Opinion

Desconfianza en México ahuyenta la inversión privada y extranjera

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Serafín Peralta Martínez

miércoles, 02 junio 2021 | 05:00

No ha sido casualidad que, por la falta de confianza, ante la incertidumbre y por el modelo estatista por el que conduce la economía mexicana el presidente López Obrador, la Inversión Extranjera Directa no fluya a nuestro país.

Cualquier profesionista con conocimientos básicos de economía, entendería que una economía capitalista, debe ofrecer oportunidades a todos por igual para participar en un mercado de libre competencia, donde los negocios de empresas micro, chicas, medianas o grandes, priven por igual.

Al presidente López Obrador le da pavor, el sólo pensar que empresas transnacionales, le propongan hacer negocios en el sector energético o en el sector de los hidrocarburos, por sólo hablar de dos sectores económicos, donde el Estado mantiene un control monopólico que pretende rescatar y cobijar con las leyes aprobadas (Ley Energética y Ley de Hidrocarburos) pero suspendidas, por diversos amparos que promovieron empresas nacionales y transnacionales que tienen negocios y se ven amenazadas de que el gobierno, les quite sus permisos, sus contratos o sus concesiones; de hecho muchas empresas en el sector de energías limpias ni siquiera les ha permitido iniciar operación y están tirados miles de millones de dólares de inversión muerta.

El presidente López Obrador, ha dicho hasta el cansancio que, de su gobierno para atrás, del expresidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), Ernesto Zedillo (1994-2000), Vicente Fox (2000-2006), Felipe Calderón (2006-2012) hasta Enrique Peña Nieto (2012-2018) todo este periodo de 30 años; en esos cinco sexenios, la economía mexicana se condujo bajo un modelo  llamado “Modelo Neoliberal” que le hizo mucho daño al país, porque los altos funcionarios de esos gobiernos, se coludieron en actos de corrupción con los empresarios, nacionales y transnacionales.

No vamos a cuestionar si tiene razón o no, en que, en aquel modelo de desarrollo se generó mucha corrupción, y si en su modelo de “economía estatizada” o “modelo de bienestar”, es mejor que el otro. En su caso, podríamos decir, que en el primero, sí estuvo atiborrado de corrupción y, en el modelo de AMLO, el esfuerzo en el ámbito federal, apenas se logran reflejar ciertos visos correctivos, pero imposibles de acabar, de tajo, con un fenómeno que su impunidad es permitida y tolerada por la propia ley, y por la propia autoridad responsable de aplicarla.

En una economía de mercado como la nuestra, requiere que el Estado o el gobierno, genere el incentivo o el marco de confianza para atraer inversiones de empresas extranjeras que se establezcan en México, en vez de que las ahuyenten. 

Ya estamos en el tercer año del gobierno del presidente López Obrador, y es hora que no termina de dividir a los mexicanos, todos los días descarga su odio a sus “adversarios y conservadores”: a los que no están con él o no simpatizan con su gobierno, son “adversarios y conservadores”; los analistas que lo critican, son “adversarios y conservadores”; los que son de otro partido distinto a Morena, son “adversarios y conservadores”; la clase media y la clase alta o adinerada, son “adversarios y conservadores”; pero, a los que de plano no puede ver y todos los días se los recuerda, es a la élite empresarial a los que no deja de calificarlos de “adversarios conservadores” y de “empresarios corruptos”.

De plano, el presidente, no quiere tener trato alguno con el sector empresarial porque para él todos, sin distingo, son “corruptos”. No se preocupa si puede necesitar de ese sector empresarial para que invierta y genere empresas y oportunidades de empleo. En pocas palabras, todos los días en sus “mañaneras” AMLO combate, como Sancho Panza, con el fantasma de su imaginación, viviendo en un mundo patético e irreal. El presidente debería unir al pueblo, no dividirlo. 

Tenemos en México, a un presidente que ha demostrado que no sabe nada de economía y el problema es que no se da cuenta, que simplemente que no sabe. Es hora de que termine de entender que el capitalista nacional y extranjero, requiere de un marco jurídico que le dé certeza y confianza para invertir en nuestro país.

En días pasado, en la Cámara de Diputados, se realizó un Foro Legislativo organizado por la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones (ANPACT) sobre “la Reactivación económica y la industria del autotransporte, Movilidad y Logística”, de cuya conclusión se desprende que hay más de 100 mil millones de dólares en proyectos productivos, que se encuentran esperando a ser trasladados de Asia a nuestro país: ¿Que espera el presidente López Obrador? 

Nada que le preocupe de la economía, el gobierno o el Estado se encargarán de generar empleos. AMLO no tiene prisa por abrir las puertas a la Inversión Extranjera, tampoco tiene prisa por revertir las leyes proteccionistas de energía e hidrocarburos; mucho menos  a favor de garantizar la certeza jurídica de la inversión de grandes capitales.

Si el presidente se preocupa por la clase desprotegida o de bajos salarios, que bueno, pero el bienestar de esa clase, y de toda la sociedad, sólo puede mantenerse con una economía de libre mercado más fuerte, con más inversión privada, con más empleos y con ingresos salariales más altos.