Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Desastre de Incalculable Valor: Palacio de Gobierno de Chihuahua (1941) (Conclusión)

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/ El general don Luis Terrazas Fuentes, fue Gobernador del estado de Chihuahua en varios periodos quien iniciaría las obras de construcción del Palacio de Gobierno en 1881 (Fototeca-INAH-Chihuahua).
/ Terrible incendio sufrió el Palacio de Gobierno en 1941 donde se perdió una gran parte del archivo histórico del estado de Chihuahua (Fototeca-APCUCh).
/ Sin palabras… (Fototeca-APCUCh).

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 13 junio 2021 | 05:00

Siguiendo con la conclusión de esta crónica y en alusión al periodista e historiador Lorenzo Arellano Shetelig, después del terrible incendio suscitado en el Palacio de Gobierno de Chihuahua el sábado 21 de junio de 1941 en donde se quemaron importantes documentos de la historia de nuestro terruño y donde quedó prácticamente destruido, el prolífico historiador chihuahuense quien ocupara un lugar preponderante en las letras chihuahuenses, seguía con su interesante reflexión sobre la tragedia sufrida en el edificio que representaba los tres poderes en el Estado: “Siempre me identifique –decía Arellano Schetelig- con el Palacio desde mi niñez, pues yo iba casi a diario. 

“No había rincón que no tuviese un recuerdo para mí; me sentía anonadado en la contemplación de tanta ruina, de tan grandes destrozos provocados por el desastre. El patio de honor del que guardo imborrables pasajes de cómo muchas veces lo vi de niño adornado lujosamente para los grandes eventos que ahí se ofrecían para las veladas y las fiestas escolares. Aparecía ahora ante mis ojos convertido en ruinas, su aspecto era triste, pavoroso y el contraste tremendo con el que ofrecían mis recuerdos que meras y que deleznables son las glorias de este mundo. El primer gobernante chihuahuense que tuvo la idea de construir un edificio adecuado para albergar los tres poderes del Estado fue el general don Ángel Trías, pero nunca lo comenzó. 

“Fue así el general don Luis Terrazas Fuentes quién siendo gobernador del Estado y aprovechando parte del producto obtenido de la venta de la concesión para el Ferrocarril Paso del Norte del Supremo Gobierno de la República por el licenciado don Laureano Muñoz, senador por Chihuahua, el cual cristalizó la idea y la puso en obra efectivamente en el informe rendido a la Cámara de Diputados el día primero de junio de 1881. El general Luis Terrazas decía entre otras cosas: “Como resultado del traspaso -se refería a la concesión- ingresaron a las arcas del estado $60 mil pesos de los cuales, $40 mil se conservan en riguroso depósito para invertirlo en el edificio que ha de servir de palacio de los poderes del Estado”. 

“El 21 de julio de 1881 se dio principio a la apertura de los cimientos. Previamente el general Terrazas convocaría a una junta para resolver quién debía de encargarse de las obras. A ella acudieron los ingenieros don Pedro Ignacio Irigoyen y don Enrique Esperón y cada uno de ellos presentó un proyecto con planos y presupuestos para el edificio. Se hizo un estudio y los dos proyectos se juntaron en uno solo, aceptándose casi en su totalidad lo proyectado por Irigoyen. Se nombró a dicho caballero director de las obras y a Esperón como ayudante. Se adoptó para el primer cuerpo del edificio el orden dórico (es el más antiguo y simple de los órdenes arquitectónicos clásicos, proveniente del pueblo dorio en Grecia), compuesto por Vignola con aplicaciones de estilo, Renacimiento moderno que resulta tan elegante en la cantera.

“Ya para concluirse el primer piso, por algún tiempo se había hecho cargo de las obras el ingeniero Esperón, pero poco después tomaría la dirección el ingeniero Irigoyen, dándole al segundo piso el “orden jónico” (éste es el segundo en sentido cronológico de los órdenes arquitectónicos clásicos que tuvo su origen en el siglo VI a. C. en la costa oeste de Asia Menor y en las islas Cícladas, archipiélago situado al sureste de Grecia en el mar Egeo). Este arte ostenta tanta belleza como el primero, sin que uno y otro cuerpo a pesar de la diversidad de sus estilos, desentone en el conjunto. Por otra parte, el primero de junio de 1885 el general don Carlos Fuero a la sazón Gobernador del Estado, decía en su informe a la Cámara de Diputados que a propósito de las obras de Palacio, que, a pesar de la escasez del erario, en pocos meses se había invertido en ellas $8 mil pesos y que, se había concluido la arquería y cornisas del primer piso y la escalera mayor y que, se había corrido ya la nivelación para la postura de las vigas. Finalmente el coronel don Lauro Carrillo en su informe del mes de junio de 1891, afirmaba que ya estaban concluidas las obras y que había comisionado al Secretario de gobierno el licenciado don Rafael Pimentel, para que comprara en Europa y Estados Unidos el mobiliario el 11 de septiembre de aquel año de 1891. 

“El coronel Carrillo como Gobernador del estado en ceremonia pública, colocaría la última piedra del majestuoso edificio, del hermosísimo y espléndido Palacio. Sin embargo, el retraso del embarque de los muebles contratados con los señores Hauser-Ziviy-Company pospondría la inauguración oficial y solemne la cual se pensaba hacer con toda la mano, efectuándose sino hasta el primero de junio de 1892. El costo total del edificio que en esos días (1941) no se haría por muchas veces la cifra de $388,139.10 pesos. En el primer año de la administración del coronel Miguel Ahumada de gratísima memoria para Chihuahua, se pagarían $21,355.52 que se debían del mobiliario. De estos y otros muchos detalles referentes a la construcción.

“La primera dificultad de los bomberos para maniobrar con los hidrantes o tomás de agua donde se suponía había presión, se encontraban en algunas encrucijadas citadinas, estaban muy lejos del palacio en llamas y cuando fue posible unir algunas malas mangueras hasta las tomas de agua al lugar incendiado, las mangas se rompían con la sola presión del agua que no era tanta, sin embargo, con dificultad los bomberos llegaban al segundo piso desde media calle trabajando afanosamente con baldes y cubetas, acarreando el agua con un tanque de riego y por fin, los vimos cruzarse de brazos y dinamitar el Palacio, destruyéndolo con pólvora para evitar se siguiera afectando por el fuego mientras llegaban las mangueras cedidas por la América Smelting que por esa ocasión, serían prestadas para sofocar el fuego el cual, fue vencido tan pronto como estas llegaron y fueron utilizadas.

Y así fue como se aprendieron muchas cosas en cuatro horas de dolorosa lección dado por el fuego en una tarde lluviosa. En primer lugar, los mejores edificios de Chihuahua, aquellos en que se guardaban riquezas históricas de la Provincia y que fueron en sí mismo páginas vivientes de nuestras efemérides y tradiciones no estaban protegidos con hidrantes que habrían de haber  prevenido su destrucción, además de maniobrar los bomberos en casos como éste, sino por el contrario, algunos hidrantes que antiguamente había en diversas esquinas fueron eliminados al pavimentar la ciudad; en segundo lugar, que el agua no tenía la presión suficiente para llegar a los altos edificios en caso de incendio y, que los bomberos carecían de máquinas adecuadas para proporcionar la presión necesaria.

En tercer lugar, el cuerpo de bomberos no contaba con las herramientas indispensables, como mangueras, escaleras, hachas de mano, extintores químicos, torres de maniobras, radio para órdenes. En cuarto lugar, la falta de organización en el mismo cuerpo para poder lograr cumplir su segunda misión después de la primera de sofocar el fuego, o sea, la de salvar muebles, enseres y papeles, pues tampoco disponían de útiles apropiados como cuerdas, redes, mantas, deslizadores, etc., habiéndose dado cuenta en el incendio, que los muebles serían arrojados sin ningún cuidado, siendo destruidos muchos de esa forma. Por último, el incendio ocurrió en pleno día en el centro de la ciudad, terminando con un edificio grande en cuatro horas en la capital del Estado, ciudad de importancia que llegaba a una población de 80,000 habitantes y en un Estado que contaba con un presupuesto anual de ocho millones de pesos.

“Ahora, bajo la terrible y dolorosa impresión que en mí ha causado la catástrofe que de la que me ocupo y en vísperas ya de decir nuevamente adiós a Chihuahua, escribo estos apuntes que son una elegía, lamentación amarguísima y sentida de mi corazón por los archivos que hemos perdido, archivos riquísimos de incalculable valor para nuestra historia y también a la destrucción del grandioso y elegantísimo edificio, ornato de la ciudad, vinculado a tantos y tantos momentos culminantes de la vida de Chihuahua durante los últimos años”. De esta manera terminaba su alusión a la destrucción del Palacio de Gobierno el periodista e historiador Lorenzo Arellano Shetelig en 1941.

Recuerde que el contenido de esta crónica es con fines de investigación, sin ánimo de lucro, por lo que no viola derechos de propiedad intelectual ni derechos conexos. Desastre de Incalculable Valor: Palacio de Gobierno de Chihuahua (1941), forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros. Además los libros sobre “Historia del Colegio Palmore (1880 a 1944), adquiéralos en Colegio Palmore. 

Fuentes:

Periodista e historiador Lorenzo Arellano Schetelig

violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh