Opinion

De la tierra

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Gabriela Borunda

domingo, 24 abril 2022 | 05:00

Cuando uno es peatón y recibe de la resolana de golpe se pregunta qué estaba pensando Deza y Ulloa cuando fundó esta ciudad en el desierto: en los ríos, en las minas, en la belleza del cielo. Por que no, no hay nada más hermoso que la belleza del cielo en el desierto.

Pero esta ciudad amada, con su catedral barroca, y sus antiquísimas casas tiene la desdicha de haber sido construida muy al norte, donde la gente está enamorada de la arquitectura gringa de los malls, el cemento y el cartón.

El valor de la tierra, cuando después de las vacaciones todos los niños decíamos a coro “fui al rancho”, ese pueblito amado con arquitectura de tierra y ventanas veladas por las cortinas de punto tejidas por las abuelas.

Los tatuados somos un amor, un quede del barroco, el gusto por adornar la piel, por mucho que la gente crea y diga que el cuerpo, el alma y la ciudad deben ser rectos y de gris cemento.

El primer gran golpe a la ciudad se lo dio el gobernador Oscar Flores, quien fue a la ciudad de El Paso, Texas, vio las calles derechitas y decidió que igual quería las calles en Chihuahua, así fue como cayó destruido el antiguo Teatro de los Héroes del que sólo sabemos que era muy hermoso. Luego Patricio Martínez en su reconstrucción de la ciudad destruyó el hermoso Hotel Apolo, sus leyendas, su artesonado, sus amores de fantasía, todo acabó en unas fuentes pedorras que ni agua tienen. El exgobernador César Duarte le partió su mamá a las antiguas construcciones subterráneas del centro de la ciudad. Cuando iniciaron la construcción central del entonces Vivebús, se encontraron antiguas construcciones, que bien pudieron ser los asentamientos rarámuris previos a su desplazamiento a la sierra, antiguos grupos nómadas, o sencillamente las construcciones de los primeros colonos españoles. Pero en lugar de detener la obra y permitir que los arqueólogos entraran, se apresuraron en llenar todo de cemento.

¡Que obsesión con el cemento! Los que crecimos en edad y en intelecto bajo la luz de las conversaciones con Jesús Vargas en el Calicanto, recordaremos que aquella no era una casa, sino media casa, Oscar Flores rebanó esa casa para hacer de la calle Aldama una calle recta, así que lo que ocupaba el foro Calicanto era media casa.

La reivindicación del adobe aún está lejos, se requiere mucho amor y mucho dinero. El adobe, cuyo nombre proviene de la voz árabe al-tub, es un ladrillo crudo que se mezcla con hojas y paja para darle consistencia y que posteriormente se seca al sol. Su uso se extiende por todo el mundo, pues la tierra cruda es uno de los materiales de construcción al alcance de casi cualquier persona. 

Los abuelos mueren y los hijos y nietos no quieren esas casas de adobe, prefieren una cajita de cerillos construida en la orilla de la ciudad -donde matan y no entierran- que la casa donde fueron niños. Es en parte culpa de una cultura impulsada por los bancos que no otorgan préstamos hipotecarios sobre casas de adobe. Digamos que convences al banco de que te preste dinero, el problema no es el adobe, para un ejecutivo bancario la historia del adobe sólo es tierra, el problema de fondo es que estas casas están construidas en el Centro Histórico de la ciudad, hay turismo y venta, y el precio del metro cuadrado es el mismo de un lote comercial. En la colonia Obrera que no es tan céntrica ni comercial el metro cuadrado fluctúa alrededor de los $10,000.00, si ya juntaste tus dos millones de pesos para tu sueño de adobe, ahora suelta otros 600 mil para reparaciones, reparaciones que no cualquiera sabe hacer. El adobe no soporta el recubrimiento de cemento, debe hacerse con adobe y baba de nopal. El adobe bien techado dura siglos. Si los bancos creen que el adobe es una inversión efímera que volteen a ver Paquimé.

Es muy  triste pasear a los turistas y mostrarles nuestra indolencia frente a nuestro pasado, cada tres casas hay una casa de adobe a medio destruir, el antiguo acueducto colonial, ese que yo en un alarde imprudencia infantil cruzaba corriendo, se cae en ciertos sectores, como en la humildísima colonia Campesina, las vecindades de adobe, que podrían resolver parte de nuestros problemas habitacionales, son vistas con desdén y se dejan caer.

Espero una planeación urbana más responsable, que entienda que las casas no se pueden convertir en tapias y que las tapias son problemas urbanos, una planeación que rescate nuestro pasado de tierra y no extienda la mancha urbana hasta volver esta ciudad un lugar inhabitable.

Un programa de rehabilitación del centro que incluya créditos pagables para vivienda de adobe es un sueño que muchos hemos soñado.

Yo quería hablar del nuevo presidencialismo, del temor a ser opacado por una figura eficiente y socialmente aceptada como Marcelo Ebrard, del peligro que Morena postule a Javier Corral a la Presidencia de la República, Félix Salgado Macedonio ya se me hace un mal menor, pero como quiero mucho mi vida y amo a mi familia, dejemos estos temas a otras personas, yo prefiero hablar de algo que nos hace muy chihuahuenses y que siempre llevamos en el corazón, aquella casa de adobe donde corrimos de niños y que hoy queremos recuperar.