Opinion

Culiacanazo en Juárez. No pasa nada

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Luis Javier Valero Flores
jueves, 07 noviembre 2019 | 05:00

Pasmados aún por la masacre de la familia LeBaron, la mayoría de los habitantes de las dos principales ciudades chihuahuenses regresaron aterrorizados a los escenarios de la anterior escalada violenta del 2008-2012.

En un hecho sin precedentes -por la magnitud y la presentación en tan breve tiempo- Juárez se vio envuelto, durante la tarde y noche del martes, en una oleada de violencia que motivó la puesta en vigor del “código rojo” de las corporaciones estatales de seguridad, en la que el principal mensaje fue el llamado a la población a no salir de sus casas.

En tres hechos diferentes seis personas fueron ejecutadas con disparos de armas de fuego e incineradas en sus vehículos, tres de ellos en uno solo; otros dos en otro y el sexto en su respectivo vehículo. 

A continuación, a lo largo de la noche, las instalaciones del Gobierno de Chihuahua y la Fiscalía Zona Norte fueron atacadas, también a balazos, además de la incineración de 16 vehículos, la mayor parte de ellos camiones de transporte urbano, además de la ejecución de otras tres personas, para un total de nueve en ese día.

Por añadidura, en las redes sociales, mediante las cuales los juarenses se informaban y alertaban del riesgo mayor que se corría en las primeras horas de la noche del martes, se conoció de un supuesto mensaje del grupo criminal en el que anunciaba que en adelante serían castigados los criminales asentados en el antiguo Paso del Norte.

De ese modo, la ciudad fue tomada por los criminales, en tanto las fuerzas policiales se acuartelaban. 

Al amanecer, se realizó un cateo al Cereso 3 de Juárez, celebrado exitosamente diría el gobernador Corral, quien, al tiempo que informaba de esto, desmentía que se hubiesen presentado balaceras en Juárez y que entre los objetivos de ellas hubiesen sido los edificios del Gobierno de Chihuahua. 

Pero mientras eso declaraba, cuadrillas de trabajadores estatales reparaban los cristales de la Fiscalía en los que se apreciaban nítidamente los orificios producidos por los proyectiles.

¡Aquí no pasa nada!

Al mismo tiempo, la capital del estado se cimbraba al ocurrir el asesinato de 14 personas en las últimas 48 horas, en las que, además, un bar fuera atacado mediante una bomba molotov.

Sin embargo, lo que puede ser una “simple” coincidencia con la masacre de la familia LeBaron, puede no serlo tanto si resultara cierta la información ofrecida por el general Homero Mendoza, jefe del Estado Mayor de la Secretaría de la Defensa, quien le atribuyó a la organización delictiva de 'La Línea', la autoría del asesinato colectivo de dicha familia, pero sin esclarecer los motivos de tan salvaje atentado, en virtud de la existencia de varios testimonios de los sobrevivientes en el sentido de que los sicarios tuvieron frente a sí a sus víctimas, todas mujeres o niños, razón por la que está descartada, de plano, la “confusión”.

Así, el terror ocurrido en un desértico paraje de las llanuras entre Sonora y Chihuahua, se presentó también en la principal ciudad fronteriza de México, del mismo modo que en Culiacán durante el “fallido” operativo para detener a Ovidio Guzmán, con lo que dramáticamente los cárteles criminales le han mostrado a la sociedad mexicana su enorme poderío, frente al cual las autoridades aparecen totalmente superadas.

Por si fuera poco, en otra zona rural de Chihuahua, en el municipio de Bocoyna, un grupo de sicarios abandonó cuatro cadáveres en la funeraria de San Juanito.

Mención aparte merece el gobernante chihuahuense, Javier Corral. 

Primero se tardó más de 10 horas en enviar un mensaje por Twitter en relación con la masacre de los LeBaron, y luego, ante las plenas evidencias del terror desatado en Juárez, mintió descaradamente al negar que se hubiesen presentado las balaceras, tras minimizar el hecho de que fuesen incendiados 16 vehículos, entre camiones y autos particulares, amén de que uno de los camiones fuera incendiado con trabajadores a bordo, los que resultaron con quemaduras de primero y segundo grado, además de un ataque a un edificio contiguo a las instalaciones de la Fiscalía estatal, de acuerdo con reportes oficiales.

¡Aquí no pasa nada!

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