Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Cuauhtémoc: tierra de luchas y grandes contrastes

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/ Llegada de los menonitas a San Antonio de los Arenales hoy Cuauhtémoc el 8 de marzo de 1922 (Foto: Parra Orozco Miguel Ángel)
/ Bajarían los menonitas de la estación de San Antonio de los Arenales, donde formarían la primera gran colonia menonita en México (Foto: Parra Orozco Miguel Ángel)
/ Don José Luis Gonzaga Jesús Daniel Terrazas Fuentes, mejor conocido como el general Luis Terrazas (Foto: Colección Familia Terrazas)

Oscar A. Viramontes Olivas

sábado, 11 julio 2020 | 05:00

Siempre ha sido para mí una satisfacción viajar de la ciudad de Chihuahua hacia la hermosa población de Cuauhtémoc, un lugar rodeado de maravillas naturales donde los paisajes se van transformando de manera vertiginosa desde la capital del estado, donde los mezquites y los huizaches dominan en el camino, en una importante transición que va transformándose en la medida que cambia la altitud, apreciándose después del matorral, el encino y los abundantes táscates que abundan en los lomeríos que rodean a la productiva región manzanera del municipio de Cuauhtémoc.     

Sin duda, Cuauhtémoc es una de las ciudades medias con mayor número de habitantes en el estado de Chihuahua, localizada al suroeste de la capital del Estado que al recorrer cerca de 100 kilómetros de distancia entre ambas entidades, nos encontramos con algunos lugares de mucho interés, entre los que se encuentran Santa Isabel, San Andrés y Anáhuac por mencionar sólo algunos. Esta enigmática y productiva región considerada como “la puerta” a la hermosa y majestuosa Sierra Tarahumara, con dos rutas que conducen a un sin número de regiones productivas, una de ella hacia el corredor comercial por la carretera número 5, donde los menonitas han establecido un gran centro productivo, ganadero y agrícola hasta la Colonia Álvaro Obregón, mejor conocida como “Rubio”, la tierra de don Artemio Iglesias, hombre de mucho colmillo que dejó honda huella en el ámbito político del estado de Chihuahua. La otra ruta por la carretera 16, que conduce a otros poblados no menos importantes que también son representativos en el “estado grande”.

Antiguamente, Cuauhtémoc tuvo sus antecedentes como “San Antonio de los Arenales”, que era la cabecera de la sección municipal de “La Laguna”, una población que formaba parte de la Sección municipal de Cusihuiriachi que había surgido alrededor del año de 1899; así mismo, por su dinamismo y crecimiento, el Congreso del Estado resolvería constituir a esta sección al rango de municipio el 5 de julio de 1927, por lo que se trasformaría con el nombre de Cuauhtémoc en honor del último emperador azteca. 

Algunos otros interesantes referentes de este hermoso lugar, fue la repartición de un gran latifundio que perteneció a la familia Zuloaga que contabilizaba casi medio millón de hectáreas, un mundo de tierra que estaba en manos de una familia y que por razones de justicia social, se tomaron decisiones muy atrevidas para desintegrar dicho latifundio. Otro evento sin duda de gran trascendencia histórica fue, la llegada a esa tierra bendita de “los Arenales” por tener la característica que en ciertas épocas del año, los vientos alcanzan velocidades fuertes que acarrean tolvaneras muy intensas. Aquí en ese lugar, llegarían los menonitas el 8 de marzo de 1922 y que gracias a la presencia del ferrocarril, empezarían arribar para poder construir sus cimientos en esta tierra desconocida para ellos, pero muy prometedora. 

Bajarían los menonitas de la estación de San Antonio de los Arenales, donde formarían la primera gran colonia menonita en México. Un dato muy interesante en este acontecimiento, es cuando hacemos referencia al ferrocarril que sin duda fue el medio de comunicación y trasporte que revolucionó al mundo y particularmente al norte de la República mexicana, representando la comunicación entre poblaciones tan alejadas y olvidadas en el infinito territorio del estado de Chihuahua. Sin embargo, para su construcción participarían una gran cantidad de braceros de origen asiático quienes una vez terminadas las grandes vías ferroviarias, decidirían quedarse en lo que hoy es Cuauhtémoc quienes se dedicarían primordialmente a la incipiente actividad restaurantera y comercial y bueno sin duda los chinos también dejaron mucho legado a esa zona del suroeste del Estado. 

Por otro lado, esta antigua estación del gran ferrocarril a la que hemos citado en este párrafo, es un referente de sacrificio, sangre, lucha y muchos sueños que se fueron haciendo realidad y que se traducirían en una desarrollo paulatino pero permanente, lo que generó un cambio vertiginoso de un pueblo pequeño y “polvoriento” a una zona de enorme progreso económico, político y social que le ha valido ser actualmente, una de las más importantes ciudades en el estado de Chihuahua.

La época del ferrocarril en San Antonio de los Arenales, marcaría un precedente en la vida de esta región, ya que en la época presidencial de don Porfirio Díaz Mori la expansión de las vías férreas estaban alcanzando niveles impredecibles en aquellos tiempos, lo que sin duda empezaría a movilizar la actividad comercial, el flujo de mercancías y además representó una alternativa poderosa para viajar de un lugar a otro sin necesidad de invertir largas jornadas de tiempo; así mismo, el ferrocarril fue un imán para atraer inversiones de todo tipo al enorme territorio del ahora Cuauhtémoc junto al traslado de cientos de miles de cabezas de ganado hacia la frontera y al sur del país, ganado que era criado en las grandes latifundios que existían en cada rincón de nuestro Estado y no se diga para beneficio de la actividad minera de los municipios de Cusihuiriachi y Maguarichi.

Cuando se empezó a implementar la estación del ferrocarril en San Antonio de los Arenales, ésta estaría dentro de una antigua bodega donde se almacenaban antiguamente alimento y utensilios para las labores del campo, así mismo, contaba con un corral enorme construido con adobe como se usaba en aquel tiempo, sin embargo esta pequeña y rústica construcción, sería clave para recibir a ese enorme mensajero de acero que traería progreso a la región. Esta construcción pertenecía a la familia Zuloaga, dueña de la hermosa Hacienda de Bustillos, hacienda representativa de la zona y cuyos antecedentes provienen desde los lejanos tiempos del siglo VIII, cuando un señor de nombre don Valerio Cortés del Rey, contraería matrimonio con la linda dama Magdalena de Echavarría el 11 de diciembre de 1653, estos importantes personajes de su tiempo, llegarían a tener una hacienda entre la antigua misión de Santa Isabel de los Tarahumaras y la “Laguna de Pacheco” ésta última conocida posteriormente  como “Hacienda de Bustillos”.    

Al paso del tiempo y después de una serie de ventas, compras y denuncios de tierras hasta la mitad del siglo XIX, el gobierno del estado vendería los terrenos de la llamada “Laguna de Pacheco”   al eminente señor don Gabino Cuilty, según se aprecia en el registro de la escritura del 30 de mayo de 1843. 

A partir de esa fecha se empezaría a conformar el latifundio junto a la enorme mancha de agua que estaba en medio del semi desierto, por lo que el mismo don Gabino 15 años después, haría una trato con su apreciable yerno el empresario, banquero, ganadero, político y general don José Luis Gonzaga Jesús Daniel Terrazas Fuentes, mejor conocido como “Luis Terrazas” quien estaba casado con una distinguida y bella dama de nombre doña Carolina Cuilty y que en el otoño de 1858 la compra se haría realidad en sociedad con don Pedro Zuloaga y don Carlos Moye, también empresarios y ganaderos. 

Finalmente para mediados de 1869, don Carlos vendería su parte al general don Luis Terrazas y este último para la primavera de 1870 se la vendería a Pedro Zuloaga quedando así como dueño absoluto. Finalmente cuatro años más tarde, don Pedro mandaría a construir “el casco” o la Casa Grande cuyas construcciones internas como caballerizas, los arreglos con cantera y la hermosa capilla dedicada a la Sagrada Familia donde un día tuve el privilegio de conocerla, sería obra de un reconocido arquitecto don Enrique Esperón que en la capital del estado también haría espectaculares obras. Sin duda todos estos antecedentes conforman enormes evidencias que hasta nuestros días, representa un ícono y referente del enorme progreso de la región de mi querido Cuauhtémoc. 

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Fuentes

Pueblos mineros: Zacarías Márquez. 

Parra Orozco Miguel Ángel 1999. Cuauhtémoc, Tierra Fértil y Prodigiosa. Servicios Informativos del Norte Editores. Fotos: 

violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh