Opinion

De política y cosas peores

.

Catón

jueves, 11 junio 2020 | 05:00

Ciudad de México.- Noche de bodas. El recién casado se sorprendió al ver en el busto de su flamante mujercita un letrero: "100 pesos", otro en las pompas: "500 pesos" y uno más en la región del pubis: "Mil   pesos". Le dijo a su dulcinea: "Ahora ya no me cabe ninguna duda, Avidia: te casaste conmigo por dinero". Batman habló, preocupado, con su compañero: "Tenemos que hacer algo, Robin. La gente empieza a murmurar acerca de nuestra relación". Doña Macalota regresó a su casa antes de lo esperado -la junta del club de jardinería se acortó bastante, pues los arreglos que se presentaron fueron virtuales- y sorprendió a su casquivano marido, don Chinguetas, en trance de fornicación con la joven y linda criadita de la casa. Al ver tal cosa la señora prorrumpió en justificadas invectivas contra su liviano cónyuge. Le gritó en un solo golpe de voz: "¡Canallainfamemiserablebribónvil!". "Repórtate, mujer -la amonestó don Chinguetas sin perder la calma-. Los conflictos de pareja no deben tratarse en presencia de la servidumbre". Pocas veces la política mexicana ha alcanzado un nivel tan pedestre como en estos tiempos. El tema de la Boa, deleznable por su propia naturaleza, es un sainete indigno de formar parte de la agenda pública. Y sin embargo López Obrador le dio importancia de asunto de Estado a ese panfleto anónimo, espurio a todas luces y cuyo solo nombre se prestaba de sí solo a la chocarrería. O el presidente ha perdido la dimensión verdadera de las cosas por temor o por preocupación, o busca hacerse -otra vez- víctima de uno de sus manidos "complós" a fin de allegarse simpatías y apoyos entre su clientela. La 4T ha hecho que se rebaje la calidad del debate político en México. Desde luego nuestra vida pública nunca ha tenido categoría de excelsa, pero ahora se mueve en un nivel muy pobre, casi aldeano. Sintamos pena -o sea vergüenza- por chungas como ésta. Sintamos pena -o sea sentimiento de pesar- por nuestro país. La abuelita le dijo a su nieta: "En mis tiempos las jóvenes nos acostábamos a las 8 de la noche. ¿A qué hora se acuestan ustedes, las chicas modernas?". "A las 11, abuela - respondió la muchacha-, para estar de regreso en la casa a la una de la mañana". El encargado del censo le preguntó a Himena Camafría, madura señorita soltera: "¿Podría decirme cuántos años tiene?". Declaró ella con un mohín de coquetería: "38 abriles". Volvió a inquirir el muchacho: "¿Podría decirme ahora cuántos mayos, junios, julios, agostos y septiembres tiene?". Babalucas consiguió por fin que Flordelicia, hermosa chica, accediera a ir con él al Ensalivadero, romántico paraje, y solitario, al que suelen acudir por la noche las parejitas en estatus húmedo. Ya en el asiento de atrás del automóvil ella le preguntó: "¿Vas a usar alguna protección?". "Claro que sí" -respondió el badulaque. Y les puso el seguro a las puertas. Usurino Matatías, hombre avaro que en su vida no conoció más afán que el de atesorar riquezas, cerró la tienda para siempre. Ése es un eufemismo para no decir que se murió. ¡Infeliz! Cometió la suprema estupidez de vivir como pobre para morir como rico. No gastó, y sus ahorros los gastaron otros. El caso es que antes de morir dejó dicho que en su féretro le pusieran un millón de pesos, pues no quería irse al otro mundo sin dinero. "¡Pobrecito! -se condolió su viuda-. Pónganle en el cajón un cheque y que lo cambie allá". Decía una señora: "Mi esposo actúa conmigo igual que con la caminadora donde hace ejercicio: puja, se agita, jadea, suda, se esfuerza, pero nunca llega a ningún lado". "Ahí no, hijo -aleccionó Drácula a su primogénito, inclinado sobre la doncella-. Donde se debe chupar es en el cuello". FIN.

         

MIRADOR.

Por Armando FUENTES AGUIRRE.

Dicen los sabios que los astros, al rodar por la infinitud del universo, producen un fragor como el de mil millones de locomotoras. Más aún: como el de mil millones de millones de rayos que estallaran todos al mismo tiempo y que nunca dejaran de estallar.

Los poetas y filósofos, en cambio, niegan tal estruendo y hablan de "la música de las esferas".

Sin ofender la sabiduría de los sabios yo me inclino por la segunda teoría. Pienso que las estrellas cantan en el cielo igual que las ballenas en el mar. Sus canciones son de amor, naturalmente. Ése es el tema de todas las canciones, sean de Schubert o de Lara. Se canta para decir: "Te amo" o para decir: "¿Por qué no me amas?". Ésos son los únicos dos temas. 

Yo no he oído la música de las esferas, pa' qué voy a decir. He escuchado las canciones de Schubert y de Lara, pero las de las estrellas no. Sé, sin embargo, que alguna vez las oiré. 

Sabré entonces que estoy en el amor.

Para eso hemos sido hechos.

Para estar en el amor. 

Para ser en el Amor.

¡Hasta mañana!... 

MANGANITAS,

Por AFA.

". La Boa.".

 Ahora la Mañanera,

con nombre tan singular,

seguro se va a cambiar,

y será la Santanera.