Opinion
Propedéutica para Neto

¿Cuánto me toca? ¿castigo o mérito?

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Jesús Guerrero

sábado, 12 noviembre 2022 | 05:00

En colaboraciones anteriores comentamos que únicamente la persona que realiza un acto humano de forma voluntaria y deliberada, puede ser responsable moralmente de éste; analizamos los obstáculos en su realización, el miedo, la pasión, la ignorancia, etc., hoy, platicaremos acerca de la imputabilidad y responsabilidad del acto humano.

Toda persona es responsable de sus propios actos en la medida en que, sabiéndolo y queriéndolo, se propone realizarlo.  Las consecuencias del acto humano son la imputabilidad y la responsabilidad. 

La imputabilidad es la propiedad por la cual un acto humano puede con justicia ser atribuido a quien lo ejecutó consiente y libremente.  La idea fundamental que esta palabra encierra no es otra más que la atribución o endose de una acción determinada a una persona como autor libre de ella.  Así se atribuye el robo a quien libre y voluntariamente se apodera de un bien mueble sin el permiso o consentimiento de quien puede darlo, por ejemplo, el dueño de un vehículo o de artículos de una tienda.

Otro ejemplo, lo encontramos en el servidor público que en ejercicio de las atribuciones de su puesto tiene la administración de recursos públicos, me refiero específicamente a dinero, y dispone de este para ayudar a su pequeño hijo enfermo, incluso pensando que más adelante lo reembolsará; es un acto voluntario en sí mismo y es evidente que la persona sabe que está mal disponer del dinero y aun así lo toma para alcanzar el fin que se propone.

Si bien ayudar al niño enfermo es una acción buena, hacerlo mediante la disposición de recursos públicos no es una acción buena moral y jurídicamente; se atribuye en justicia la acción mala al servidor público porque no se puede justificar la disposición indebida de un recurso público, aunque sea para que su hijo recupere la salud, sobre todo en estos tiempos que existen otros medios o formas de disponer de recursos para atender al hijo y recupere así su salud.

Aprovechando el ejemplo anterior, comento que aplica también el principio que dice: el fin no justifica los medios; ¡sí! como lo lee, el fin no justifica los medios, contrario a lo que muchos desatinadamente afirman; este principio se justifica moralmente en el hecho de que no se puede alcanzar un fin bueno a través de un medio malo como el citado; para clarificar más pongamos otro ejemplo: ir de vacaciones con la familia a través de la República Mexicana, darse una vuelta por la Huasteca Potosina en plan familiar, es muy bueno, ¡cómo no! muy bueno verdad, pero, y aquí está el pero, robar un vehículo y disponer de un dinero que pertenece a la Asociación de Padres de Familia de la escuela de sus hijos, con el propósito de reponerlo, siempre va ser malo, simple y sencillamente porque un fin bueno, como es ir de vacaciones en familia, es evidente que no válida ni quita la malicia al objeto o finalidad mala que se persigue con el robo en sí, que consiste en privar injustamente a una persona de un bien que es de su propiedad o la disposición de recurso en ajeno, por eso se afirma que el fin no justifica los medios.

El acto humano en cuanto producto de la voluntad propia del individuo, guiada por la razón de éste, es el ejercicio real del dominio de la persona sobre su conducta, y aunque el acto esté acabado sigue siendo referible al autor como su acto.  La explicación básica de por qué fue hecho en lugar de no hacerlo es sencilla, es porque el autor lo quiso y, así, permanece relacionado con el por siempre y sólo con él.   Esta relación la expresamos por medio de las palabras responsabilidad e imputabilidad.

Responsabilidad e imputabilidad expresan la misma relación entre la persona y su acto, pero considerada esta relación desde dos puntos de vista distintos. En efecto, decimos por un lado que se atribuye a la persona ser la causa y culpable de una acción (imputabilidad) y, por otro que debe responder o dar cuenta de su acto (responsabilidad) ante una autoridad superior; la responsabilidad puede ser moral, jurídica o social.

Además, en la relación entre la persona que obra y el acto humano en sí mismo o acto realizado existe otra consecuencia que puede ser una recompensa o mérito debido a la bondad o, en su caso, el castigo que sobreviene a la maldad del acto realizado.   Las recompensas y castigos no se dan siempre e inmediatamente, pueden llegar con el tiempo; por ejemplo: en el caso de un soldado que le sea reconocido su heroísmo tiempo después de terminada una guerra, o una persona de quien se declara su santidad años después por la vida virtuosa que llevó.  Este derecho a una recompensa es la consecuencia del acto humano a la que se conoce como mérito, merecer algo significa ganarlo, ser acreedor a ello, o bien deberlo como un castigo.