Opinion

Del irascible judaísmo vilipendiado

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Daniel García Monroy

domingo, 10 enero 2021 | 05:00

Hace ya más de un trío de lustros que decidí escribir un par de artículos sobre la historia del perenne y poco conocido conflicto judío-palestino de medio oriente, para que algo se supiera por estos lares de tan penosa, mortal y longeva guerra regional. Lo hice con base en textos de la ONU definitivos: las resoluciones 181 de 1947 y la 242 de 1967, más documentales videográficos de respetada  producción, y un par de libros de historia universal que desenterré de mi biblioteca y del Cidech. Reconozco lo reducido de mis fuentes, pero la dura verdad de ese memorable conflicto, que bien se puede resumir en: “El sufrido y migrante pueblo israelí moderno, engañó a los musulmanes de Palestina, para primero comprarles, luego arrebatarles “legalmente” y finalmente expulsarlos por las armas de sus casas y solares, con el malévolo propósito de quedarse con su territorio como botín de guerra”. Punto. Eso lo puedo seguir afirmando íntegramente de nueva cuenta hoy y siempre. 

Me sorprendió en aquellos primero años del siglo XXI, que hubiese judíos-mexicanos que me leyeran (se agradece); pero lo que de verdad me dejó perplejo fue la reacción en internet de un grupo acompasado de esos supervinientes, que me tildaron de ¡Antisemita! Jesús de Veracruz. Yo que en mi vida he conocido, ni siquiera platicado, con un buen creyente judío de kipá en cabeza, circuncisión operada y barba triangular incontenible. Yo que he leído, releído, y sido influenciado desde niño protestante, por su bíblico Antiguo Testamento, con el Pentateuco incluido. A mí que siempre me ha dolido el holocausto contra esa raza-religión, ejecutado por el abominable nazismo-hitleriano-alemán; me convertí de pronto en enemigo de los judíos por escribir con datos duros y palmarios, desde mi lejana e imparcial óptica, parte de su historia moderna, sin siquiera tocar al oscuro sionismo-multimillonario-conspirativo. Vaya pues. No hubo razones ni respuestas a mi nimio crítico escrito, con fundamentos históricos reales, para contrarrestar algo de la beligerante y abusiva invasión israelita a su supuesta “tierra prometida”. Sólo el estigma de su irascible animadversión, de alguna discriminatoria forma parecida a la que sufrieron en 1943, en el gueto de Varsovia, sus venerables antepasados. --Espero que el vengativo y eficiente policiaco “Mossad”, no me ubique por mi mexicana libertad de expresión--.   

Pasado el tiempo, conociendo y leyendo más y más interesantes libros, descubrí una línea del conocimiento filosófico-historicista (hasta pragmático), que ha arremetido brutalmente desde hace siglos contra el pueblo judío y todo su significante de bíblica palabra predicada en las naciones de occidente. Una línea, esa sí,  reclamablemente antisemita, que puede ser diagramada en sus puntos más finos y categóricos: de Voltaire a Spinoza a Schopenhauer a Marx a Freud a Nietzche. Con un valor de análisis prácticamente insuperable, por la inteligencia y capacidad de estudio científico de esos magistrales cerebros: todos maestros filósofos de recomendable lectura.

Una pequeña muestra que ilumina la concepción racionalista anti-judía, puede observase en los siguientes párrafos por ellos escritos. Que cada buen amable lector los piense y valore con capacidad de espíritu libre, inteligencia responsable y  tolerante análisis laico-postmoderno. 

“Los judíos ese pueblo sacerdotal que no ha sabido tomar satisfacción de sus enemigos y dominadores, más que por una radical transvaloración de los valores, es decir por un acto de la más espiritual venganza… Han sido los judíos los que con una consecuencia lógica aterradora, se han atrevido a invertir la identificación aristocrática de los valores: bueno-noble-poderoso-bello-feliz-amado de Dios, y han mantenido hasta con  los dientes el odio más abismal, (el odio que nace de la impotencia) de esa inversión, a saber: ¡los miserables son los buenos; los pobres, los impotentes, los bajos son los únicos buenos; los que sufren, los indigentes, los enfermos, los deformes, son los únicos piadosos y los únicos benditos de Dios… Con los judíos comienza la mortal rebelión de los esclavos, esa rebelión que tiene tras de sí una historia bimilenaria, y que hoy nosotros hemos perdido de vista tan sólo porque ¡ha resultado vencedora!”. --Federico Nietzsche. (“Genealogía de la moral”-1887). 

“Pero un dios como ese Jehová, que por su capricho y ánimo alegre produce este mundo de miserias y de lamentaciones, y que aún se felicita y aplaude por ello, ¡esto es demasiado! Consideremos pues desde este punto de vista a la religión de los judíos como la más inferior entre las doctrinas religiosas de los pueblos civilizados, lo cual concuerda perfectamente con el hecho de que también es la única que en absoluto no tiene ninguna huella de inmortalidad”. --Arthur Schopenhauer (“Dolores del mundo”-1851).

“Nosotros creemos que en Egipto surgió el monoteísmo como una consecuencia del imperialismo. Dios era reflejo de los ilimitados poderes del Faraón. Entre los judíos, no era ciertamente favorable que se desarrollase la idea de un Dios exclusivo, y cabe preguntarse si de la pequeñez e impotencia de esa nación surgió el deseo de hacerse pasar por la preferida de un gran Señor… El insulto tan frecuente de llamar leprosos a los judíos, debe ser considerado como una proyección sicológica: se mantienen alejados de nosotros como si fuesen leprosos.” --Sigmund Freud (“Moisés y la religión monoteísta”-1939).