Opinion
Ya es momento

Defender a la patria

.

Kenya Durán Valdez

viernes, 05 agosto 2022 | 05:00

“Honor, Valor, Lealtad”

Lema de la Fuerza Aérea Mexicana. 

He estado tratando de estructurar un artículo dedicado al Ejército Mexicano. Por muy diversas razones. Comienzo platicándoles, algo que casi nadie sabe: cuando yo tenía 17 años de edad, quería ser soldado, investigué un poco, fui al cuartel cercano a mi casa (por la calle Ernesto Talavera) y no me lo permitían “por ser mujer”; me ofrecían estudiar para enfermera militar, pero les explicaba que yo quería ser “soldado raso” y llegar a ser “general”. Ese era mi argumento a esa edad. Pero no obtuve respuesta positiva. Otra razón, es porque el Ejército, es y sigue siendo, la Institución más noble que tiene nuestro país. Y la más importante: considero que en la actualidad, no se le está dando el valor, estima, respeto, reconocimiento y lugar, que el Ejército merece.

En el artículo de hoy, abordaré algunos tópicos que considero interesantes, que nos den una perspectiva más adecuada de lo que representan en México nuestras fuerzas armadas.

Antes que nada, debo agradecer, -aunque por discreción no menciono su nombre-, a la persona que me proporcionó alguna información, para tratar de ser lo más objetiva posible en mis aseveraciones de este editorial. Aprecio su gran colaboración.

La Secretaría de la Defensa Nacional, sustenta su actuación en los principios de la libertad, autonomía y justicia social".

Tiene como misión: “Organizar, administrar y preparar al Ejército y la Fuerza Aérea Mexicanos, con objeto de defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación; garantizar la seguridad interior y coadyuvar con el desarrollo nacional”.

De conformidad con su Ley Orgánica, el Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, son instituciones armadas permanentes que tienen las misiones generales siguientes:

I. Defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación;

II. Garantizar la seguridad interior;

III. Auxiliar a la población civil en casos de necesidades públicas;

IV. Realizar acciones cívicas y obras sociales que tiendan al progreso del país; y

V. En caso de desastre prestar ayuda para el mantenimiento del orden, auxilio de las personas y sus bienes y la reconstrucción de las zonas afectadas.

No ahondaré más en las cuestiones legales o teóricas de lo que es el ejército; solo lo menciono para comprender con ello, la gran responsabilidad que llevan a cuestas las fuerzas armadas de nuestro país.

Hacia el interior, los liderazgos del ejército, están tratando de fortalecer a sus soldados; de motivarlos y de no permitir que se desanimen o confundan por lo que se difunde a través de redes sociales. No deben permitir que la propaganda política penetre en su adiestramiento, e influya en su actuación. Les hacen saber lo importante que son para la sociedad a la que sirven. Les hacen sentir el apoyo y respaldo que la ciudadanía en general les expresa. Les hacen notar el nivel de respeto con el que cuentan, no sólo al interior de la Institución, sino sobre todo, al exterior.

El ejército, se siente orgulloso de participar en actividades disímbolas, en beneficio social. Como, por ejemplo, consolidar la estructura hospitalaria con que cuentan; han incluso construido albergues o dormitorios para los familiares que tienen un enfermo en alguno de ellos.

El ejército ejerce el presupuesto anual asignado, sin sobrepasarlo. El cual asciende a poco más de 58 mil millones de pesos; ya contando a la Marina, sube a alrededor de los 90 mil millones anuales. Es lo autorizado y se sujeta a ello. Contrario a otras secretarías que ejercen incluso más del doble de lo estipulado.

En la Sedena, cuentan con un parque vehicular de la misma marca; capacita a los choferes para el cuidado óptimo de la unidad y cuenta con sus propios mecánicos, para darles mantenimiento; para que duren al menos 15 años; es el propio ejército, quien se ocupa de la pintura, a razón de máximo 3 mil pesos por unidad, a diferencia de otras instancias gubernamentales que han gastado hasta 42 mil en pintar o rotular con sus logotipos los vehículos oficiales.

Vestir un soldado cuesta alrededor de 2 mil pesos; considerando su uniforme, botas, gorra, cinturón y accesorios. Sólo por hacer un leve comparativo: uniformar un marino cuesta 10 mil pesos. Y, en cuanto a las armas: la de un marino cuesta 30 mil pesos, en tanto que la de un soldado tiene un costo aproximado de 8 mil pesos. Es decir, el ejército, busca la manera de eficientar el recurso recibido.

El ejército, como ya lo sabemos todos, colabora en labores de rescate en caso de siniestros o desastres naturales. Siempre con buenos resultados. Procurando evitar en lo posible, las pérdidas humanas. Están entrenados para ello. La gente les aplaude y reconoce esa gran labor altruista que efectúan.

Con respecto a la construcción de edificios; si bien es cierto que se les ha encargado los Bancos del Bienestar y se encargan de las construcciones internas, como son: cuarteles, albergues, viviendas para los propios soldados, etc.; en lo referente a la construcción del Tren Maya y del Aeropuerto; son grandes obras de este gobierno, -muy criticadas y polémicas-; sin embargo, desde el punto de vista de la Institución, hacen la aclaración de que no es como se maneja por muchos, en el sentido de que “traen a los soldados como albañiles”; sino que, se trata de obras encargadas a Ingenieros Militares, con formación, capacitación y educación formal, para llevar a cabo la planeación y coordinación de las obras. Que son los encargados de contratar civiles para la ejecución; tanto a arquitectos, albañiles, maquinaria, etc., para materializar la obra. Con la ventaja de que, por su compromiso institucional, entregan las obras en tiempo y forma y se ajustan al presupuesto.

El propio ejército critica, que las obras que se encargan a constructoras privadas, no son entregadas a tiempo, no cumplen con las condiciones, se exceden del presupuesto establecido, incluso ha habido casos en que se declaran en quiebra, para no cumplirle al gobierno la encomienda.

Por ello se sienten orgullosos de haber terminado en menos de 3 años el aeropuerto Felipe Ángeles y que haya iniciado operaciones. Comparando con el Benito Juárez, que según refieren, tardó 10 años en consolidar su funcionamiento.

Otro aspecto importante que debo abordar, es lo relativo a la sujeción o supeditación que se ha mencionado o afirmado que existe por parte del ejército con respecto al crimen organizado. Nada más alejado de la realidad. El ejército debe actuar con prontitud. Apegados a la normatividad, específicamente a la Ley del Uso de la Fuerza y repeler cualquier agresión o situación que les ponga en peligro. Su respuesta debe ser: oportuna, legal y proporcional al ataque.

No tienen indicaciones de contravenir al crimen a través de “abrazos, no balazos”, como lo ha dicho en repetidas ocasiones el presidente. Por el contrario, continúan en la lucha permanente contra todo aquello que ponga en riesgo a la sociedad, defienden nuestra soberanía, protegen nuestra integridad y sobre todo, tratan de salvaguardar a los jóvenes, que son los que principalmente caen en la tentación de lo que las organizaciones delincuenciales les ofrecen.

Por otra parte, y ya para finalizar, les comentaré que, la propia Sedena y Marina, participaron en la propuesta original para la creación de la Guardia Nacional. Misma que estaría supeditada al mando de la propia Sedena; es decir, se ampliarían sus facultades para ocuparse de: Fuerza Aérea, Ejército y GN. Sin embargo, en un afán por no militarizar al país, al momento de someter a consideración del Congreso de la Unión, la conformación de la GN, se decide por un mando civil; otorgándole el control al entonces Secretario de Seguridad Pública Federal, Alfonso Durazo, quien es político, más no conoce de estrategia, mandos y jerarquías, como los formados en la milicia. Esa decisión, cambio por completo lo planeado.

En mi siguiente artículo hablaré un poco más a fondo de la Guardia Nacional, que amerita toda una serie de comentarios, críticas y análisis.

Ya es momento…