Opinion

Cultura pequeña, nómina grande

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Gabriela Borunda

domingo, 26 septiembre 2021 | 05:00

El Instituto Chihuahuense de Cultura ha sido desde el período de Patricio Martínez un monstruo muy extraño, el Ichicult tenía un organigrama mucho más pequeño que la Red Estatal de Bibliotecas, sólo a Patricio Martínez se le ocurrió meter algo más grande en algo más pequeño. Pero el Ichicult es históricamente un problema presupuestal donde se ha manejado el dinero en forma discrecional; un problema de castas donde sus trabajadores se sienten nobles de Versalles y donde algunos burócratas cobraron dos y tres veces por una comisión, así que ni discretos son.

Mi memoria no es impecable pero es implacable. De mis años de universitaria recuerdo algunos personajes y sus historias. Recuerdo por ejemplo al dramaturgo y teatrista Mario Humberto Chávez, cuya obra no ha sido debidamente recopilada, promovida, y presumida, porque es crítica, maravillosa y atemporal. Siempre que tenías reunión con él, llevaba una red de mandado con pan, salchicha, tomates, juguetes: porque recordaba que en su juventud como estudiante de Salvador Novo en la Ciudad de México, llegó a pasar mucha hambre y todos sus maestros le ofrecían un trago -sofisticados como eran- pero a ninguno de ellos se le ocurrió que ese joven talentoso quería comer; el dramaturgo fue una dulzura  que brotaba en tomates sobre la mesa, y te daba una muñeca o un oso de peluche, porque la vida de un joven creador no se podía ir sólo en trabajar.

Tenía también el dolor de haber salido en los periódicos como un ladrón y un vivales, que había despojado al estado de millones de viejos pesos -de aquellos que tenían tres ceros  más, y haber sido un perseguido político- , cuando en realidad se trataba de un hombre ingenuo, desconocedor del maremágnum de tranzas que se gestaba a su espalda; firmaba lo que le ponían enfrente, apoyaba a los creadores, y desde ese pequeño instituto  creo la Editorial Solar… editorial que aún vive. 

El problema con las actividades culturales es que no tienen una línea clara de trabajo y los gastos se dispersan, por ejemplo el maestro José Lucero puede vender uno de sus cuadros en 80,000 pesos y yo no vendo un poema ni en 500 pesos, la actividad literaria es en la mayoría de los casos gratuita, sin embargo a los escritores se nos hacen recibos de participación que no especifican nada, ni siquiera la existencia de un pago. Por eso, sí es que Javier Corral dejó una deuda escondida, es probable que se encuentre en la Secretaría de Cultura, ayer Ichicult y antier Cidech. 

A Concha fifí Landa, la exsecretaria de Cultura, la veía yo de lejos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH, no pensaba rozarse con los alumnos, y la conocí por su manera de concebir la construcción de conocimiento como un asunto para el bien de las élites. Un día me encontré en los pasillos a Carolina llorando, y al resto del grupo maldiciendo a Concha Landa (no estoy segura que no le hayan hecho un muñeco vudú). El asunto es que Landa había pedido que el grupo leyera un libro específico para presentar evaluación la semana siguiente, los compañeros se dieron a la tarea de buscarlos, por todo Chihuahua, por todo México e incluso lo buscaron a través de un amigo argentino, ese libro no existía en este continente y así se lo explicaron a Conchita. Ella muy profesional y elitista respondió a los alumnos que si tuvieran verdadero interés, juntarían dinero entre todos para pagar el viaje redondo de alguno de ellos, que se fuera a buscarlo a Madrid, donde el ejemplar del libro era abundante: saldría el viernes, volvía el lunes con el libro. Y aunque no era ético fotocopiar un libro, ella les iba a permitir fotocopiarlo, y para el viernes, todos podrían presentar su evaluación. No… los creadores artísticos no la vamos a extrañar.

Cuando Landa entró en sustitución de Águeda Lozano recordé las costumbres de algunos hombres, como por ejemplo el siempre irritante Diego Fernández de Cevallos, el abogado más mañoso de México, que dijo que lo que él hacía no era peculado, sino reasignación estratégica del recurso público en programas privados; no, pue así ya no hay pendejos, sólo son inteligentes alternativos.

Sé que es de muy mal gusto poner todo un organigrama en una columna editorial, pero por favor ténganme paciencia y les voy a transcribir todos los departamentos que tiene la dichosa Secretaría de Cultura de Landa (o de Corral mismo), un mamotreto de organigrama, supongo que fueron todos los sinónimos que pudieron encontrar para esconder la duplicidad y opacidad de funciones. Ahí le va: Departamento jurídico; Departamento de archivo histórico;  Departamento de bibliotecas y fomento a la escritura; Departamento de capacitación en gestión documental; Departamento de cinematografía y gestión fílmica; Departamento de comunicación y difusión; Departamento de control, información y seguimiento; Departamento de desarrollo comunitario y animación cultural; Departamento de desarrollo cultural y Departamento de desarrollo cultural (Yo me quedé con la misma duda que usted); Departamento de difusión y mercadotecnia cultural (y es la propia secretaría la que no le paga a los creadores); Departamento de empresas culturales (¿que eso no quedaba incluido en mercadotecnia?); Departamento de gestión y conservación documental; Departamento de infraestructura y programación cultural;  Departamento de museos (¿esos que son infraestructura?); Departamento de patrimonio cultural; Departamento de patrimonio material (¿?); Departamento de patrimonio tangible e intangible; Departamento de planeación, programación y presupuesto; Departamento de programación (se la pasan planeando y programando, ojalá fueran iguales para pagar a los creadores) y desarrollo artístico; Departamento de publicaciones y fomento a la lectura y escritura, (esa que también duplica las funciones del departamento de bibliotecas y fomento a la escritura); Departamento de recursos humanos y financieros; Departamento de recursos humanos y financieros (¿Otra vez?); casi pone un departamento de valses de quinceaños.

Son funciones divididas y multiplicadas, pudiera pensarse que para darle dinero a sus compas y lavar y planchar lo mal habido, el quehacer artístico permite firmar documentos que justifican gastos en el Corte Inglés de Madrid. Esta división extrema de funciones en una secretaría de Estado, alienta el derroche y el malgasto de fondos. Con leer esa cátedra de sinónimos que nos dejó Conchita, pudiéramos explicarnos muy bien porqué una creadora íntegra como Águeda Lozano, se negó a cabalgar esa estructura y dejó a Corral con un palmo de narices. No se puede gastar ese dinero en viajecitos a Europa en un momento en que los hospitales públicos están sin medicinas, los médicos sin sueldo y los hospitales sin techo.

Por eso celebramos la llegada de Rebeca Alejandra Enríquez Gutiérrez y espero que como la señora de la casa, llegue haciendo limpieza y auditorías; si faltare dinero -y puede que muy probablemente falte-  tengo un presentimiento de dónde se pudieron planchar y lavar los billetes, y le suplico que achique esa secretaría retacada de administradores, abogados, contadores, y cuente conmigo que ya me acostumbré a trabajar gratis. 

Si se preguntan porque hasta ahora aparece esta crítica, también vale decir que en torno la Secretaría de Cultura presidida por Concha Landa se reunieron muchas figuras de pseudo creadoes y porros sumamente violentos, por lo que ya compilé mi propia antología de insulto, pero esos tiempos ya se fueron.

No podemos olvidar que el Fonca y las instituciones de cultura fueron creadas por Carlos Salinas de Gortari para comprar la conciencia de los creadores e intelectuales, y sus jóvenes pupilos, que podrían desestabilizar su gobierno y denunciar el fraude electoral, y parece que a algunos creadores salieron muy bien comprados, pero yo no estoy en bazar, y espero la auditoría que reforme ese monstruo traga-dinero y reliquia del otro sexenio.