Opinion
Periscopio

Del hambre crónica a las acciones de política

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Armando Sepúlveda Sáenz

miércoles, 09 noviembre 2022 | 05:00

El deceso de infantes por insuficiencia alimentaria, y que en sentido coloquial se atribuye a desnutrición (en sentido estricto se trata de inanición) suscita diferentes emociones, en  función de percepciones del concepto o de hipotéticos condicionantes: incredulidad, asombro, inconformidad.  

Como fenómeno social, en Chihuahua, se trata de “hambre crónica” y/o malnutrición generalizada y por sus efectos se le puede homologar a la hambruna. Fenómeno que puede definirse como la carencia grave de alimentos, que casi siempre afecta a la población en un área geográfica o un grupo significativo de personas. La consecuencia, generalmente, es la muerte por inanición de la población afectada, precedida por una grave desnutrición o malnutrición. La inanición es una condición patológica en la que la falta de consumo de alimentos amenaza o causa la muerte. 

Los seres humanos pueden morir por frío extremo en un lapso de horas; por sed después de unos cuantos días sin consumir agua; pero por privación de alimentos después de algunas semanas. El período de  subsistencia se determina por la condición biológica y las reservas calóricas del individuo.

Pero debe reconocerse que hay personas desnutridas y/o con escasas reservas al momento del período de hambruna o de privación de alimentos, esto es, se encontraban previamente amenazados por la inanición. En estas situaciones, son los niños menores de doce años quienes suelen ser los más vulnerables, en parte debido a que ya pueden estar malnutridos, y en parte porque tienen mayores requerimientos nutricionales que los adultos ya que están en pleno proceso de crecimiento.

Un adulto sano sometido a un período de inanición, y concluir éste en el límite de sus reservas, puede recuperarse por completo. En cambio los infantes sufren daños irreversibles. Entre ellos, graves daños a la capacidad mental.

Para superar la condición de desnutrición avanzada se requiere suministrar alimentos adecuados en una forma que puedan ser utilizados por la persona y tratar cualquier condición específica de manera apropiada. La realimentación se debe introducir en forma progresiva. En una región con privación alimentaria, la persona que sufre desnutrición moderada pero con pocos signos de inanición, a menudo se recuperará simplemente comiendo cualquier alimento que esté disponible al final de la hambruna.  En los casos graves de inanición quizás sea necesario el tratamiento personalizado y bajo supervisión médica. 

Los fenómenos de hambre crónica y la malnutrición generalizada, originada en la privación de alimentos, que afectan amplios núcleos de población, aunque usualmente no se les denomina hambruna, pueden deberse a otras causas, como por ejemplo: un aumento de la población del área, que es desproporcionada a la capacidad de producción, compra o adquisición insuficientes de alimentos; pobreza generalizada; grandes desigualdades; transporte o distribución ineficiente y desorganizada de los alimentos. Aunque en general no se aplique en estos casos el término hambruna, los efectos sufridos por las personas son los mismos.

La primera y más importante acción en los casos de referencia es suministrar y poner a disposición de las personas, alimentos para evitar la inanición y la malnutrición, para mantener el buen estado nutricional de quienes están bien nutridos y rehabilitar a aquéllos que se encuentran en estado de desnutrición. 

Sin embargo, si las condiciones que conducen al hambre crónica y malnutrición generalizada se presentan repetidamente indican que no existen las condiciones sociopolíticas para afrontar el problema. El hecho de su persistencia y su identificación por la sociedad, desvelan la ausencia de programas gubernamentales para atender la emergencia o su reiteración.  

Las autoridades necesitan obtener, transportar, almacenar en forma segura y finalmente distribuir, suficiente cantidad de alimentos para los habitantes de áreas que se encuentran amenazados por la inanición. Es importante suministrar alimentos que atiendan el gusto de los destinatarios y mostrar cómo prepararlos para que sean alimentos culturalmente aceptables.

Existen diferentes métodos para que los alimentos lleguen a las personas cuando se presenta el fenómeno adverso. Las decisiones se deben tomar mediante consulta en la localidad, con conocimiento de la situación y de las personas afectadas, y preferiblemente recabando la mejor información posible. En el caso local es necesario suministrar alimentos para enfrentar la contingencia. Dicha ayuda generalmente incluye la entrega directa de alimentos a las personas para que ellas mismas se ocupen de prepararlos. Ocasionalmente, en situaciones de emergencia muy graves, las unidades médicas que han admitido a personas gravemente malnutridas, la asistencia puede requerir alimentación en el mismo sitio por medio de comidas preparadas. 

Por todo ello se puede concluir que en tanto problema de salud pública, y en virtud de que el gobierno local cuenta con un sistema institucional cuyos brazos operativos alcanzan a la población afectada y prácticamente se encuentra permanentemente en contacto con ella, debe ser el sistema de salud controlado por la Secretaría de Salud del Gobierno del Estado la que identifique la población objetivo, determine la magnitud del reto, organice y canalice el esfuerzo sanitario y alimentario para paliar el problema en lo inmediato y enfrentar su presencia periódica en el futuro. Sin duda son acciones de política pública costosas pero imperiosas. La consciencia del problema  alcanza a todos los chihuahuenses y seguramente estarían dispuestos a contribuir a su instrumentación.