Opinion

Delirios y dramas de dos gobernantes en turno

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Mariela Castro Flores

sábado, 27 marzo 2021 | 05:00

“Soy la más interesada en que esto se resuelva cuanto antes”

Maru Campos Galván

El pasado día 25 ¡al fin! se llevó a cabo la audiencia de formulación de imputación a María Eugenia Campos en la que de manera amplia se le hizo saber de qué se le acusa, los elementos que existen con tal fin y su defensa, tuvo oportunidad de escuchar, prepararse y eventualmente, responder. En este asunto que se arrastra desde 2016, se ha creado una conciencia casi colectiva de actos de corrupción que tuvieron que ver con la nómina secreta, aunque esto aún no está determinado por tribunales, la alcaldesa con licencia en el imaginario de muchos ya es culpable y para otros tantos ha venido a representar, ella sola en su persona, el ejemplo de  la corrupción solapada y bien tolerada por la clase política por representar una práctica casi de su cotidianidad, es decir, ella recibía dinero pero no fue la única.

El dinero fluía y las motivaciones sobraban: participar y operar políticamente elecciones, desde el Congreso local votar a favor de lo que el titular del ejecutivo estatal en turno determinara (o sea, lo que la línea del gobernador dictara), operar el desvío de recursos públicos, etc. A propósito, a cualquiera de buena memoria no se le olvidan las alianzas estratégicas en las que Maru fue pieza clave para la aprobación del endeudamiento estatal por 30 mil millones al exgobernador Duarte, cuando ella era diputada local, así, también se concretó la entrega de la alcaldía de Chihuahua.

En este circo de lo absurdo, en el que el gobernador Corral opera a capricho sus berrinches revestido de una soberbia que no admite opinión, sugerencia ni crítica y que se pretende legitimar de cualquier clavo ardiente -declarado feministo, últimamente- en tanto, la candidata a la gubernatura se ha dejado guiar replicando tantos prejuicios y estereotipos de género posibles, como la revictimización al extremo en el afán de sembrar empatías o mostrarse como una “buena víctima” que no merece la caterva de injusticas que le están profiriendo, porque es mujer y no solo eso, es una buena mujer, como lo dice su imagen impoluta cuidada al extremo siempre vestida de colores suaves, ni un solo cabello fuera de lugar y su voz lastimera de la que tuvimos muestra una vez más, en el último video que subió a sus redes sociales curándose en salud.

En dicho material publicado en su fan page de Facebook, pronta afirma que “no se dejen engañar por, ya saben, rumores malintencionados” cuando es obvio que si se está abriendo un proceso penal o mínimo, fue citada a comparecer por supuestos actos de corrupción, esto desde luego que no es rumor; lo anterior en contraposición a su afirmación de estar cursando un proceso “plagado de inconsistencias y dudas” o sea, solicita no especular ni creer lo que se dice o se informa pero sí exige que a ella se le crea a pie juntillas. Acusa, además, a la Fiscalía de “fabricación de pruebas” sin presentar evidencia concreta de que así sea, digo, la sociedad tiene derecho a la verdad y al menos, a saber de fondo los motivos de la supuesta inquina que el gobernador le tiene, que es evidente, pero tratándose de figuras públicas que representan la máxima representación en el estado y el municipio, sus cuestiones o diferencias personales son políticas. 

Y justo en este asunto de tirarse al suelo para que la levanten, Maru ha caído en el absurdo de decirse “violentada políticamente” y en esta ocasión como lo ha venido diciendo de manera reiterada, se manifiesta “víctima de persecución política”.

Y como la comprensión de las disputas políticas, como cualquier fenómeno político-social, implica tener claros los límites de la interpretación, habría que decirlo en voz alta: la persecución política es un delito de lesa humanidad, que tiene base histórica en la persecución de grandes grupos -en un principio- por motivos religiosos y que en su evolución al paso de los tiempos, las persecuciones fueron (están) normalmente articuladas por las autoridades políticas de seguridad frente a grupos que son considerados una amenaza para la estabilidad estatal; así, luego de la segunda guerra mundial no dejó de pasar desapercibo el fenómeno y el derecho internacional dio cuenta de ello.

Así que, ¿de dónde se dice perseguida política la señora? Corral y ella tienen la misma agenda política, pertenecen al mismo partido, son ambos enemigos de los derechos de las mujeres, han utilizado el servicio público en su beneficio personal para garantizar sus carreras políticas, acuden a falacias interpretativas y manipulan la opinión pública desde sus puestos de poder, así que ¿de dónde se dice perseguida política? 

O como dicen en mi pueblo, perro no come carne de perro.

Lo que estamos viendo son berrinches de enormes dimensiones, donde ambas partes son políticos nefastos que abusan del poder que se les ha conferido e insultan la inteligencia de las personas y han incursionado en una suerte de escarnio para quienes de forma crítica y objetiva nos posicionamos o acudimos al análisis sobre su pleito personal que ha derivado en una tensión del todo antidemocrática, porque se ha pretendido insertar la idea de que si se señala a Maru en su corrupción y su agenda de ultraderecha, entonces se está respaldando a Corral o viceversa, que respaldar a Corral aún en toda su ineptitud y abusos del poder público, es respaldar a Maru.

Y que Maru sea debidamente juzgada por los tribunales por sus supuestos actos de corrupción y Corral, que lo juzgue la historia por su incompetencia, ego desmedido y despotismo, que hizo caer a Chihuahua en la violencia e ingobernabilidad.

Pero para las personas pensantes, el conflicto es obvio.

Ambos son ejemplo de lo más denostable de la clase política. 

@MarieLouSalomé