primeramente en una Garantía Individual y posteriormente en   un Derecho Humano fundamental garantizado en todos los lineamientos legales existentes, es decir, tendremos derecho de creer en Dios, Buda, Mahoma, la Santa Muerte, Joseph Smith o en el Conejo de la luna y nadie podrá juzgarnos o censurarnos por esta creencia, para eso existen normas de carácter  jurídico que nos protegen y garantizan para que podamos practicar en total libertad las creencias religiosas que más nos convengan, siempre en el ámbito privado de nuestras vidas, pero ese mismo lineamiento nos va a prohibir  de manera expresa el llevar estas expresiones religiosas al ámbito público de nuestro trabajo, sobre todo y con más razón el tratar de imponerlas en el ámbito educativo.

El artículo tercero Constitucional es muy claro cuando establece que le corresponderá al Estado la rectoría de la educación obligatoria, universal, inclusiva, pública, gratuita y laica, y que la misma se basará en el respeto irrestricto de la dignidad de las personas, con un enfoque de derechos humanos y de igualdad sustantiva, fomentará el respeto a todos los derechos, las libertades y la solidaridad internacional, promoverá la honestidad, los valores y la mejora continua del proceso de enseñanza aprendizaje.

Además, continúa la normatividad legal, la educación debe contribuir al desarrollo integral del educando para que ejerza plena y responsablemente sus capacidades, con perspectiva de género y en un marco de equidad que permita una convivencia social armónica y justa.

Los audios ya conocidos por todos donde la directora Ortuño del Colegio de Bachilleres niega los derechos sexuales de los adolescentes, basándose en argumentos simplistas de tipo biológico e ignorando, espero que no sea de forma dolosa, que en la construcción de la sexualidad entran una serie de factores sociales, culturales e históricos y políticos, no demuestra más que su muy profunda convicción conservadora y reaccionaria, forma de pensar muy respetable, pero el externarlo y tratar de imponerlo en una escuela laica y pública como es el Colegio de Bachilleres raya en una violación total de las Constitución federal y local, las Leyes de educación y los Convenios internacionales de los cuales México es parte y ella como empleada pública tendría la obligación de cumplir. 

En el límite de la imprudencia en sus comentarios, la Directora del Colegio de Bachilleres olvida que trata con y que se dirige a adolescentes, que debe tener el mayor de los cuidados en el lenguaje que emplea con ellos ya que se encuentran en el proceso de formación de sus habilidades socioemocionales, la agresión verbal que efectúa al llamar “machorras” a niñas que, en su conservador punto de vista, no encajan en su visión de cómo deben actuar y verse las mujeres, podría causar daño en la auto estima de las menores y al mismo tiempo da pie y permiso a que sean objeto de burla por parte de sus compañeros, bajo la premisa que si la figura de autoridad como ella lo hace, pues también ellos podrían hacerlo. 

Concluyo, el Colegio de Bachilleres es, con mucho, la primera opción de educación media superior en Chihuahua, es una institución educativa entrañable para la mayoría de los chihuahuenses, todos de una u otra forma tenemos recuerdos de adolescencia ligados a sus aulas y a sus maestros, pasamos parte de nuestra juventud en sus salones o cuando menos tenemos a algún ser querido que estudio en sus planteles, por eso, de verdad duele y es una pena que una escuela tan querida se haya convertido en un botín de ideas tan alejadas de una educación laica.

@AprendizDeJedi