Opinion

De política y cosas peores

‘Siempre tendréis pobres entre vosotros’

Catón
miércoles, 26 junio 2019 | 05:00

Ciudad de México.- El cliente le preguntó a la sexoservidora: "¿Conoces bien tu oficio?". Respondió ella: "Al revés y al derecho". "Muy bien -dijo el sujeto-. Lo haremos al revés". (No le entendí). Don Languidio Pitocáido, señor de edad madura, casó con Pomponona, que vivía sus mejores años y era propietaria de ubérrimos atributos físicos tanto en la parte norte como en la comarca sur. Al día siguiente de las bodas la mamá de la novia la llamó por teléfono a fin de saber cómo le había ido en la noche nupcial. "Fue un sueño" -manifestó Pomponona. "¿De veras?" -se admiró la señora. "Sí -confirmó la recién casada-. Se la pasó dormido". (Nota: dormido tanto en la parte norte como en la comarca sur). De la pobreza a la tragedia hay sólo un paso. De la riqueza a la tragedia también. Ricos y pobres por igual pueden rezar aquello de "en este valle de lágrimas". Pero a los pobres la tragedia los sigue con ferocidad mayor. El adjetivo que en seguida voy a emplear es un cliché, o sea un lugar común. Todos los adjetivos son un cliché, excepto los que usó López Velarde. Pero aunque el mío sea un cliché debo decir que esa fotografía es desgarradora. La imagen del hombre y su criaturita muertos, ahogados en el Río Bravo, constituye un doloroso testimonio de esa inmensa y continua tragedia, la migración. Desde que el mundo es mundo ha existido la pobreza, y seguirá existiendo mientras el mundo siga siendo el mundo. "Siempre tendréis pobres entre vosotros", dijo aquél que se hizo pobre para enriquecernos. Jamás habrá muros o guardias, ríos o mares, selvas o desiertos capaces de contener a los pobres que quieren una vida mejor para ellos y sus hijos, o que buscan librarse de la muerte que en su país los acecha. México ha pasado de ser país benefactor a ser país perseguidor. Con la maligna humedad filtrada por la frontera norte nos hemos vuelto de pronto una nación xenófoba, y estamos usando con los migrantes centroamericanos los mismos procedimientos que Trump usa contra los mexicanos. Lo peor es que eso no lo hacemos para proteger nuestro territorio, sino para salvaguardar el de los Estados Unidos, satisfacer al presidente yanqui y evitar sus amenazas. He aquí a la pobreza persiguiendo a la pobreza.  A eso nos condena la geografía. A eso nos condena la política. A eso nos condena la economía. "Siempre tendréis pobres entre vosotros". Aquel pequeño pueblo no era neoliberal, sino conservador. Tenía cinco mil almas y un poco más de cuerpos. Privaban en él las costumbres de antaño; el cura y el alcalde se dividían la tarea de mirar por el bien de la gente en esta vida y en la otra. Había delitos y pecados, claro, pero unos y otros era de poca monta -municipales, digamos- y se purgaban ya con unos días de detención en el calabozo de la cárcel pública, ya con un rosario de penitencia impuesta en el confesonario. Cierto día sucedió lo impensable: una casa de mala nota llegó a establecerse ahí. Aquello fue un escándalo. El párroco tronó desde el púlpito contra aquel lugar de perdición, camino seguro hacia el infierno. El periódico local, "La Voz del Mundo", apoyó el proyecto en sus editoriales: no se podía poner freno al progreso y la civilización. El alcalde, por su parte, se hizo pendejo. (En eso, decía, consiste el arte de gobernar). Las partes en conflicto acordaron hacer una consulta pública. Todos los hombres en edad de ejercer fueron convocados y se recabó el voto de cada uno. Los escrutadores hicieron el conteo de la votación y uno de ellos anunció el resultado: "A favor de que se ponga el congal: mil 500 votos. En contra de que el congal se ponga: dos votos". "¡Trampa! -gritó un sujeto-. ¡El cura votó dos veces!". FIN.    


MIRADOR.                 

Por Armando FUENTES AGUIRRE.   

Estoy triste.        

Vino la tormenta y arrancó el pino que crecía en mi jardín.     

Era joven el árbol, y era esbelto. Yo lo miraba desde la ventana y le hablaba cuando no había nadie cerca. "Eres hermoso -le decía-, y cuando crezcas serás más bello aún".          

No sé si me escuchaba -no sé si alguien me escucha-, pero sí sé que su verdor se hacía más verde cuando pasaba yo a su lado, y que en las tardes sus ramas se alargaban para que en mi sillón no diera el sol.      

Ahora el árbol ya no es árbol. Quise que lo pusiéramos otra vez en su lugar, pero el experto jardinero me dijo que el pino estaba muerto: separado de su raíz no tenía vida ya.     

Se lo llevaron en un camión que me pareció carroza funeraria. Miro por la ventana, y ahí donde había un árbol ahora no hay nada.      

Estoy triste. 

La vida, sin embargo, sigue viva. En el sitio del árbol plantaré otro árbol. Será un árbol niño. Le diré: "Eres hermoso, y cuando crezcas serás más bello aún". 

No hay tormenta que pueda arrancar mis esperanzas.      

¡Hasta mañana!... 


MANGANITAS. 

Por AFA. 

". Un hombre se tragó una bala.".          

Por mi parte -no sé usted-    

le pediré entre protestas       

que se ponga con las éstas   

volteadas a la pared.