Opinion

De política y cosas peores

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Catón

lunes, 13 enero 2020 | 05:00

Ciudad de México– Gansatole. Tal es el combustible usado por López Obrador en su gobierno. Con gansatole mantiene encendida la esperanza de la gente. Palabras en abundancia y promesas incumplidas le sirven al Presidente para dar la impresión de movimiento aunque ninguna obra visible dé concreción a su locuacidad de cada día y a su incesante prometer. Ahora nos anuncia la atención médica gratuita para todos los mexicanos, independientemente de su condición social. Tal parece que el actual régimen cree que legislar equivale a hacer, y que la realidad puede transformarse por decreto: bastará un Fiat lux para que el país quede iluminado; sólo se necesita decir "Hágase" para que las cosas se hagan. Mientras tanto la situación se va deteriorando, y no a paso lento sino veloz. En lo que hace a la salud, por ejemplo, estábamos mejor cuando estábamos peor. El Seguro Popular fue suprimido de un plumazo -de pluma de ganso, por supuesto-, siendo que a pesar de sus fallas y carencias beneficiaba a millones de mexicanos. En su lugar se inventó un Instituto de Salud para el Bienestar que hoy por hoy es un almodrote improvisado, nacido del mero prurito de no dejar ningún resto de los gobiernos anteriores. Destruir es muy fácil: las coces que da el poder mal dirigido suelen ser muy contundentes. Lo difícil es construir bien, de manera eficaz y duradera, siguiendo un plan razonable y razonado y sujetando las acciones a un programa que haga de las instituciones instrumentos de verdadero beneficio para la comunidad y no elementos de propaganda demagógica. ¿Atención médica gratuita para todos? A fin de lograr eso se necesitan recursos y organización. Ni una cosa ni la otra está aplicando AMLO al renglón de la salud. Y con gansatole las cosas no se mueven. Hay tres palabras que un hombre odia oír de una mujer en el momento del acto del amor. Esas palabras son: "¿Ya está ahí?". Y hay tres palabras que una mujer odia oír de un hombre en el momento del acto del amor. Esas palabra son: "Ya llegué, querida". "No me gusta nada el aspecto de su esposa" -le dijo el ginecólogo a don Chinguetas después de revisar a la señora. "Bueno, doctor -se molestó el marido-. El que usted le ve no es precisamente su mejor ángulo". Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, relató en la merienda de los jueves: "Ya estaba yo harta de hacer el amor con un hombre panzón, de modo que inscribí a mi esposo en un gimnasio. Ahora mientras él está en el gimnasio viene a mi casa un hombre que no está panzón y hago el amor con él". Conocemos bien a Astatrasio Garrajarra: es un ebrio consuetudinario. Su anciana madre lo amonestó con cariñosa solicitud: "Hijo mío: el vino no te sienta". "¡Cómo no, mamá! -opuso el temulento-. ¡Hasta me acuesta!". ¿Cuándo supo Pinocho que estaba hecho de madera? Cuando su mano empezó a humear. En el bar un tipo le preguntó con voz untuosa a una muchacha que no llevaba anillo de casada al dedo: "¿Cómo es que una linda chica como tú sigue soltera?". "No sé -respondió ella-. Ha de ser mi buena suerte". Los sobrinos de Himenia Camafría le pidieron que les hablara del tiempo en que fue joven. Contestó la madura célibe: "No me gusta hablar de mi juventud". "¡Ah, tía! -le dijo, travieso, uno de los chicos-. ¡Qué harías que no te quieres acordar!". Replicó Himenia, hosca: "No hice absolutamente nada. Por eso no me gusta hablar de mi juventud". El señor y su esposa estaban platicando. Comentó él: "Mi compadre Pitorrango es un consumado seductor. Tiene tanta labia, tanto poder de convicción, que siempre las mujeres acaban rogándole que les haga el amor". Declaró muy digna la señora: "Yo nunca he tenido que rogarle". FIN.

MIRADOR.

Por Armando FUENTES AGUIRRE.

Malbéne -"teólogo sin teología", se describe a sí mismo- publicó en el último número de Iter un artículo de nombre polémico. Se llama: "Cerca de Dios. Lejos de los hombres de Dios".

El maestro lovaniense alude en su texto a quienes por frecuentar los ritos religiosos se sienten amigos personales del Señor, e incluso sus representantes. Tal sentimiento, escribe Malbéne, es una de las peores formas que asume la soberbia, aquélla en que la religión conduce a la vanagloria.

"Hombre de Dios", se dice de algunos profesionales de la religión. La verdad es que todos los hombres, aun los peores, somos de Dios. Eso escribe Malbéne. Y añade: "El conocimiento de Dios debe llevar a la humildad. Si lleva a la soberbia Dios se ausenta y el hombre queda a solas con su soberbia, esto es decir que queda a solas con su necedad".

Desde luego las palabras de ese "teólogo sin teología" molestarán a quienes piensan que son objeto de la predilección del Padre. "Dios nos guarde -concluye Malbéne- de quienes se sienten más cerca de Dios que sus hermanos. Eso los aleja de sus hermanos. Y también los aleja de Dios".

¡Hasta mañana!... 

MANGANITAS.

Por AFA.

"Casi seguramente Trump se reelegirá"

Si se da la reelección

y otra vez gana el villano,

el Gobierno mexicano

no cambiará de patrón.